logotipo

img_google
Los versos de Fray Josepho
Poesía satírica
Acerca de
La identidad de Fray Josepho es un secreto celosamente guardado.
Enlaces
Fray Josepho en...
Sindicación
 
La flauta trágica


(El domingo 17, cuando ya se conocía, varias horas antes, la muerte de once personas en el incendio de Guadalajara, que había alcanzado proporciones pavorosas, José Luis Rodríguez Zapatero asistía, junto con sus hijas y su esposa Sonsoles –gran aficionada a la música–, a la representación de “La flauta mágica” de Mozart, en versión de La Fura dels Baus. Según parece, el Presidente aplaudió entusiasmado, y en el descanso acudió al bar del teatro, donde departió sonriente con los espectadores que se le acercaron.)

Las imperiosas leyes de la lógica,
unidas al azar meteorológico
y al ancestral descuido antropológico,
causaron la catástrofe ecológica.

La realidad se torna paradójica;
y al rojiecologista demagógico
–que clamó contra aquel Plan Hidrológico–
le aparece la afasia patológica.

La izquierda moralmente es hemipléjica
y, en su sectaria práctica estratégica,
la ruina, si ella manda, nunca es trágica.

Y, aunque el fuego es horrendo y hemorrágico,
ya hablará Zetapé, tan verborrágico,
cuando acabe de ver “La flauta mágica”.
 
Por ahí, Zapatero


Por entrambos viriles adminículos,
por el par de gemelos compañones,
por los dúplices sacos pendulones
que, al aire, lucen burdos y ridículos…

Por los más masculinos dos artículos
con que natura dota a los varones…
En fin, para aclarar: por los cojones,
o, con más discreción, por los testículos.

Pues por esos avíos emblemáticos
que generan los jugos espermáticos
con los que el macho a procrear aspira,

por ahí, Zapatero, te sujeta
aquel que en Perpiñán pactó con ETA,
o sea, Josep Lluís Carod Rovira.
 
Lucía Etxebarría
(Palabras de la escritora Lucía Etxebarría: “Si fuera hombre, ya estaría en la Real Academia”)

Tu prosa es más narcótica que un porro;
tu estilo es blablabá de chichinabo;
en tus tediosos párrafos me trabo
cual si estuviera chispo de tintorro.

Tu obra es ideal para el modorro,
que se la duerme, en fin, de cabo a rabo.
Un libro tengo tuyo y, si lo acabo,
ingresaré en la casa de socorro.

Y ahora, sin la prueba de alcoholemia,
reclamas un sillón en la Academia,
que siempre hay uno o dos que están vacantes.

Tienes razón, ilustre juntaletras,
pues, pese a las novelas que perpetras,
al lado de Cebrián eres Cervantes.
 
Albertito el monegasco
Allá en los predios de Montecarlo,
como Rainiero se les ha muerto,
han coronado, para heredarlo,
a su hijo Alberto.

Aunque comparten hemoglobina,
pese a su poca masa encefálica,
pasa delante de Carolina,
por la ley sálica.

Ese minúsculo reino conciso
de cinco estrellas y tenedores
sigue sirviendo de paraíso
para evasores.

Un paraíso con un casino
de gente ociosa, cargante y necia
de donde es príncipe un lechuguino
con alopecia.

Mas me descubro –fuera chapó–
ante su bella madre, Grace Kelly,
de quien Rainiero se enamoró
por una peli.

Y se casaron príncipe y diva;
y luego vino la descendencia.
Ese fue el fallo en el que estriba
la decadencia.

De los tres hijos que concibieron,
dos fueron niñas –unos bombones–
pero la lástima es que salieron
algo pendones.

Príncipes, cómicas…: osados cruces
que no resultan ser un acierto,
pues salió un nene de pocas luces:
el tal Alberto.

Es un capullo y un metepatas,
pero no es buja –de esto me alegro–
porque le gustan las azafatas
de color negro.

El Albertito busca las faldas
con aire frívolo de tarambana,
pues no le privan los guardaespaldas,
como a su hermana.

Que alguien le diga que en la coyunda,
ya que se peca, hay que ser práctico:
que hasta el más tonto su órgano enfunda
con profiláctico.

¿Mas qué demonios hace en el COI
este Albertito, pijo y babieca,
que ya ni vale para play boy
de discoteca?
 
Josep Piqué


Con esa pinta tuya mortecina
y ese estilo veleta y y tornasol,
vas pidiendo perdón por español
y usando a grandes dosis vaselina.

¿Quieres ser un Pujol sin cafeína,
un Artur Mas sense colesterol,
un Pasqual Maragall baix en alcohol
o un Durán Lleida light y con sordina?

Y, ahora, en una radio catalana
le has sacudido a Acebes y a Zaplana,
porque, ante ciertos micros, te desmadras.

Le empiezas a gustar al Tripartito,
si bien tu electorado, a voz en grito,
reclama que regrese Vidal Quadras.