La tierra y la milicia
Para que la tierra cunda,
primero he de hacer la siembra.
La tierra, amigos, es hembra
que en recompensas abunda.
Pero cuando está infecunda
y sus frutos ambiciono,
no rinde si la abandono:
he de ararla, según creo.
Y, después del laboreo,
por supuesto, echar abono.
Hablando de la milicia,
siempre su razón de ser
es saber obedecer,
con honor y con justicia.
Pero si el poder desquicia
a la fuerza militar,
¿hay modo de gobernar
a nuestros hombres de guerra?
Pues, igual que con la tierra,
¡también a Bono hay que echar!





