Romance del gratis total
Más arriba de las nubes
se remonta Zetapé,
camino de Gran Bretaña,
acomodado en un jet,
con su cónyuge Sonsoles,
compañerísima fiel,
con sus dos niñas de izquierdas,
y con su suegra también,
que dicen que es algo facha,
pero la pobre mujer
se apunta hasta a un bombardeo,
conque qué se le va a hacer…
No vuelan con Air Europa,
tampoco con Spanair,
ni siquiera con Iberia,
ni con la British Airways,
porque el vuelo es de gañote,
y el Airbús, Falcon, Mystère,
o como coño se llame
–que exactamente no sé–
el avión en que se asienta
el presidencial rulé,
se lo sufragamos todos
los ciudadanos de Spain.
¿Acaso va Zapatero
a pedirle ayuda a Blair
para resolver la crisis
que ha habido con Israel?
¿Acude a tomar consejo
de cómo hay que proceder
para que la banda ETA
empiece a portarse bien?
¿Es una cumbre secreta
de mayúsculo nivel
de los primeros ministros
para no se sabe qué?
No, estimados radioescuchas:
nuestro presi Zetapé
va, con su esposa Sonsoles,
encantadora mujer,
y con su mamá política
y con las niñas también,
a que una de ellas en Londres
haga un cursillo de inglés.
No hay un evento político
más importante y fetén
que ocuparse de las hijas
con el mayor interés
y con toda la ternura
que un padre progre y leonés
pone en educar la prole
tal y como debe ser.
Pero desaprovechar,
ya que estaban de tournée,
un viaje a la City of London
es una enorme idiotez.
Y fueron a las rebajas
de Harrods, gran almacén,
que viene a ser, más o menos,
lo que es aquí el Corte Inglés.
Qué entrañable pasatiempo
ir a Londres de weekend,
con las niñas, con la suegra,
con la escolta y la mujer,
a comprar unos trapitos,
unas latitas de té,
unos chocolates Cadbury
unos dulces, un plum cake,
y, en fin, cosas que hacen falta
para unos días después
llevarlas a La Mareta,
donde por segunda vez
va a pasar sus vacaciones
la familia Zetapé.
Que viva mucho Rodríguez,
y que viva su mujer,
y que vivan sus hijitas
y, en fin, la suegra también.
Que viva toda la estirpe,
que viva a cuerpo de rey,
que vivan en Lanzarore,
ese afortunado edén,
que vivan en el palacio,
mucho mejor que un hotel,
con todos sus cocineros,
con sus pinches, con su chef,
con su pista para el basket,
con su lujo a todo tren,
con su infinidad de escoltas
(que yo no sé para qué,
si estamos ya con la ETA
más que a partir una nuez).
En fin, que viva de gorra
su verano Zetapé
y que no nos dé la vara,
cosa muy de agradecer.
Que, mientras, los ciudadanos,
españolitos de a pie,
ya tomemos en verano
quince diítas o un mes,
o ya, sin salir de casa,
queramos languidecer
con regadera, botijo,
gazpacho, toldo y amén,
poco o mucho, bueno o malo,
de pobretón o marqués,
nos pagamos el verano
con nuestro propio parné.
El distinto
El ministro Jordi Sevilla justificó el uso de un avión oficial en el famoso viaje a Londres de Zapatero con su mujer, sus hijas y su suegra, alegando que "el presidente es distinto al resto de los mortales".
Puede hablar sin decir cosa,
puede enfatizar la nada,
puede engolar la bobada
más vacía y pretenciosa.
Puede su frase pomposa
de resonancias banales
ser maraña y laberinto,
pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales.
Puede parecer que es bobo,
y pudiera serlo incluso.
Puede semejar iluso
y hasta presumir de probo.
Puede, inflado como un globo,
moverse por andurriales
entre Valdomero y Pinto,
pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales.
Puede asignar color blanco
a la cosa que es más negra.
Puede llevarse a su suegra
–una dama a la que Franco
le proporcionó un estanco–
a viajes extraoficiales
de pelaje variopinto,
pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales.
Puede, sin vacilaciones,
desayunarse un batracio.
y también ir a un palacio
a pasar sus vacaciones,
y gastarse unos millones
de los fondos estatales
en reformar el recinto,
pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales.
Puede coincidir en fines
con el imperio de Prisa;
puede aguantar la sonrisa
más allá del récord Guinness,
y hasta firmar pactos ruines
con etarras criminales
de los de pistola al cinto…
¡Pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales!
Puede hablar sin decir cosa,
puede enfatizar la nada,
puede engolar la bobada
más vacía y pretenciosa.
Puede su frase pomposa
de resonancias banales
ser maraña y laberinto,
pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales.
Puede parecer que es bobo,
y pudiera serlo incluso.
Puede semejar iluso
y hasta presumir de probo.
Puede, inflado como un globo,
moverse por andurriales
entre Valdomero y Pinto,
pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales.
Puede asignar color blanco
a la cosa que es más negra.
Puede llevarse a su suegra
–una dama a la que Franco
le proporcionó un estanco–
a viajes extraoficiales
de pelaje variopinto,
pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales.
Puede, sin vacilaciones,
desayunarse un batracio.
y también ir a un palacio
a pasar sus vacaciones,
y gastarse unos millones
de los fondos estatales
en reformar el recinto,
pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales.
Puede coincidir en fines
con el imperio de Prisa;
puede aguantar la sonrisa
más allá del récord Guinness,
y hasta firmar pactos ruines
con etarras criminales
de los de pistola al cinto…
¡Pues Zapatero es distinto
al resto de los mortales!
¿Para qué quince cocineros?
El verano pasado las vacaciones de Zapatero fueron noticia por el dineral que el Estado se gastó en las reformas del palacio de La Mareta (entre otras cosas, nueve mil euros en pintar la cancha de baloncesto que el Presidente usó sólo el primer día, por culpa de un infortunado esguince). Este año los sectarios y fachas de siempre han criticado que la familia Rodríguez se lleve de la Moncloa a Lanzarote a quince personas, entre cocineros, camareros, pinches etc.. En los siguientes versos explico el imprescindible cometido de cada uno de estos empleados presidenciales.
Para tostar el pan del desayuno:
¡Uno!
Para guisar sabrosos fricandós:
¡Dos!
Para hacer exquisitos tentempiés:
¡Tres!
Para el bocado de antes del teatro:
¡Cuatro!
Para amasar hojaldres con ahínco:
¡Cinco!
Para la cena a solas, “face to face”:
¡Seis!
Para que el postre esté de rechupete:
¡Siete!
Para hornear dulcísimo bizcocho:
¡Ocho!
Para al merengue dar punto de nieve:
¡Nueve!
Para los riñoncitos al jerez:
¡Diez!
Para que el pato o el cordero tronce:
¡Once!
Para que los chanquetes le reboce:
¡Doce!
Para que la ensalada le aderece:
¡Trece!
Para que aguante el duro “tour de force":
¡Catorce!
Y para prevenir un nuevo esguince:
¡Quince!
Lujuria de cuota
(La ministra de Cultura, Carmen Calvo, es fan de "Lujuria", un grupo segoviano de heavy metal, con cuyos componentes se cartea. Dicho grupo de rock es conocido por discos como "República popular del coito", y por canciones como "Estrella del porno", "Ninfomanía", "Beso negro", "Zoofilia" o "Cómemelo")
La Calvo por Lujuria se desvive,
y Lujuria su espíritu le exalta,
y de Lujuria el ímpetu le asalta,
y es tal que con Lujuria hasta se escribe.
Porque a Lujuria Carmen es proclive,
y con Lujuria baila si hace falta,
y brinca con Lujuria, y bota, y salta,
y con Lujuria, así, se desinhibe.
Y siempre con Lujuria se menea,
retoza con Lujuria, y de Lujuria
la turbación volcánica le embriaga.
Y a mí cuando la Calvo lujuriea
–qué apuro, qué desdicha y qué penuria–
todita la lujuria se me apaga.
La Calvo por Lujuria se desvive,
y Lujuria su espíritu le exalta,
y de Lujuria el ímpetu le asalta,
y es tal que con Lujuria hasta se escribe.
Porque a Lujuria Carmen es proclive,
y con Lujuria baila si hace falta,
y brinca con Lujuria, y bota, y salta,
y con Lujuria, así, se desinhibe.
Y siempre con Lujuria se menea,
retoza con Lujuria, y de Lujuria
la turbación volcánica le embriaga.
Y a mí cuando la Calvo lujuriea
–qué apuro, qué desdicha y qué penuria–
todita la lujuria se me apaga.
La sonrisa
“A mí me gusta la gente optimista, y el Partido Popular, el partido que preside Rajoy, nunca da una buena noticia, nunca sonríe ante un ciudadano español”. Estas palabras de José Luis Rodríguez Zapatero me han inspirado las siguientes octavas:
España se postra, se humilla, naufraga,
se rinde a la ETA, se abate, se entrega,
se da, se acobarda, se encoge, se apaga,
se amansa, se achica, se duerme, se pliega,
se muere de miedo, se asusta, se caga,
se amputa, se castra, se corta, se siega,
se esfuma, se extingue, se va, se deslíe…
Y siempre Rodríguez sonríe, sonríe…
Y estafa y traiciona y ultraja y ofende
y miente y engaña y encubre y falsea
y finge y simula y embauca y malvende
y cede y regala y halaga y blandea
y ofrece y convida y arranca y desprende
y pacta y consiente y cambalachea,
sin que entre su secta se le contraríe.
Y él constantemente sonríe, sonríe…
Y pifia y tropieza y mete la pata
y falla y fracasa y frustra y arruina
y pierde y malogra y rompe y maltrata
y lisia y destroza y aplasta y fulmina
y trunca y cercena y amputa y remata
y quema y abrasa e inflama y calcina,
sin que del propósito nada lo desvíe.
Y, encima, sonríe, sonríe, sonríe…
Y oculta y obstruye y entierra y olvida
y tapa y silencia y omite y acalla
y atranca y estorba y anula y liquida
y niega y rechaza y avisa y se engalla,
y aferra su cargo de forma suicida,
y no se estremece su entraña canalla,
y aunque el 11-M nos escalofríe,
el tipo sonríe, sonríe, sonríe…
La culpa es del PP
(Pepe Blanco ha dicho que si fracasa el “proceso de paz”, la culpa es del PP)
¿Que ZP no sabe gobernar?
La culpa por supuesto que es de Aznar.
¿Que España va muy mal, de ayer a hoy?
La culpa, en este caso, es de Rajoy.
¿Que los sociatas son unos percebes?
La culpa ha de tenerla Ángel Acebes.
¿Que la quiebra de España mueve a queja?
El culpable va a ser Mayor Oreja.
¿Que aquí comprar un piso no es barato?
La culpa la tendrá Rodrigo Rato.
¿Que a nuestro ejército hacen picadillo?
La culpa, cómo no, la tiene Trillo.
¿Que al Gobierno le ha entrado la galbana?
La culpa, en ese asunto, es de Zaplana.
¿Que nuestra educación es aguachirre?
La culpable será Esperanza Aguirre.
¿Que la ETA es indócil y cerril?
La culpa la tendrá María San Gil.
¿Que en la costa hay pateras por docenas?
Tiene la culpa aquí Javier Arenas.
¿Que no acabó Derecho Pepe Blanco?
Pues el culpable es Fraga (o tal vez Franco).
Y, en fin, que hasta jugando al balompié,
si pierde España es culpa del PP.
¿Que ZP no sabe gobernar?
La culpa por supuesto que es de Aznar.
¿Que España va muy mal, de ayer a hoy?
La culpa, en este caso, es de Rajoy.
¿Que los sociatas son unos percebes?
La culpa ha de tenerla Ángel Acebes.
¿Que la quiebra de España mueve a queja?
El culpable va a ser Mayor Oreja.
¿Que aquí comprar un piso no es barato?
La culpa la tendrá Rodrigo Rato.
¿Que a nuestro ejército hacen picadillo?
La culpa, cómo no, la tiene Trillo.
¿Que al Gobierno le ha entrado la galbana?
La culpa, en ese asunto, es de Zaplana.
¿Que nuestra educación es aguachirre?
La culpable será Esperanza Aguirre.
¿Que la ETA es indócil y cerril?
La culpa la tendrá María San Gil.
¿Que en la costa hay pateras por docenas?
Tiene la culpa aquí Javier Arenas.
¿Que no acabó Derecho Pepe Blanco?
Pues el culpable es Fraga (o tal vez Franco).
Y, en fin, que hasta jugando al balompié,
si pierde España es culpa del PP.
La religión del progre
La LOGSE ha dejado la enseñanza española hecha unos zorros, pero para la izquierda nuestro problema educativo se reduce a que no debe enseñarse religión en las aulas públicas. Religión católica, claro, que la musulmana no les ha hecho nada. Según los progres hispanos, hay que acabar con ese intolerable adoctrinamiento cuanto antes.
Pero la realidad es tozuda, y una aplastante mayoría de padres elige clases de religión para sus hijos. Muchos no lo hacen por catequizar a sus retoños –que de eso, si quieren, ya se pueden encargar en casa o en la parroquia– sino porque la alternativa que se han empeñado en ofrecer los gobiernos socialistas ha sido el recreo, las "actividades lúdicas", o la holgazanería más o menos vigilada. Me consta que numerosos padres agnósticos y aun ateos matriculan a sus hijos en clase de religión simplemente porque no quieren que pierdan el tiempo, y también porque saben que, con fe o sin ella, el conocimiento de la religión es imprescindible para entender el arte, la historia, la literatura y el mundo en general. Algunos defensores del laicismo argumentan que eso se puede hacer desde una perspectiva aconfesional, y ahí podemos estar de acuerdo, pero el hecho es que no se hace. A veces, tristemente, no se hace ni siquiera desde la perspectiva confesional.
Permítanme que les cuente una anécdota sucedida en un instituto público. Un profesor de Literatura, de esos que heroicamente se resisten a la burricie logsiana, habla sobre San Juan de la Cruz. Algunos alumnos atienden, otros dormitan... Una chica, en las primeras filas, se afana escribiendo en su libreta. El profesor nota algo raro.
– Señorita, no es necesario que copie todo lo que digo, porque lo fundamental lo tiene en su libro de texto.
– No, profe –reconoce la chica, azorada–, no estoy tomando apuntes; estoy haciendo un trabajo para Religión.
– Ande, déjelo y trate de atender a mis explicaciones –reconviene, benévolo, el docente–. Al fin y al cabo, estamos viendo a San Juan de la Cruz, un doctor de la Iglesia: puede que le sea útil para su trabajo.
– ¡No, profe, qué va! –lo desilusiona la muchacha– ¡Si el trabajo de Religión es sobre la Revolución Industrial!...
La joven era víctima de la modernidad docente de un cura progre, claro. Un cura parecido, seguramente, al que instruyó al portavoz monclovita que este sábado dijo que el facsímil de la encíclica "Codex vaticanus" regalado por el Papa a José Luis Rodríguez Zapatero era "una Biblia antigua muy grande" y que el rosario con que el Santo Padre obsequió a la Vicepresidenta y a Sonsoles Espinosa era "un collar de perlas con una cruz".
A este anónimo portavoz y a todos los que desprecian cuanto ignoran va dedicado mi soneto de hoy.
Es el altar un poyo o una mesa;
el santo cáliz, una copa rara
que se ha pimplado el cura por la cara,
y el incensario es "la cosa esa".
En aquella cabina se confiesa;
el báculo es un palo, o una vara;
es un sombrero absurdo la tiara,
y la mujer del Papa es la Papesa.
Es un collar de perlas el rosario;
el códice, una Biblia, ¡pero enorme!;
la misa, sólo un mitin sin sustancia.
En fin, que en la sesera del sectario
y detrás del agnóstico uniforme,
sólo se alberga, hueca, la ignorancia.
Pero la realidad es tozuda, y una aplastante mayoría de padres elige clases de religión para sus hijos. Muchos no lo hacen por catequizar a sus retoños –que de eso, si quieren, ya se pueden encargar en casa o en la parroquia– sino porque la alternativa que se han empeñado en ofrecer los gobiernos socialistas ha sido el recreo, las "actividades lúdicas", o la holgazanería más o menos vigilada. Me consta que numerosos padres agnósticos y aun ateos matriculan a sus hijos en clase de religión simplemente porque no quieren que pierdan el tiempo, y también porque saben que, con fe o sin ella, el conocimiento de la religión es imprescindible para entender el arte, la historia, la literatura y el mundo en general. Algunos defensores del laicismo argumentan que eso se puede hacer desde una perspectiva aconfesional, y ahí podemos estar de acuerdo, pero el hecho es que no se hace. A veces, tristemente, no se hace ni siquiera desde la perspectiva confesional.
Permítanme que les cuente una anécdota sucedida en un instituto público. Un profesor de Literatura, de esos que heroicamente se resisten a la burricie logsiana, habla sobre San Juan de la Cruz. Algunos alumnos atienden, otros dormitan... Una chica, en las primeras filas, se afana escribiendo en su libreta. El profesor nota algo raro.
– Señorita, no es necesario que copie todo lo que digo, porque lo fundamental lo tiene en su libro de texto.
– No, profe –reconoce la chica, azorada–, no estoy tomando apuntes; estoy haciendo un trabajo para Religión.
– Ande, déjelo y trate de atender a mis explicaciones –reconviene, benévolo, el docente–. Al fin y al cabo, estamos viendo a San Juan de la Cruz, un doctor de la Iglesia: puede que le sea útil para su trabajo.
– ¡No, profe, qué va! –lo desilusiona la muchacha– ¡Si el trabajo de Religión es sobre la Revolución Industrial!...
La joven era víctima de la modernidad docente de un cura progre, claro. Un cura parecido, seguramente, al que instruyó al portavoz monclovita que este sábado dijo que el facsímil de la encíclica "Codex vaticanus" regalado por el Papa a José Luis Rodríguez Zapatero era "una Biblia antigua muy grande" y que el rosario con que el Santo Padre obsequió a la Vicepresidenta y a Sonsoles Espinosa era "un collar de perlas con una cruz".
A este anónimo portavoz y a todos los que desprecian cuanto ignoran va dedicado mi soneto de hoy.
Es el altar un poyo o una mesa;
el santo cáliz, una copa rara
que se ha pimplado el cura por la cara,
y el incensario es "la cosa esa".
En aquella cabina se confiesa;
el báculo es un palo, o una vara;
es un sombrero absurdo la tiara,
y la mujer del Papa es la Papesa.
Es un collar de perlas el rosario;
el códice, una Biblia, ¡pero enorme!;
la misa, sólo un mitin sin sustancia.
En fin, que en la sesera del sectario
y detrás del agnóstico uniforme,
sólo se alberga, hueca, la ignorancia.
Molto bene, Benedicto
La visita de Benedicto XVI a Valencia ha resultado un éxito absoluto, a pesar de que el Gobierno ha hecho todo lo posible por deslucirla. La idea de familia que sostiene el Papa es antagónica a la de los matrimonios zerólicos que ha instituido nuestro Gobierno. Zapatero y De la Vega quisieron dejar claro su laicismo militante y no acudieron a la misa del domingo, aunque mandaron a López Aguilar y a Moratinos, que estaba allí como castigado. Por malo. Y significativa fue la anécdota protagonizada por un subordinado del portavoz Moraleda, que llamó al rosario “collar de perlas con una cruz”, y al “Codex vaticanus”, “biblia antigua muy grande”.
El Papa Benedicto a España llega ,
y el Gobierno sociata de él recela;
pues, si tiene ocasión, le da candela,
candela, de la, de la… ¡de la Vega!
Los fieles en Valencia, junto al clero,
vitorean, eufóricos, al Papa;
pero alguien quiere hacer labor de zapa,
de zapa, zapa, zapa… ¡Zapatero!
Bajo el sol, un montón de peregrinos
muestran su fe valiente y fajadora,
porque es cristiana España más que mora,
que mora, mora, mora… ¡Moratinos!
El Santo Padre sigue el protocolo
y a la familia apoya, tesonero.
Y no es quien lo critica más que cero,
que cero, cero, cero… ¡Que Zerolo!
En la Moncloa nadie culto queda,
y hasta qué es un rosario ya se ignora.
¿Quién su bachillerato rememora?
Memora, mora, mora… ¡Moraleda!
Pero no busca el Papa hacer conflicto,
y conoce muy bien lo que conviene:
is very good, très bien e molto bene,
e molto bene, bene… ¡Benedicto!
Marías, Cebrián y la Academia
El novelista Javier Marías, hijo del insigne don Julián (que en paz descanse), acaba de ser elegido académico. Nunca he entendido el evidente éxito de "Mariítas", cuya prosa es una especie de engrudo simplón y prolijo, trufado de anacolutos e impropiedades, que me cuesta trabajo digerir. Sin embargo, personas muy próximas a mí, a las que considero inteligentes y ponderadas, lo tienen por ídolo, festejan sus libros y ofician de panegiristas suyos en cuanto tienen ocasión. Esta radical y desagradable discrepancia me ha llevado a tragarme tres novelas del nuevo académico para no pecar de injusto o de prejuicioso en las controversias. Y cuanto más lo he leído, más me ratifico en mi opinión. No es que no me interesen sus personajes, sus ambientes y sus argumentos, que tampoco. Ni que deteste su técnica narrativa y su estilo, que también. Es que me aburre, y se me atraganta su desmaño expresivo y su pedantería roma y pijotera.
Pero hay que decir que en la Academia los hay peores. Aunque los hispanohablantes hayamos de reconocer los méritos históricos de la Docta Casa, lo cierto es que en los últimos tiempos ingresan en ella personajes que carecen por completo de categoría literaria. El caso paradigmático es el de Cebrián. Hace años le compuse el siguiente ovillejo:
¿Académico, decís?
¡Juan Luis!
¿Con su prosa de patán?
¡Cebrián!
¿Con su sintaxis canija?
¡El Nebrija!
Poco limpia, poco fija
y poquito esplendor da
una Academia en que está
Juan Luis Cebrián, El Nebrija.
El Nebrija era el apodo con que el llorado Jaime Campmany –al que negaron el sillón en la Academia– había bautizado al prisaico sujeto. Unos amigos me dijeron una vez, en broma, que atizándole así a Cebrián jamás iba a poder escribir en El País, recitar en la SER o publicar en Alfaguara. Por seguir la guasa, les contesté con el siguiente ovillejo palinódico (que espero que nadie tome en serio):
¿Quién es un genio, decís?
¡Juan Luis!
¿Quién es más bueno que el pan?
¡Cebrián!
¿Y qué es, aunque fue polémico?
¡Académico!
Fue el periodista totémico
que trajo la democracia
y es, por calidad y gracia,
Juan Luis Cebrián, académico.
Hay que reconocer que Javier Marías no es tan mal escritor como Cebrián –eso es difícil y tampoco hay que exagerar– y, desde luego, su éxito internacional es indiscutible, me guste o no. Eso sí, como opinador y articulista, me parece tan detestable como él. Y aun más detestable, por ser el hijo de un hombre ejemplar, eminente e íntegro como lo fue don Julián Marías, cuyo legado intelectual no hereda de ninguna manera su retoño. Sobre eso va el siguiente ovillejo, que escribí hace tiempo y que tenía guardado a la espera de una ocasión propicia:
¿Quién escribe sin saber?
¡Javier!
¿En soso galimatías?
¡Marías!
¿Y lo publica Polanco?
¡Franco!
Ni de "Corazón tan blanco"
ni del coñazo que da
tiene la culpa el papá
de Javier Marías Franco.
Como coda de esta especie de artículo copleado de hoy, transcribo el último cachondeíto que se me ha ocurrido sobre el personaje, en forma de redondilla:
El microbio de Cebrián
ya ha provocado epidemia...
¡Han metido en la Academia
al nene de don Julián!
Pero hay que decir que en la Academia los hay peores. Aunque los hispanohablantes hayamos de reconocer los méritos históricos de la Docta Casa, lo cierto es que en los últimos tiempos ingresan en ella personajes que carecen por completo de categoría literaria. El caso paradigmático es el de Cebrián. Hace años le compuse el siguiente ovillejo:
¿Académico, decís?
¡Juan Luis!
¿Con su prosa de patán?
¡Cebrián!
¿Con su sintaxis canija?
¡El Nebrija!
Poco limpia, poco fija
y poquito esplendor da
una Academia en que está
Juan Luis Cebrián, El Nebrija.
El Nebrija era el apodo con que el llorado Jaime Campmany –al que negaron el sillón en la Academia– había bautizado al prisaico sujeto. Unos amigos me dijeron una vez, en broma, que atizándole así a Cebrián jamás iba a poder escribir en El País, recitar en la SER o publicar en Alfaguara. Por seguir la guasa, les contesté con el siguiente ovillejo palinódico (que espero que nadie tome en serio):
¿Quién es un genio, decís?
¡Juan Luis!
¿Quién es más bueno que el pan?
¡Cebrián!
¿Y qué es, aunque fue polémico?
¡Académico!
Fue el periodista totémico
que trajo la democracia
y es, por calidad y gracia,
Juan Luis Cebrián, académico.
Hay que reconocer que Javier Marías no es tan mal escritor como Cebrián –eso es difícil y tampoco hay que exagerar– y, desde luego, su éxito internacional es indiscutible, me guste o no. Eso sí, como opinador y articulista, me parece tan detestable como él. Y aun más detestable, por ser el hijo de un hombre ejemplar, eminente e íntegro como lo fue don Julián Marías, cuyo legado intelectual no hereda de ninguna manera su retoño. Sobre eso va el siguiente ovillejo, que escribí hace tiempo y que tenía guardado a la espera de una ocasión propicia:
¿Quién escribe sin saber?
¡Javier!
¿En soso galimatías?
¡Marías!
¿Y lo publica Polanco?
¡Franco!
Ni de "Corazón tan blanco"
ni del coñazo que da
tiene la culpa el papá
de Javier Marías Franco.
Como coda de esta especie de artículo copleado de hoy, transcribo el último cachondeíto que se me ha ocurrido sobre el personaje, en forma de redondilla:
El microbio de Cebrián
ya ha provocado epidemia...
¡Han metido en la Academia
al nene de don Julián!
Pedir peras a Del Olmo
Quedan gentes puñeteras
que piden peras al olmo;
pero ya parece el colmo
pedirle a Del Olmo peras
Ni se enfrenta a Telesforo
ni a ningún poli sociata,
y encima mete la pata
y deja salir a un moro.
Por eso lo corroboro:
nadie con entendederas
le pide a Del Olmo peras.
Le cuela pruebas de atrezo
cualquier poli desleal.
Juega con él la fiscal
como con un arrapiezo.
Tropieza en cualquier tropiezo,
y, por tanto, no te enteras
si a Del Olmo pides peras.
Redacta como un muchacho
que esté cursando la ESO.
Siente en su conciencia el peso
de ese sumario-gazpacho,
gigantesco y mamarracho...
Allá tú si consideras
que Del Olmo va a dar peras.
Da por bueno lo increíble
porque es un ablandabrevas.
Le falsifican las pruebas
de una manera ostensible...
¡y permanece impasible!
¿Por qué demonios esperas
que nos dé Del Olmo peras?
Quiere cerrar el sumario
porque no puede con él.
No da el mínimo nivel
y le apremia el calendario.
¡Que le paguen su salario
a alguien que instruya de veras!
¡Que Del Olmo no da peras!
que piden peras al olmo;
pero ya parece el colmo
pedirle a Del Olmo peras
Ni se enfrenta a Telesforo
ni a ningún poli sociata,
y encima mete la pata
y deja salir a un moro.
Por eso lo corroboro:
nadie con entendederas
le pide a Del Olmo peras.
Le cuela pruebas de atrezo
cualquier poli desleal.
Juega con él la fiscal
como con un arrapiezo.
Tropieza en cualquier tropiezo,
y, por tanto, no te enteras
si a Del Olmo pides peras.
Redacta como un muchacho
que esté cursando la ESO.
Siente en su conciencia el peso
de ese sumario-gazpacho,
gigantesco y mamarracho...
Allá tú si consideras
que Del Olmo va a dar peras.
Da por bueno lo increíble
porque es un ablandabrevas.
Le falsifican las pruebas
de una manera ostensible...
¡y permanece impasible!
¿Por qué demonios esperas
que nos dé Del Olmo peras?
Quiere cerrar el sumario
porque no puede con él.
No da el mínimo nivel
y le apremia el calendario.
¡Que le paguen su salario
a alguien que instruya de veras!
¡Que Del Olmo no da peras!





