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Los versos de Fray Josepho
Poesía satírica
Acerca de
La identidad de Fray Josepho es un secreto celosamente guardado.
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Fray Josepho en...
Sindicación
 
Pronunciación homosexual
Si a mí me pronuncian “fray”,
con todas las de la ley,
¿por qué cuando escriben “gay”,
se empeñan en decir “guey”?

Por idéntico patrón
y le pese a quien le pese,
se podrá decir “serese”,
o pronunciar “mericón”.
Es tal degeneración
del mandamiento ortográfico,
que yo, clérigo seráfico,
no me presto al guirigay
y me aparto de esa grey,
pronunciando siempre “gay”
y jamás diciendo “guey”.

Pero soy un hombre solo
(quiero decir ‘solamente’);
y cuanto peor me siente
este prosódico dolo,
mucho más un tal Zerolo
—que nunca ha tenido novia—
me acusará de homofobia
y me dirá que nanay,
que desde el paria hasta el rey,
aunque yo me empeñe en “gay”,
los que entienden dicen “guey”.

Dicen “guey” y la boquita
se les pone de piñón,
igual que con “maricón”
con “loca” o con “monflorita”.
A mí, que soy cenobita
de los de doctrina recta,
su boquita no me afecta:
debe ser que no soy “guay”
y estoy por el Agnus Dei
más que por escribir “gay”
para luego decir “guey”.

Ser hombre de ingles gozosas
no es lo mismo, aunque lo es,
que ser ‘alegre’ en inglés,
(que tal es “gay” si lo glosas).
¡Señor del Cielo, qué cosas!...
¿Por qué tanto camuflaje
para lo que era “bardaje”
“fileno” o “ninfo”? ¡Caray!
Sólo les parece “okey”
el término yanqui “gay”,
siempre que pronuncies “guey”.
 
Soneto con euro y carcaj
Los artículos que publica en Libertad Digital Amando de Miguel, bajo el lema de “Errores y erratas” son todos tan estupendos como —felizmente— discutibles. El pasado día 14 salió uno titulado Lo que no son euros son puñetas. En él, don Amando hace unas consideraciones sobre el nombre de nuestra moneda. Y remata con este párrafo, que me permito copiar:

«Cuidado que resulta diáfano lo de “Lo que no son pesetas, son puñetas”. Traducido a euros, resulta un monstruo léxico. Para empezar, no hay ninguna palabra que rime con euro. Por lo menos, otra de muy difícil rima, carcaj, tiene una que le va: herraj. A ver quién es el majo que hace un soneto con euro y carcaj.»

Pues ahí va el soneto; además, con dos posibilidades para los tercetos:


Buscando alguna rima en -oj y en -aj,
en tozudo y febril contrarreloj,
pergeño este soneto a pedicoj,
haciendo mis neuronas casi herraj.

Pocos vocablos hallo en mi carcaj
(tallado, por supuesto, en duro boj):
me quedan, como mucho, troj, alioj
y, rebuscando más, quizá borraj.

No acierta en este caso don Amando,
pues, aunque escasas, hay rimas en jota,
y un consonante tengo para el euro:

se trata de un molusco lento y blando,
que acabo de adoptar como mascota,
y que se llama —pobre— el anfineuro.

(Segunda posibilidad para los tercetos:)

Poco a poco el soneto va acabando
y, con lo bien que riman las pesetas,
no encuentro consonante para el euro...

Tiene razón el docto don Amando:
“lo que no son pesetas son puñetas”,
y este parné de Europa es... puñeteuro.

 
Los encantos de Moscú
(El director del Instituto Balear de Turismo dimitió tras asumir “la responsabilidad del error” de cargar como gastos oficiales siete entradas al “Rasputín”, un club de alterne de Moscú, durante el viaje de una delegación del Gobierno balear que encabezaba el presidente, Jaume Matas)

Los inclementes fríos moscovitas
son tórridos según donde te metas;
y es que en el “Rasputín” los proxenetas
te ofrecen la mejor casa de citas.

En ella, esculturales señoritas
—eslavas de lascivas carnes prietas—
enseñan, desenvueltas, sus... facetas,
y te dan el calor que necesitas.

No vuelvas de Moscú sin ir de putas
con algunos cachondos compatriotas,
sin parientas, con vodka y sin corbatas...

Relájate y verás cómo disfrutas;
pero, eso sí, los gastos los anotas
y le pasas la cuenta a Jaume Matas.
 
Letrilla de la mier
Una ministra-mujer
(es decir, ministra-cuota)
por no decir palabrota
se quedó sólo en “la mier-”.

En zafiedad trajo Trillo
a las Cortes aires nuevos
cuando dijo “manda huevos”,
que es exabrupto sencillo.
Pero es frase de más brillo,
en boca de una mujer,
“el plan Galicia de mier-”.

Incluso hasta Labordeta
puede levantar ampollas
cuando un brusco “gilipollas”
al adversario le espeta.
No sé si fue cuchufleta,
pero hay que reconocer
que es mucho más fino “mier-”.

El taco es algo normal:
no hay un español tan ñoño
que no haya soltado un “coño”
(un “coño”, claro, verbal)...
Pero es más metrosexual
dejar, acaso, caer
tranquilamente “la mier-” .

La derecha intolerante
grita “cojones” y “mierda”;
por el contrario, la izquierda
hace gala de talante.
La progresía, elegante,
se atreve, a mucho atrever,
a musitar sólo “mier-”.

Los tacos no son noticia
ni merecen juicio crítico
si no los suelta un político.
Y, si es mujer, qué delicia
cuando sobre el Plan Galicia
deja al desgaire caer
que menudo plan de “mier-”.

Por no quedarme en ‘ni mu’,
quiero aportar algo yo:
“estoy hasta los cojó-”;
“que le den mucho por cu-”;
“me ca- en la le-”; “hijo de pu-”...
Ya está: ¿quién quiere escoger
alternativa a la “mier-”?