Víctor Manuel y su "Gran Hombre"
(La otra noche, a la salida de la cena homenaje a Santiago Carrillo, el cantante Víctor Manuel fue uno de los que acudió a ver cómo la grúa retiraba la estatua ecuestre de Franco. Declaró que no quería perderse “esta noche irrepetible”, y añadió que “a pesar de que son necesarias muchas decisiones de otra índole, la desaparición de ciertos símbolos, como éste, que no pinta ya nada aquí, también son muy importantes”. En La Linterna de la COPE, al día siguiente, César Vidal nos sorprendió con un documento sonoro impagable: una canción grabada en 1966, en el sello Belter, que lleva como título “Un gran hombre”, y que comienza con la voz de Franco en uno de sus discursos. Después vienen unos gorgoritos ditirámbicos al dictador, cantados por el mismo juglar asturiano que jaleaba la retirada de la estatua. Eran otros tiempos. Ahora el hijo del ferroviario ensalza a dictadores de distinto signo.)
Cantor de compromiso y de progreso,
rapsoda de las masas en la lucha,
al que la izquierda hispana siempre escucha
con unción solidaria y embeleso.
Cantante progresista (pero creso),
de talento escasito y voz no mucha,
y de musa algo anémica y pachucha
desde que se produjo aquel deceso.
¿Que qué deceso digo? El del Caudillo,
aquel que hasta los últimos resuellos
en España ejerció su caudillaje.
No pudo derrocarlo ni Carrillo
—el responsable atroz de Paracuellos—,
ni ningún asistente a su homenaje.
Y ahora viene este “guaje”
—permitan que me pasme y que me asombre—
a infamar, en efigie, a su “gran hombre”...
Mamíferos y mamones
(La última: ERC ha pedido que el 12 de octubre deje de ser la “Fiesta del Estado Español”)
Que aquí no diga nadie ni palabra,
que el silencio pastueño no se quiebre,
que cada cual acuda a su pesebre
(oveja, mulo, vaca, cerdo o cabra).
Que la caja del trueno no se abra,
que no vaya a saltar ninguna liebre,
que la vieja nación se desvertebre
o se esfume sin más. Abracadabra.
Que el Catalán su deuda se la cobre,
que el Vasco haga una Euskadi grande y libre
y que el doce se quite al mes de octubre.
Que ni un nacionalista viva pobre,
que el Ebro ya no brote allá en Fontibre
y que se quede España sólo en ubre.
Francisco Rubio Llorente
¿Quién para España es pedrisco?
Francisco.
¿Para la Nación, diluvio?
Rubio.
¿Y para el Reino, accidente?
Llorente.
Ni un año de Presidente
en el Consejo de Estado
y qué pronto la has cagado,
Francisco Rubio Llorente.
Francisco.
¿Para la Nación, diluvio?
Rubio.
¿Y para el Reino, accidente?
Llorente.
Ni un año de Presidente
en el Consejo de Estado
y qué pronto la has cagado,
Francisco Rubio Llorente.
El retorno de Mohamed VI
(El rey de Marruecos vino a Madrid para el aniversario de la matanza terrorista del 11-M)
Vuelve Mohamed a España,
como el monzón a Indochina,
igual que la golondrina
o el incendio a la montaña...
Vuelve como las cigüeñas
o las luces navideñas
(que a algunos tanto deprimen)...
Como al fango los gorrinos...
E igual que los asesinos
vuelven al lugar del crimen.
Vuelve Mohamed a España,
como el monzón a Indochina,
igual que la golondrina
o el incendio a la montaña...
Vuelve como las cigüeñas
o las luces navideñas
(que a algunos tanto deprimen)...
Como al fango los gorrinos...
E igual que los asesinos
vuelven al lugar del crimen.
Salpicaduras del poder
Una gota no más de mala baba
de la que en abundancia disemina
en sus alocuciones Rubalcaba
regaría la huerta alicantina,
murciana y almeriense. Y aun sobraba.
Una ración no más de mala leche
de la que que, disfrazada de talante,
salpica, retador y estomagante,
el lendakari Juan José Ibarreche,
colmaría las cuencas de Levante.
Una porción no más de pelotazos
de los que Maragall, voraz, trasiega,
en la región de Murcia y en su vega
no sé si excedería los ribazos,
pero para regar, de sobra llega.
En una exigua dosis del sirope
con el que Zetapé nos empalaga,
ya no sólo regar, es que naufraga
no Murcia: ¡España entera, con la COPE
y don César Vidal puesto a la zaga!
Qué trances, santo Dios, tan paradójicos...
¡Haber de soportar los españoles
siropes, babas, mala leche, alcoholes...
y que nieguen los planes hidrológicos
mientras le hacen piscinas a Sonsoles!
Vaselina
Si la corrupción rechina...
¡Vaselina!
Para que no haya psicosis,
para urdir el Estatuto,
para hacer nuestros negosis
(tanto neto, tanto bruto),
hay que aplicar una dosis
del ungüento más astuto:
la pomada pasqualina...
¡Vaselina!
Para hacer los presupuestos,
para conservar despachos,
para asegurar los puestos
de todos los amigachos
y mantenernos enhiestos,
no os acollonéis, muchachos,
y seguid bien la doctrina:
¡vaselina!
Para exaltar la nació
mientras acopiamos pelas;
para ejercer la inmersió
en todas nuestras escuelas;
para a Companys —o a Cambó—
poner en la tumba velas,
mientras el pueblo apoquina:
¡vaselina!
Para ver jugar al Barça
sentaditos en el palco
con toda nuestra comparsa;
para cometer desfalco
mientras prosigue la farsa,
ya lo he dicho —y lo recalco—,
hay que usar de la genuina
¡vaselina!
¡Silencio! ¡Pax catalana!
¡Que nadie hable del Carmelo!
¡Bailemos una sardana
mientras se hunde el subsuelo!
¡Que hay muy poquitita gana
de ir a la cárcel Modelo!
Chitón, pongamos sordina...
¡y echémosle vaselina!
Houla, quei tal amigou
(En la cumbre de la OTAN en Bruselas, Zp y Bush se dieron la mano y se saludaron durante cuatro segundos. El Presidente de EEUU dijo, en español: “Hola, ¿qué tal, amigo?”, y el líder hispano contestó: “Bien, ¿y tú?” Eso fue todo. Después, Zapatero declaró que había sido un encuentro cordial y que el intercambio de palabras era lo “razonable”)
Con Bush yo ya no litigo
después del “qué tal, amigo”.
Que el mismo George Bush me hable
y que me apriete la mano
con talante campechano
es un honor... razonable.
¿A quién molesta que entable
un diálogo conmigo
y diga “qué tal, amigo”?
Los dirigentes mundiales
—hoy aquí, mañana allí—
nos saludamos así,
simpáticos y joviales.
Pero hay tipos inmorales
que rabian cuando consigo
de Bush un “qué tal, amigo”.
Le contesté “bien, ¿y tú?”,
que es la respuesta de ley.
No añadí “biútiful dey”,
pues fue breve el interviú.
Después no dijo ni mu,
mas Tony Blair fue testigo,
y oyó aquel “qué tal, amigo”.
Mi mano apretó, simpático,
(tardaré mucho en lavarla)
y no me dio mucha charla
por el abismo idiomático.
Mi atractivo carismático
lo enamoró, ya les digo...
De ahí su “qué tal, amigo”.
Ya olvidó mi chiquillada
de sacar de Irak la tropa.
Ha venido a verme a Europa,
y aquí no ha pasado nada.
Es buen tipo, y no le agrada
recibir tanto castigo.
Por eso el “qué tal, amigo”.
Tenía cierto recelo
de que todo fuera mal,
pero su gesto cordial
rompió entre los dos el hielo.
Después de tanto desvelo
se ha abierto al fin el postigo
con ese “qué tal, amigo”.
Los novios, en ocasiones,
también tienen sus enojos,
pero al mirarse a los ojos
pasan las irritaciones.
A “quiero que me perdones
pues preciso estar contigo”
sonó su “qué tal, amigo”.
Verán cómo, poco a poco,
se va olvidando de Aznar
y ambos podremos gozar
de un amor ardiente y loco.
Yo sé que a George lo disloco
y a su cariño me obligo
después del “qué tal, amigo”.
Con Bush yo ya no litigo
después del “qué tal, amigo”.
Que el mismo George Bush me hable
y que me apriete la mano
con talante campechano
es un honor... razonable.
¿A quién molesta que entable
un diálogo conmigo
y diga “qué tal, amigo”?
Los dirigentes mundiales
—hoy aquí, mañana allí—
nos saludamos así,
simpáticos y joviales.
Pero hay tipos inmorales
que rabian cuando consigo
de Bush un “qué tal, amigo”.
Le contesté “bien, ¿y tú?”,
que es la respuesta de ley.
No añadí “biútiful dey”,
pues fue breve el interviú.
Después no dijo ni mu,
mas Tony Blair fue testigo,
y oyó aquel “qué tal, amigo”.
Mi mano apretó, simpático,
(tardaré mucho en lavarla)
y no me dio mucha charla
por el abismo idiomático.
Mi atractivo carismático
lo enamoró, ya les digo...
De ahí su “qué tal, amigo”.
Ya olvidó mi chiquillada
de sacar de Irak la tropa.
Ha venido a verme a Europa,
y aquí no ha pasado nada.
Es buen tipo, y no le agrada
recibir tanto castigo.
Por eso el “qué tal, amigo”.
Tenía cierto recelo
de que todo fuera mal,
pero su gesto cordial
rompió entre los dos el hielo.
Después de tanto desvelo
se ha abierto al fin el postigo
con ese “qué tal, amigo”.
Los novios, en ocasiones,
también tienen sus enojos,
pero al mirarse a los ojos
pasan las irritaciones.
A “quiero que me perdones
pues preciso estar contigo”
sonó su “qué tal, amigo”.
Verán cómo, poco a poco,
se va olvidando de Aznar
y ambos podremos gozar
de un amor ardiente y loco.
Yo sé que a George lo disloco
y a su cariño me obligo
después del “qué tal, amigo”.
El estilo político catalán
(Leer engolando las eles)
Si la bolsa no sona, cosa mala;
porque la pela, noi, siempre es la pela...
Lo malo es cuando sona a corruptela,
chanchullo, comisión y martingala.
No hay obra sin cohecho ni alcabala;
no hay concesión sin unto ni gabela...
Ha arraigado muy sólida la escuela
que, con su Time Export, fundara Sala.
La prensa catalana disimula
–no sé si por corrupta o por gandula–
y no quiere al poder tocarle un pelo.
Esto es el seny, amigos: un estilo.
Forrarse en catalán y con sigilo.
¡Y que le den al barrio del Carmelo!
Si la bolsa no sona, cosa mala;
porque la pela, noi, siempre es la pela...
Lo malo es cuando sona a corruptela,
chanchullo, comisión y martingala.
No hay obra sin cohecho ni alcabala;
no hay concesión sin unto ni gabela...
Ha arraigado muy sólida la escuela
que, con su Time Export, fundara Sala.
La prensa catalana disimula
–no sé si por corrupta o por gandula–
y no quiere al poder tocarle un pelo.
Esto es el seny, amigos: un estilo.
Forrarse en catalán y con sigilo.
¡Y que le den al barrio del Carmelo!





