Letrilla de la rojez
De mis múltiples virtudes
siempre es una la que escojo.
¿Cuál me quedo? No lo dudes…
¡que soy rojo!
Soy un redivivo Che
por mi utopismo profundo;
soy liberador del mundo
y látigo de la fe:
soy Rodríguez Zetapé,
líder de insólito arrojo…
¡y soy rojo!
Soy paladín justiciero
que defiende a la mujer.
Y lo digo en Marie Claire,
igual que en Vogue y que en Zero.
Soy Rodríguez Zapatero,
y declaro sin sonrojo
¡que soy rojo!
Soy lector –pues me encandila–
del periódico El País.
Soy leonés y José Luis
tengo por nombre de pila.
Cuando me tachan de lila
me encolerizo y me enojo,
¡pues soy rojo!
Soy valedor del que pierde,
y aunque un poquito más dandi,
quizás al Mahatma Gandhi,
por mi talante, recuerde.
¿Quién ha dicho que estoy verde?
¡Me lo cargo, si lo cojo!...
¡Yo soy rojo!
Soy bermellón, escarlata,
colorado, carmesí,
grana, bermejo, rubí…
Soy Zetapé, soy sociata,
y aunque mi sangre es de horchata
y soy de natural flojo,
¡soy un rojo!
Décima de la añoranza
Muertos en Afganistán;
negros que saltan la valla;
Curro Moratinos calla
y nos chulea el sultán;
el pacto de Perpiñán
se encampana –¡vaya flipe!–;
les da a los pollos la gripe;
y nos mandan unos memos
que van a hacer que añoremos
hasta a González, Felipe.
negros que saltan la valla;
Curro Moratinos calla
y nos chulea el sultán;
el pacto de Perpiñán
se encampana –¡vaya flipe!–;
les da a los pollos la gripe;
y nos mandan unos memos
que van a hacer que añoremos
hasta a González, Felipe.
Letrilla de la esencia y la apariencia
Respóndeme, si te place,
amigo, ¿cómo lo ves?
¿Consideras que lo es
o piensas que se lo hace?.
Cuando veo que es capaz
–y se ve desde una legua–
de comprarles una tregua
vil, indecente y mendaz,
y vendérnosla por paz,
a causa del interés
electoral que subyace,
pienso, entonces: “No lo es;
para mí que se lo hace”.
Pero oigo cómo se expresa,
con ese tono dogmático,
pomposo, huero y enfático,
al decir cualquier futesa
que a los suyos embelesa,
engatusa y satisface
–y a mí me produce estrés–,
y pienso: “No se lo hace,
claramente es que lo es”.
Desbaratar la nación
con tal de seguir ahí
no es tarea baladí,
que ejerza un bobalicón
privado de la razón.
Y considero, así pues,
–ya que España está en desguace–,
que nanay, que no lo es;
seguro que se lo hace.
Pero lo rumio y, de pronto,
me asaltan tremendas dudas.
Con amistades sesudas
las cotejo y las confronto:
“¿Se hace de verdad el tonto,
o es un loco kamikaze
el ex penene leonés?”
Responden: “No se lo hace;
desengáñate: lo es”.
Letrilla de los tradicionales lazos
(Mª Teresa Fernández de la Vega, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, dijo la siguiente frase: “Todo el mundo dice la verdad. Nadie miente, ni el Gobierno de España ni el de Marruecos”.)
Repiten siempre los ecos:
–“¿Quién engaña?” –“¡Nadie engaña!”
–“¿En España?”
–“¡Ni en Marruecos!”
Nunca perdamos la fe,
el crédito y la certeza
ni en la magrebí realeza
del gran sultán Mojamé,
ni en el presi Zetapé;
por más que ambos se den maña
en hacérsenos los suecos
en Marruecos
y en España.
Si algunos negros se mueren
en sus rústicas escalas,
por no esquivar bien las balas
con que los moros les hieren,
es normal, porque –¡qué quieren!–
si están tan flacos y entecos,
no morir es una hazaña,
en España
y en Marruecos.
Que les cobran por venir
es hecho seguro y cierto.
Les roban, y en el desierto
los dejan para morir.
¿Miente quien osa decir
que los tratan con tal saña
por buscar los recovecos
en Marruecos
hacia España?
Zetapé al sultán se humilla,
y esto huele a putrefacto.
¿Hay en la trastienda un pacto
de terror y pesadilla,
por el que Ceuta y Melilla
–en no sé qué indignos truecos–
el moro se las rebaña
a España
para Marruecos?
Que a nadie arrastren las iras;
por Dios, que nadie se enfade:
nuestra Vice nos persuade
con más alteza de miras:
“No hay embustes, ni mentiras;
que nadie siembre cizaña
contándonos embelecos,
ni en Marruecos
ni en España.”
Los lazos tradicionales
son más estrechos que nunca.
Nuestra amistad no se trunca
por tres gestos desleales.
¡Qué emociones fraternales
en nuestros pechos batuecos
nos cosquillean la entraña!...
¡From España
to Marruecos!
Repiten siempre los ecos:
–“¿Quién engaña?” –“¡Nadie engaña!”
–“¿En España?”
–“¡Ni en Marruecos!”
Nunca perdamos la fe,
el crédito y la certeza
ni en la magrebí realeza
del gran sultán Mojamé,
ni en el presi Zetapé;
por más que ambos se den maña
en hacérsenos los suecos
en Marruecos
y en España.
Si algunos negros se mueren
en sus rústicas escalas,
por no esquivar bien las balas
con que los moros les hieren,
es normal, porque –¡qué quieren!–
si están tan flacos y entecos,
no morir es una hazaña,
en España
y en Marruecos.
Que les cobran por venir
es hecho seguro y cierto.
Les roban, y en el desierto
los dejan para morir.
¿Miente quien osa decir
que los tratan con tal saña
por buscar los recovecos
en Marruecos
hacia España?
Zetapé al sultán se humilla,
y esto huele a putrefacto.
¿Hay en la trastienda un pacto
de terror y pesadilla,
por el que Ceuta y Melilla
–en no sé qué indignos truecos–
el moro se las rebaña
a España
para Marruecos?
Que a nadie arrastren las iras;
por Dios, que nadie se enfade:
nuestra Vice nos persuade
con más alteza de miras:
“No hay embustes, ni mentiras;
que nadie siembre cizaña
contándonos embelecos,
ni en Marruecos
ni en España.”
Los lazos tradicionales
son más estrechos que nunca.
Nuestra amistad no se trunca
por tres gestos desleales.
¡Qué emociones fraternales
en nuestros pechos batuecos
nos cosquillean la entraña!...
¡From España
to Marruecos!
Letrilla del antiyanqui
Por lo que agrede y abusa,
¡le tengo una tirria a USA!...
Me enfado y me malhumoro
con los Estados Unidos;
quisiera verlos hundidos
en un cochino inodoro.
Porque, aunque fumo Marlboro
de una manera profusa,
¡le tengo una tirria a USA!...
Me sulfuro y me rebelo
contra los EEUU.
Sus valores son tabú
y no me gustan ni un pelo.
Y, aunque el último modelo
de tenis Nike me engatusa,
¡le tengo una tirria a USA!...
Montamos la batahola
actores y saltimbanquis
contra los pérfidos yanquis.
Y, aunque a menudo me mola
beber Pepsi o Coca Cola,
eso no es ninguna excusa:
¡le tengo una tirria a USA!...
La guerra ilegal de Irak
fue una agresión de los gringos
–y de los señoritingos,
como Blair, que son su clac–.
Y, aunque me encanta el Big Mac,
mi actitud nunca es confusa:
¡le tengo una tirria a USA!...
El pueblo yanqui es idiota,
y nuestra cultura ibérica
deja atrás a Norteamérica.
Y aunque mi hijo saca nota
porque estudia en Minnesota
–y no en una ciudad rusa–,
¡le tengo una tirria a USA!...
Llevo pancartas y pins
que ponen “Me cago en Bush”:
¡así le dé un patatús
y reviente en New Orleans!
Porque, aunque llevo blue-jeans,
y T-shirt, en vez de blusa,
¡le tengo una tirria a USA!...
Les guardo un hondo rencor
a los United States,
aunque el Windows de Bill Gates
lo tenga en mi ordenador
y viaje mucho a New York
–nadie a tal placer rehúsa–
¡le tengo una tirria a USA!...
Federico Mayor Zaragoza
La Gallizo ataca de nuevo
(Mercedes Gallizo, directora general de Instituciones Penitenciarias, ha dicho recientemente que ha llegado el momento de que la cárcel no sea el destino de todos los que delinquen)
La Gallizo está rara, ¿qué tendrá la Gallizo?
La han dejado al cuidado del truhán, del chorizo,
del atroz terrorista y el cruel violador.
En su progre cerebro reina un magno barullo
y pretende Mercedes que no vayan al trullo,
porque dice que fuera se lo pasan mejor.
Hace tiempo Gallizo fue una linda muchacha,
que luchaba aguerrida contra el pérfido facha,
con cabeza de pájaros y utopismo infantil.
Mas pasar de cincuenta con las mismas ideas
ya es asunto más serio, que requiere que seas
más que utópico y cándido, tontorrón o cerril.
La Gallizo pretende liberar al macarra;
perdonar al bandido, dispensar al etarra;
y soltar al mafioso, para que hagan el bien.
Y a los tipos decentes que apoquinan impuestos,
y que cumplen las leyes y se sienten molestos
con la chusma en la calle, pues, en fin, que les den.
A la próvida prócer brindaré una propuesta,
para que que ella, benéfica, solidaria y dispuesta,
a algún triste recluso lo pudiera aliviar:
¿Por qué no se decide la ilustrísima dama
y le cede una alcoba, o hace un sitio en su cama,
y se lleva a un chorizo a vivir a su hogar?
La Gallizo está rara, ¿qué tendrá la Gallizo?
La han dejado al cuidado del truhán, del chorizo,
del atroz terrorista y el cruel violador.
En su progre cerebro reina un magno barullo
y pretende Mercedes que no vayan al trullo,
porque dice que fuera se lo pasan mejor.
Hace tiempo Gallizo fue una linda muchacha,
que luchaba aguerrida contra el pérfido facha,
con cabeza de pájaros y utopismo infantil.
Mas pasar de cincuenta con las mismas ideas
ya es asunto más serio, que requiere que seas
más que utópico y cándido, tontorrón o cerril.
La Gallizo pretende liberar al macarra;
perdonar al bandido, dispensar al etarra;
y soltar al mafioso, para que hagan el bien.
Y a los tipos decentes que apoquinan impuestos,
y que cumplen las leyes y se sienten molestos
con la chusma en la calle, pues, en fin, que les den.
A la próvida prócer brindaré una propuesta,
para que que ella, benéfica, solidaria y dispuesta,
a algún triste recluso lo pudiera aliviar:
¿Por qué no se decide la ilustrísima dama
y le cede una alcoba, o hace un sitio en su cama,
y se lleva a un chorizo a vivir a su hogar?
El Superejtar
Quiero ganar un Ójcar como protagonijta,
puej en mi fuero interno me juzgo máj actor
que José Luij Rodríguez, que ej otro gran artijta,
pero que necesita tener un buen guionijta,
mientraj que, improvisando, yo soy mucho mejor.
Yo sé que me encasillan como actor de reparto,
pese a mij muchoj añoj de luchaj y de afán.
Dejpuej de tanto ejfuerzo ya ejtoy un poco harto
de ser un secundario; no objtante, no dejcarto
interpretar un día como primer galán.
Si bien soy veterano, me siento como un roble,
y al rejpetable quiero dar lo mejor de mí.
Sé parecer simpático, sencillo, honrado y noble,
y en laj ejcenaj duraj no necesito doble,
mientraj que Zapatero, que ej un enclenque, sí.
Me gujta de helicópteroj bajar, en plan mediático,
acaso en un ejtadio, de la ovación en poj.
Y gozo de igual modo, humano y carijmático,
si, en un pueblo manchego, a algún secuaz fanático,
con gejto dejprendido, le entrego mi reloj.
En loj papelej serioj, de drama y de tragedia,
actúo con ejpléndida verosimilitud;
pero también domino la farsa y la comedia,
y sé, como ninguno, captar a loj majj media,
a quienej siempre trato con suma pulcritud.
Ejtoy perpetuamente en mitin de campaña,
con mi atractivo tono de ajtuto number one.
Y seduciendo al público me muevo con tal maña,
que ya no solamente me quieren en Ejpaña,
sino que soy un ídolo hajta en Afganijtán.





