La vuelta a casa
Vuelven la propaganda, el artificio,
la bobada, el atrezo, la impostura,
el descaro, la jeta, la frescura,
el empalago, el tópico, el prejuicio.
Vuelven la negligencia, el estropicio,
la nada entre dos platos, la incultura,
el cuento, el descontrol, la cara dura,
el agrio sectarismo subrepticio.
Vuelven la insensatez de capirote,
el melindre, la imagen, el tupé,
el énfasis trivial, la altisonancia.
Y vuelve del reposo en Lanzarote
don José Luis Rodríguez Zetapé.
En fin, perdónenme la redundancia.
La existencia (entre paréntesis)
(Santiago Carrillo, en entrevista publicada en el diario El Mundo: “Yo no sabía ni que existía Paracuellos”)
Existen los parados (aunque es triste),
existe el parachoques (desde luego),
existe el paraíso (yo no llego)
y existe el paramecio (que no es chiste).
Existen paraguayas (las comiste),
existe el parasol (que es veraniego),
existe el paradigma (suena a griego)
y el río Paraná (también existe).
Existe el Parabellum (de la ETA),
existe el paradón (del guardameta)
y el paralís (que el vulgo así lo llama).
Y existen paradojas (que no pillo),
como que para el fósil (que es Carrillo)
no exista Paracuellos (del Jarama).
Existen los parados (aunque es triste),
existe el parachoques (desde luego),
existe el paraíso (yo no llego)
y existe el paramecio (que no es chiste).
Existen paraguayas (las comiste),
existe el parasol (que es veraniego),
existe el paradigma (suena a griego)
y el río Paraná (también existe).
Existe el Parabellum (de la ETA),
existe el paradón (del guardameta)
y el paralís (que el vulgo así lo llama).
Y existen paradojas (que no pillo),
como que para el fósil (que es Carrillo)
no exista Paracuellos (del Jarama).
¡Hasta ahí podríamos llegar!
(El Juzgado de Instrucción número 1 de Tarragona ha condenado a un padre y a su hijo a pagar una multa de 900 euros por insultar a unos agentes de los Mossos d'Esquadra y llamarlos “hijos de Carod”)
No entraré en altercado ni disputa
si me dices retoño de ramera,
heredero de vil hurgamandera,
de hetaira, meretriz o prostituta.
Di que mi madre es golfa o disoluta,
o, si prefieres, dile “una cualquiera”.
Dile rabiza, furcia o jinetera,
o táchame, sin más, de hijo de puta.
Llámame descendiente de buscona,
vástago, por qué no, de lagartona,
o impútale a mi padre anonimato.
Llámame, en fin, las cosas más infames,
pero “hijo de Carod” no me lo llames,
porque entonces, amigo, es que te mato.
No entraré en altercado ni disputa
si me dices retoño de ramera,
heredero de vil hurgamandera,
de hetaira, meretriz o prostituta.
Di que mi madre es golfa o disoluta,
o, si prefieres, dile “una cualquiera”.
Dile rabiza, furcia o jinetera,
o táchame, sin más, de hijo de puta.
Llámame descendiente de buscona,
vástago, por qué no, de lagartona,
o impútale a mi padre anonimato.
Llámame, en fin, las cosas más infames,
pero “hijo de Carod” no me lo llames,
porque entonces, amigo, es que te mato.
Canción del pirado
(Un grupo de radicales e independentistas catalanes, liderados por el diputado de ERC Joan Puig, que exhibía su credencial de parlamentario, asaltó la finca mallorquina de Pedro J. Ramírez, para denunciar una supuesta infracción de la Ley de Costas. Los asaltantes golpearon, escupieron e insultaron a los vigilantes jurados, a uno de los cuales agarraron por los testículos. Joan Puig y alguno de sus acompañantes se bañaron en la piscina antes de marcharse. Unos guardias civiles contemplaron los hechos sin intervenir)
Con quince meybas por banda,
poca ropa y pinta lela,
asaltaron –¡vaya tela!–,
no se sí ciegos de gin,
la casa de Pedrojota,
periodista conocido,
que se quedó sorprendido
en su inmueble mallorquín.
La pandilla va y se cuela,
bajo el ojo poco atento
de unos guardias y un sargento,
que, con proceder gandul,
del hecho se desentienden
(fresco está lo de Roquetas)
y contemplan, los muy jetas,
el hermoso mar azul.
«Vamos dentro a armar el lío,
sin rubor,
que nadie dirá ni pío.
Irrumpamos sin tandarza
y tomémonos venganza
contra el vil informador.
Entre insultos,
salivazos,
puñetazos,
puntapiés…,
le agarraron
mis matones
los cojones
a un guardés.»
Que es mi “meyba” mi tesoro,
que es mi Dios la brusquedad,
mi ley, el acto violento,
mi única patria, asaltar.
«Somos gente progresista,
Pedrojota,
y no hay nadie que resista
nuestro osado desafío.
Así que ya sabes, tío:
¡puedes ir tomando nota!
Al Estado
pongo en jaque,
con mi ataque
radical.
Soy en Cortes
diputado
y he llevado
credencial.»
Que es mi “meyba” mi tesoro,
que es mi Dios la brusquedad,
mi ley, el acto violento,
mi única patria, asaltar.
«Contentos y cantarines,
remojamos
nuestros fofos michelines
en la piscina asaltada.
Y, tras echar la meada,
cogemos y nos marchamos.
Y ni un guardia
nos dio el alto
al asalto
del chalé:
si lo hiciera,
se va al cuerno
el Gobierno
Zetapé.»
Que es mi “meyba” mi tesoro,
que es mi Dios la brusquedad,
mi ley, el acto violento,
mi única patria, asaltar.
«¿Se querellan? ¡Huy, qué suerte!
¡Yo me río!
El asunto me divierte,
porque nunca iré a la trena,
y ya montaré otra escena,
con igual o mayor brío.
Juez no existe
que decida
tal medida
contra mí.
Pues el fuero
va conmigo
y así digo:
¡tararí!»
Que es mi “meyba” mi tesoro,
que es mi Dios la brusquedad,
mi ley, el acto violento,
mi única patria, asaltar.
«Con las islas nuestros planes
son bien claros:
son Países Catalanes,
y a un catalán que es patriota
ni la ley ni Pedrojota
le puede poner reparos.
Tras el bravo
allanamiento,
voy contento
a mi hogar,
a dormirme,
tras la gesta,
una siesta
junto al mar.»
Que es mi “meyba” mi tesoro,
que es mi Dios la brusquedad,
mi ley, el acto violento,
mi única patria, asaltar.
¡Al agua, patos!
(El 11 de julio, en la cárcel de Albolote, Granada, se permitió ir a la piscina a once presos y tres presas de ETA. Terroristas como Domingo Troitiño, condenado a 794 años por las 21 personas muertas del atentado de Hipercor, o Juan Lorenzo Lasa Michelena, ex jefe de los comandos de acción, condenado a más de 300 años, se bañaron durante dos horas, para sorpresa de los funcionarios que vieron “el primer caso documentado de actividad conjunta y mixta de más de cinco internos de ETA en régimen de aislamiento”. La sorpresa fue mayor cuando se comprobó que no se permitía esta misma actividad para otros diecisiete internos, presos comunes, que se quedaron sin baño.)
Los muertos salen baratos…
¡Al agua, patos!
Hace un tremendo calor
en la vega de Granada,
y, claro, la muchachada
está empapada en sudor.
Y en la piscina el frescor
suscita efectos tan gratos...
¡Al agua, patos!
En la prisión de Albolote
el sol produce calina…
¡Vámonos a la piscina,
y hagamos el cachalote!
¡Maricón el que no flote!
¡No os metáis con los zapatos!
¡Al agua, patos!
El director, un locatis,
ha dicho, por lo bajinis,
que, si se ponen biquinis,
se vengan también las chatis.
¡Que el baño nos sale gratis,
pese a los asesinatos!
¡Al agua, patos!
Es once de julio, lunes.
Cantan, fuera, las chicharras.
Nos bañamos los etarras
y que rabien los comunes.
Nadamos igual que atunes,
delfines o ballenatos…
¡Al agua, patos!
Somos de raza vascónica
agresivos especímenes,
y nos atribuye crímenes
la ley carpetovetónica,
que, luego, de forma irónica,
nos brinda estos buenos ratos.
¡Al agua, patos!
Quemaremos con alcohol
la bandera rojigualda.
Mientras, nademos a espalda,
mariposa, braza y crol.
Este Gobierno español…
¡qué panda de mentecatos!
¡Al agua, patos!
Tras ver "Ninette"
No hay en tus pelis, Garci, ni Torrentes,
ni curas pervertidos, ni drogotas,
ni tipos que profieren palabrotas,
ni sal gorda ni polvos evidentes.
No hay en tus pelis, Garci, adolescentes
que farfullan diálogos idiotas;
no hay ni gays ni lesbianas en pelotas,
ni guerracivilismos rubescentes.
No hay en tus pelis, Garci, ni cochambre,
ni buenos que son siempre de zocata,
ni fachas –muy malísimos– de caqui.
Y el caso es que en “Ninette” me ha dado hambre;
pero en lugar de pizza o de bocata,
me apetece un filete con Pataky.
ni curas pervertidos, ni drogotas,
ni tipos que profieren palabrotas,
ni sal gorda ni polvos evidentes.
No hay en tus pelis, Garci, adolescentes
que farfullan diálogos idiotas;
no hay ni gays ni lesbianas en pelotas,
ni guerracivilismos rubescentes.
No hay en tus pelis, Garci, ni cochambre,
ni buenos que son siempre de zocata,
ni fachas –muy malísimos– de caqui.
Y el caso es que en “Ninette” me ha dado hambre;
pero en lugar de pizza o de bocata,
me apetece un filete con Pataky.
Romance de Lanzarote
Nunca fuera Presidente / tan feliz de vacaciones
como José Luis Rodríguez / cuando llegó a Lanzarote.
Con una sonrisa de esas, / así, como las que él pone,
descendió del aeroplano / con las niñas y Sonsoles.
Al pie de las escaleras, / haciéndole los honores,
muestran las autoridades / sus orondos barrigones.
El himno de España suena / a lata en los altavoces
y el céfiro del Atlántico / amortigua los calores.
Unas cuantas horas antes / de que llegara el prohombre
y de que pusieran cámaras / todas las televisiones,
casi un ciento de inmigrantes / sucios, morenos y pobres,
que acampaban andrajosos / en esas instalaciones,
fueron de allí retirados / por los agentes del orden,
pues no daban buena imagen / y echaban malos olores.
Zapatero, jubiloso, / tras saludar a los próceres,
se dirige a la vivienda / que va a ocupar de gañote.
¿Vivienda he dicho? ¡Un palacio, / digno de que en él se alojen
marajás, sultanes, duques, / monarcas y emperadores!
Y digno también, por tanto, / del mandamás del Pesoe.
El Palacio “La Mareta”, / que regaló a los Borbones
Hussein el de Jordania / (que de Alá en el Cielo goce),
es la agosteña morada / de Zetapé, de su cónyuge
y de las hijas de ambos, / que son las dos unos soles,
y a las que papi adoctrina / en la ideología progre.
César Manrique, el magnífico / artista de Lanzarote
diseñó el lujoso alcázar / que a los Rodríguez acoge.
Mas no todo estaba a gusto / de la exquisita Sonsoles,
pues ordenó hacer reformas / antes de las vacaciones.
Industriosos albañiles, / selectos decoradores
y eficaces tapiceros / echaron allí los bofes
hasta que doña Rodríguez / quiso mostrarse conforme.
Todo eso lo sufragamos / gustosos los españoles,
con tal de que el Presidente / tome un respiro y repose
de liderar la Alianza / de las Civilizaciones,
proyecto trascendental / para España y para el orbe.
Pero ¡oh destino funesto!, / ¡oh, desventurado golpe!,
¡oh, malhadado percance!, / ¡oh, sino aciago e innoble!
El día del cumpleaños / del eminente preboste,
el día cuatro de agosto, / estreno de vacaciones,
a nuestro fúlgido Presi / se le ocurrió hacer deporte,
y, émulo de Pau Gasol, / con camiseta y calzones,
fue a jugar al baloncesto / con algunos amigotes.
Los cuarenta y cinco años / no son edad de faroles
ni tiempo de hacer alardes / como cuando se era joven,
así que, a las dos carreras, / va Zetapé y se nos rompe.
Un músculo pusilánime / no soportó tanto trote.
Y, encima, en la pierna izquierda, / que es la más esbelta y progre
de las dos con las que cuenta / nuestro venerado prócer.
Y allá está don José Luis, / con la pata en alto, el pobre,
sentadito en un sillón, / en ese palacio enorme.
Se encuentra bien atendido, / eso sí, por servidores,
por criados, enfermeras, / por hijas y por consorte.
Y aprovecha el centenario / –aunque proteste la prole–
para leer en voz alta / capítulos de El Quijote,
con su tonito engolado / de esdrújulas inflexiones.
Cojo está, pero tranquilo, / pues sabe que más al Norte,
cruzando la mar salada, / todo está en perfecto orden:
que la nave del Estado / siempre habrá quien la pilote,
y se halla en Madrid de guardia, / avinagrada e insomne,
nada más y nada menos / que Fernández de la Vogue.
Diez horas
(Gadafi plantó a Moratinos tras hacerlo esperar diez horas)
Sala de espera exótica y moruna.
Moratinos aguarda. Ya va una.
Pasa el tiempo. No se oye ni una tos.
Moratinos espera. Ya van dos.
Un camarero llega, muy cortés,
y le pone un refresco. Ya van tres.
Se siente como un vil chiquilicuatro.
El reloj da otra hora. Ya van cuatro.
¡La puerta! Moratinos pega un brinco.
Era otro camarero. Ya van cinco.
Da cabezadas… ¡No lo despertéis!
Una horita de siesta. Ya van seis.
Al despertar, bosteza y va al retrete.
Vuelve a sentarse. Gruñe. Ya van siete.
Le sirven té con menta y un bizcocho.
Se lo come enterito. Ya van ocho.
En el sofá se agita y se remueve.
No encuentra la postura. Ya van nueve
Musita un taco horrísono y soez.
Se mesa los cabellos. Ya van diez.
A punto de llamar a Zapatero,
aparece un morito recadero:
“Disculpa a prisidente por ritraso:
riunión con cansiller Burkina Faso.
Suplica a Muratinos qui lo aguarde,
piro mijor maniana, qui hoy es tarde”.
En la Alianza de Civilizaciones
es Curro el que se come los marrones.
Un día, con frialdad y a toda prisa,
le oyó siete segundos Condoleezza.
Y ahora con los moros, más afines,
le pegan un plantón de récord Guiness.
En conclusión: que ya hasta el sarraceno
nos toma por el pito del sereno.
Letrilla de los ausentes
¿Y el grito y el abucheo?
¿Ya no toca o ya no es plan?
En la calle no los veo…
¿Alguien sabe dónde están?
Arden personas y pinos
sin que a nadie le interese…
Ni un mensaje SMS
llama al Gobierno “asesinos”.
Y todos esos cretinos
que simulaban cabreo
con modales de volcán…
¿alguien sabe dónde están?
En la calle no los veo…
Caen once de un retén;
se quema Guadalajara…
Pero a mí nadie me aclara
–ya sé que yo no soy quién–
qué ha sido de los Bardem,
ese vocinglero clan,
tan progresista y ateo.
En la calle no los veo…
¿Alguien sabe dónde están?
La floresta se calcina
y seres humanos mueren,
pero ahora ya no quieren
ponerse la pegatina.
Las manis, la corajina,
las voces y el pataleo
–cuando lo del alquitrán–
¿alguien sabe dónde están?
En la calle no los veo…
Recogido el chapapote,
¿dónde demonios estáis
los chicos de “nunca mais”
y de “Aznar el que no bote”?
Tanto inquieto muchachote,
tanto salto y tanto afán
se han pegado el escaqueo.
En la calle no los veo…
¿Alguien sabe dónde están?
Se achicharran los pinares,
sin que Zerolo comparta
eslogan, beso y pancarta
con Gasparín Llamazares.
¿Estarán quizá de bares,
en los brazos de Morfeo
o guardando el ramadán?
¿Alguien sabe dónde están?
En la calle no los veo…
En la infernal arboleda
la tarde se pone trágica.
Mientras, de “La flauta mágica”
Zetapé encantado queda,
y el presidente Barreda
papea en un restorán…
Qué mosqueo, qué mosqueo…
En la calle no los veo,
¡pero sí sé dónde están!
¿Ya no toca o ya no es plan?
En la calle no los veo…
¿Alguien sabe dónde están?
Arden personas y pinos
sin que a nadie le interese…
Ni un mensaje SMS
llama al Gobierno “asesinos”.
Y todos esos cretinos
que simulaban cabreo
con modales de volcán…
¿alguien sabe dónde están?
En la calle no los veo…
Caen once de un retén;
se quema Guadalajara…
Pero a mí nadie me aclara
–ya sé que yo no soy quién–
qué ha sido de los Bardem,
ese vocinglero clan,
tan progresista y ateo.
En la calle no los veo…
¿Alguien sabe dónde están?
La floresta se calcina
y seres humanos mueren,
pero ahora ya no quieren
ponerse la pegatina.
Las manis, la corajina,
las voces y el pataleo
–cuando lo del alquitrán–
¿alguien sabe dónde están?
En la calle no los veo…
Recogido el chapapote,
¿dónde demonios estáis
los chicos de “nunca mais”
y de “Aznar el que no bote”?
Tanto inquieto muchachote,
tanto salto y tanto afán
se han pegado el escaqueo.
En la calle no los veo…
¿Alguien sabe dónde están?
Se achicharran los pinares,
sin que Zerolo comparta
eslogan, beso y pancarta
con Gasparín Llamazares.
¿Estarán quizá de bares,
en los brazos de Morfeo
o guardando el ramadán?
¿Alguien sabe dónde están?
En la calle no los veo…
En la infernal arboleda
la tarde se pone trágica.
Mientras, de “La flauta mágica”
Zetapé encantado queda,
y el presidente Barreda
papea en un restorán…
Qué mosqueo, qué mosqueo…
En la calle no los veo,
¡pero sí sé dónde están!





