La piscina y el código
(Sonsoles Espinosa, esposa de José Luis Rodríguez Zapatero, ya no tendrá que acudir a la piscina de la Academia de la Guardia Civil de Valdemoro, ni tendrán que cerrar el polideportivo de dicha academia durante sus baños: Presidencia de Gobierno ha destinado 17.000 euros para acondicionar la piscina del complejo de la Moncloa. El expediente administrativo de las obras se aprobó sólo cuatro días después de que el Ejecutivo anunciara a bombo y platillo su “Código de Buen Gobierno”, que entre otras cosas predica austeridad para los altos cargos.)
En tanto José Luis está en la cama,
en dulce somnolencia matutina,
es Sonsoles sirena en la piscina
que le han hecho por ser Primera Dama.
Su cuerpo zambullido es amalgama
de feminista náyade y sardina,
de nereida sociata, progreondina
y Esther Williams, en fin, en cinerama.
No le molestará la Benemérita
en la castrense alberca, ya pretérita,
pues Zetapé, su amado, ha sido pródigo.
Que se vayan al diablo (o sea, al cuerno)
la moral, la mesura, el “buen gobierno”,
la austeridad, la ética y el código.
Siete segundos con Condoleezza
(Según las imágenes de televisión, durante una reunión con los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN, la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, con semblante serio, atendió a Miguel Ángel Moratinos apenas durante siete segundos, tras los cuales dejó prácticamente con la palabra en la boca al jefe de la diplomacia española para ir a saludar —esta vez sonriente y cordial— a otro colega)
Si te digo con ceta, ‘Condoleza’,
suena tu nombre a fronda entre la brisa;
y si, en inglés, pronuncio ‘Condolisa’,
mi vigor masculino se endereza.
Morenaza cabal y de una pieza;
mulataza que triunfa donde pisa;
deslumbrante marfil en la sonrisa
y evidente talento en la cabeza.
Me obsesionas, en fin, pantera bruna,
desenvuelta y bizarra trotamundos
de andares imperiales y felinos...
¡Quién tuviera a tu lado la fortuna
de poder disfrutar siete segundos
como los que otorgaste a Moratinos!
El juez estrella
(Soneto con estrambote)
Como conferenciante, eres fulastre;
como estampa mediática, siniestro;
como animal político, un cabestro;
como escritor de libros, un desastre.
Como rival dialéctico, un pillastre;
un pelmazo, sin más, como maestro;
como instructor de causas, poco diestro
y, en fin, como galán, para el arrastre.
No se te pudo ver como ministro,
pues Mister Equis, rostro de alabastro,
te pegó la patada en todo el fistro.
Has perdido, por tanto, ya su rastro.
Pero insistes, Garzón, en el registro
de ser, por vanidad, sólo un juezastro.
(Mas tampoco me arrastro,
si, tras tanta invectiva y cuchufleta,
alabo tu firmeza ante la ETA.)
Como conferenciante, eres fulastre;
como estampa mediática, siniestro;
como animal político, un cabestro;
como escritor de libros, un desastre.
Como rival dialéctico, un pillastre;
un pelmazo, sin más, como maestro;
como instructor de causas, poco diestro
y, en fin, como galán, para el arrastre.
No se te pudo ver como ministro,
pues Mister Equis, rostro de alabastro,
te pegó la patada en todo el fistro.
Has perdido, por tanto, ya su rastro.
Pero insistes, Garzón, en el registro
de ser, por vanidad, sólo un juezastro.
(Mas tampoco me arrastro,
si, tras tanta invectiva y cuchufleta,
alabo tu firmeza ante la ETA.)





