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Los versos de Fray Josepho
Poesía satírica
Acerca de
La identidad de Fray Josepho es un secreto celosamente guardado.
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Fray Josepho en...
Sindicación
 
Gregorio Peces-Barba


(Ovillejo con décima)

¿Quién nunca ha sido un tenorio?
Don Gregorio.

¿Quién es neutral pocas veces?
Peces.

¿Quién se sale de la parva?
Barba.

De erotismo algo enigmático
y de natural obeso,
antes presidió el Congreso
y, después, fue catedrático.
Sectario, torpe y apático,
mientras el pacto se larva,
en los principios escarba
de las víctimas de ETA,
por ver si se los agrieta,
don Gregorio Peces Barba.
 
El cineasta estatal


¡Qué suerte tengo! ¡Soy cineasta!
A los sociatas les doy jabón;
de Carmen Calvo soy entusiasta,
pues me da pasta
y promoción.

Me importa un bledo no hacer taquilla;
del vil mercado me encuentro a salvo:
porque dinero siempre se pilla
—¡qué maravilla!—
de Carmen Calvo.

Que Santa Carmen del Presupuesto
mi genio fílmico no lo malogre,
pues puntualmente me manifiesto,
grito y protesto...
¡porque soy progre!

Marcho con otros intelectuales,
titiriteros y saltimbanquis:
todos rebeldes profesionales,
muy radicales
¡contra los yanquis!

Odio a los yanquis por su dinero
y porque el público ve sus películas;
pues las taquillas que yo genero
—seré sincero—
¡son tan ridículas!...

Y es que la gente parece lerda,
pues no comprendo que se apoquine
por ver las gringas pelis de mierda,
y no mi cine,
¡cine de izquierda!

Yo necesito grandes platós,
focos, actores y vestuarios...
Y necesito, bien sabe Dios,
—acá inter nos
pingües salarios.

¡Cómo me gusta ser cineasta!
¡Ay, qué delicia! ¡Ay, qué ilusión!
Aunque mis filmes son una plasta,
cobro la pasta:
¡mi subvención!
 
Razones para haber declinado una invitación


(Altos representantes autorizados del Gobierno español se pusieron en contacto conmigo hace unas semanas para invitarme a participar en la campaña del referéndum de la Constitución europea. En este soneto explico las razones de haber rehusado tan amable invitación)

Es la Constitución un tocomocho
que perpetró Giscard, el ruin gabacho,
y a mí, para leérmela —qué empacho—,
me falta más de un mes, y si trasnocho.

Ya llevo varios días de eurotocho,
bregando con la prosa de despacho,
y, para ser sincero, ni borracho
puedo pasar la página dieciocho.

Y en lo poco que llevo, me hago un lío;
la leo entre tropiezos y entre atrancos:
será que lo de Europa no es lo mío...

¡Que informen Caffareles y Polancos,
que canten sus bondades Los del Río
y cuenten sus ventajas Los Morancos!
 
El chulo del barrio
Tan cursi en español como en batúa
—aunque con este último te atascas—
tu verbo de farfollas y hojarascas
más que escandalizar, nos extenúa.

Porque tu sonsonete continúa:
en logomaquias híspidas te enfrascas,
y apelando a los vascos (y a las vascas)
tu ambición de poder se perpetúa.

Dado que el bien común te importa un bledo,
como el chulo del barrio te comportas,
blandiendo tu quimera euskopaleta.

Y para enfatizar, nos metes miedo:
o tragamos tu plan, o va a haber tortas.
Y esas no las das tú: las da la ETA.
 
Enxiemplo de Caldera


(En ocasiones, a fray Josepho le asaltan unos extraños raptos, una suerte de enajenamientos misteriosos, durante los cuales se siente poseído por el espíritu de un fraile medieval, que le dicta en cuaderna vía unas peculiares historias del remoto pasado. Aunque no tienen nada que ver con la actualidad política, dejamos aquí constancia de una de estas composiciones, por su interés filológico y paranormal)

Si el Sennor Crïador, qu’en los Çielos impera,
me da fuerça et buen juiçio, de donosa manera
hodie voy a contarvos la hestoria verdadera
d’un curioso individuo cuio nombre es Caldera.

De la mui clara e noble tierra de Salamanca
(qu’en cultura e sapiençia non es coxa ni manca)
es natural Caldera —dígolo sin retranca—,
ca enna cibdad de Béjar su triste vida arranca.

Caldera semejaba ser un poco babieca;
fablaba commo acquel quien asó la manteca;
posedía una tiesta desangelada et hueca;
si confirmar queredes, id a la hemeroteca.

"Arrímate a los buenos, pillastre gallofero",
dixérale, de mozo, un sabio consexero...
E Caldera, ambiçioso, quiso ser el primero
en façerse compinche d’un tal don Çapatero.

E, junto a Çapatero, fuese a façer política:
en la diestra fachosa descargaba su crítica,
ca maguer era pobre su doctrina, e raquítica,
posedía faz reçia, peñascosa et granítica.

Rub Al-Kaaba, el taimado, fizo de pedagogo,
e Caldera tornóse bulldog, mastín e dogo:
mordía a la derecha con asaz desahogo...
¡Non había en Espanna nadie más demagogo!

E pasaron los días, las semanas, los meses...
Caldera defendía, leal, los intereses
del sennor Çapatero e de sus feligreses,
fasta con güebs infames, commo "Los genoveses".

Usaba, cual bellaco, la manipulaçión;
fazía torpes tretas desde la Oposiçión;
mostrábase bocaças, deslenguado e faltón:
¡quería de ministro sentarse en un sillón!

Nunqua se detenía ni afloxaba la rienda;
fasta en el Parlamento trampeaba este menda,
faziendo en documentos, con el Típex, enmienda...
¡Todo vale, en política, por ganar la contienda!

Siempre iba con pancarta, non importa el motivo;
otrosí en Salamanca defendía el archivo:
"Non se lo llevarán, mientras yo sea vivo"...
¡Tal se muestra el talante del ombre progresivo!

En un açiago día, acabando el ivierno,
después de lo de Atocha, mostruoso e vil infierno,
la manipulaçión llevólos al Gobierno...
¡Et la veraçidad ya les importa un cuerno!

Mas deben el Gobierno al siniestro Rovira,
marrullero e tortuoso, fijo de la mentira,
ca si non le obedesçen, su amparo les retira,
et el Gobierno, estonçes, seguida mientre, expira.

Empero están ençima; ya non están debajo,
e de los sus foçicos non sale spumarajo;
Caldera fue nombrado Ministro de Trabajo,
maguer de gobernar non entiende un carajo...

E quando la memoria la prensa le refresca
—tan crudel suele, en veçes, de ser la canallesca—
o se calla, o replica de manera asaz fresca,
o s’enreda en respuestas a guisa cantinflesca.

Agora, al contestar, s’altera e trastabilla,
ca su verbo de víbora ya non luçe ni brilla,
e su alta prepotençia, menoscabado, humilla:
¡de lo que fue Caldera quedóse en Calderilla!

Mas el fin de las trovas, sabet, ya nos alcança;
del cuitado Caldera non faré nueva chança...
Sacat d’aqueste enxiemplo provechosa ensennança:
¡de pancarta a poltrona hay mui grande mudança!