Letrilla del Gobierno paritario (y 3)
Por sexos los clasifico
y allá cada cual se ubica:
chica, chico, chica, chico
chico, chica, chico, chica…
Es levantina su cuna
e hispalense su apellido,
tiene perfil reducido,
y poca gracia, o ninguna.
Pero, al menos, por fortuna,
mucho más alto no pica.
Chico, chica, chico, chica…
Claramente segundona
pero ni de lejos santa,
al docente solivianta
esta politimelona
que al aplicado arrincona
mientras promueve al borrico.
Chica, chico, chica, chico…
Si así lo logró Belloch
–ministro tras ser juez progre–,
¿qué hay de raro en que lo logre
este, que es también ad hoc?
Todo juez progre en stock
o es ministro o prevarica.
Chico, chica, chico, chica…
Tanta desmaña diversa
precisa quien la organice.
Y para ello está la vice,
que suele ser viceversa.
Ya ni el botox pone tersa
la ajada piel de su hocico.
Chica, chico, chica, chico…
Sin duda el superestar
de tantos astros celestes
es el ministro de testes
que lleva lo militar.
Le subyuga figurar
y en relojes no es roñica.
Chico, chica, chico, chica…
Como ha de haber quien comande
esta grotesca comparsa,
he aquí un forofo del Barça
de ojitos de azúcar cande,
que, aunque pretende ser grande,
es – y aquí lo significo–
chico, chico, chico, chico…
y allá cada cual se ubica:
chica, chico, chica, chico
chico, chica, chico, chica…
Es levantina su cuna
e hispalense su apellido,
tiene perfil reducido,
y poca gracia, o ninguna.
Pero, al menos, por fortuna,
mucho más alto no pica.
Chico, chica, chico, chica…
Claramente segundona
pero ni de lejos santa,
al docente solivianta
esta politimelona
que al aplicado arrincona
mientras promueve al borrico.
Chica, chico, chica, chico…
Si así lo logró Belloch
–ministro tras ser juez progre–,
¿qué hay de raro en que lo logre
este, que es también ad hoc?
Todo juez progre en stock
o es ministro o prevarica.
Chico, chica, chico, chica…
Tanta desmaña diversa
precisa quien la organice.
Y para ello está la vice,
que suele ser viceversa.
Ya ni el botox pone tersa
la ajada piel de su hocico.
Chica, chico, chica, chico…
Sin duda el superestar
de tantos astros celestes
es el ministro de testes
que lleva lo militar.
Le subyuga figurar
y en relojes no es roñica.
Chico, chica, chico, chica…
Como ha de haber quien comande
esta grotesca comparsa,
he aquí un forofo del Barça
de ojitos de azúcar cande,
que, aunque pretende ser grande,
es – y aquí lo significo–
chico, chico, chico, chico…
Comentario:
Pues no lo sé, Padre. Tendría que buscar en el Vogue...
Comentario:
Muy bueno el comentario, Curro. Por cierto, ¿se casó Pepita?
Comentario:
Reverendo Fraile:
Durante el primer año zapateril escribí algunas impresiones. Le envío una de ellas con mi admiración.
EL GUATEQUE DE SANCHO PANZA
Quienes recuerden la época de los guateques, en los que resultaba determinante el asunto de la paridad de sexos, recordarán igualmente la frase aquella de última hora:
- ¡Nada, que faltan chicas! Al final no vamos a tener más remedio que invitar a Pepita.
Y siempre se encontraban Pepitas que acudían felices y en un instante traían bebidas, discos, y todo lo que se les pidiera y más. Claro que también había Pepitas con carácter que, conociendo el paño, sacaban el genio, se ponían en jarras y te mandaban allí donde todo el mundo puede suponer.
Para esa misma generación, cuarenta años más tarde y dado que ya no hace ilusión eso de los guateques, la paridad ha vuelto a estar de moda, solo que ahora no se trata de un baile sino del Consejo de Ministros, que eso sí que es progresar para estos progres. Pero, por lo que se ve, ya no quedan Pepitas con genio y carácter entre la progresía, lo que supone otra prueba del papel de Sancho Panza que está ejerciendo la izquierda mientras imparte doctrina de quijotismo sin ningún rubor.
Parece ser que alguna de las invitaciones de última hora al guateque ministerial, por aquello de la paridad, tenía el condicionante de ser chica y que por otro compromiso debería ser también gallega. Lo de menos es si luego sabe bailar o no, o si sabe defender los intereses agrícolas españoles o no.
Y ahí tenemos a las felices Pepitas como en los mejores días de su adolescencia, saltarinas y satisfechas de que por fin les hayan sido reconocidas en la pandilla sus innegables dotes para el baile. El feminismo de cuota es progresía, igualdad, y sobre todo paridad. La dignidad puede esperar para eso del velo islámico y cosas así.
Aunque la verdad es que si llegar a un ministerio por tacones no es como para subir la autoestima, qué decir de llegar a Moncloa en trenes de cercanías. Pero Sancho sólo piensa en su ínsula barataria: el nuevo guateque.
Durante el primer año zapateril escribí algunas impresiones. Le envío una de ellas con mi admiración.
EL GUATEQUE DE SANCHO PANZA
Quienes recuerden la época de los guateques, en los que resultaba determinante el asunto de la paridad de sexos, recordarán igualmente la frase aquella de última hora:
- ¡Nada, que faltan chicas! Al final no vamos a tener más remedio que invitar a Pepita.
Y siempre se encontraban Pepitas que acudían felices y en un instante traían bebidas, discos, y todo lo que se les pidiera y más. Claro que también había Pepitas con carácter que, conociendo el paño, sacaban el genio, se ponían en jarras y te mandaban allí donde todo el mundo puede suponer.
Para esa misma generación, cuarenta años más tarde y dado que ya no hace ilusión eso de los guateques, la paridad ha vuelto a estar de moda, solo que ahora no se trata de un baile sino del Consejo de Ministros, que eso sí que es progresar para estos progres. Pero, por lo que se ve, ya no quedan Pepitas con genio y carácter entre la progresía, lo que supone otra prueba del papel de Sancho Panza que está ejerciendo la izquierda mientras imparte doctrina de quijotismo sin ningún rubor.
Parece ser que alguna de las invitaciones de última hora al guateque ministerial, por aquello de la paridad, tenía el condicionante de ser chica y que por otro compromiso debería ser también gallega. Lo de menos es si luego sabe bailar o no, o si sabe defender los intereses agrícolas españoles o no.
Y ahí tenemos a las felices Pepitas como en los mejores días de su adolescencia, saltarinas y satisfechas de que por fin les hayan sido reconocidas en la pandilla sus innegables dotes para el baile. El feminismo de cuota es progresía, igualdad, y sobre todo paridad. La dignidad puede esperar para eso del velo islámico y cosas así.
Aunque la verdad es que si llegar a un ministerio por tacones no es como para subir la autoestima, qué decir de llegar a Moncloa en trenes de cercanías. Pero Sancho sólo piensa en su ínsula barataria: el nuevo guateque.
Comentario:
Hermosa rima para tan detestable cacatúa...





