El desengaño de Carod Rovira
Tembloroso, te atusas el bigote;
reprimes un sollozo y, ojienjuto,
envidias de reojo al sustituto,
tratando de evitar que se te note.
Te sientes tontorrón de capirote;
le arrojas a la cara el Estatuto,
y te duele el baldón de ser cornuto,
burlado, escarnecido y pasmarote.
Te concome el rencor contra el ingrato
que te dejó por uno (Mas) barato
y te hizo aumentativo de cabrito.
Pero, pese a la infame jugarreta,
tú sigues sin soltarte de la teta
opípara y feraz del Tripartito.





