A cada uno lo suyo
A Juan José Ibarreche, mucho tacto;
a Mojamé, flexiones cervicales;
a los lindos zerolos, esponsales,
y a los jeques islámicos, el pacto.
A la ETA, el apaño y el contacto;
el ascenso, a los polis desleales;
a don Jesús Polanco, más canales,
y a Carod, lo que pida –e ipso facto–.
A la mujer mediocre, rica cuota;
prebendas, al sumiso y al pelota;
al progre, subvención (que nunca es magra).
Al alumno, aprobado por el morro;
condones de gañote al calentorro,
y al violador, pastillas de Viagra.





