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Los versos de Fray Josepho
Poesía satírica
Acerca de
La identidad de Fray Josepho es un secreto celosamente guardado.
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Homenaje a Juan Pablo II


Este romance de hoy
no es un romance sarcástico,
ni lo he escrito para guasa,
para rechifla o escarnio.
Este romance de hoy
no es flagelo, azote o látigo,
no es caña, leña ni tunda,
no es golpe ni es estacazo.
No es un romance de broma,
ni es para pegarle un palo
a un ministro, a un presidente,
a un mandamás o a un tirano.
Este romance de hoy
no es gracioso, no es salado,
no es chistoso, no es bromista...
sino triste y cabizbajo.
No sé yo si estará bien,
pero es lo que me ha brotado
de las teclas del PC
y, como brotó, lo largo.
Este romance de hoy
me ha salido, por lo tanto,
como elegía, homenaje,
pésame, recuerdo y llanto
a ese hombre que se ha muerto
en Ciudad del Vaticano.
Es un romance mohíno
para llorar a Juan Pablo,
al Papa viajero, al hombre
cuya vida se ha apagado
y ha dejado estremecidos
los corazones cristianos.
E incluso los corazones
que tiran más bien a laicos.
Y corazones agnósticos,
y judíos, mahometanos,
y budistas. Y hasta ateos,
porque este Papa polaco
ha tenido la virtud
de ser, más que Papa, humano.
Y todo el mundo lo quiso
(salvo quien quiso... matarlo).
Este romance de hoy,
repito, es para Juan Pablo,
el que resistió el nazismo
cuando era sólo Karol,
e igualmente resistió
el comunismo tiránico
—pues Polonia, tristemente,
tuvo que sufrirlos ambos—.
Y, luego, cuando ascendió
al Sumo Pontificado,
logró —con su suavidad,
con su presencia de ánimo,
con su firmeza y su ejemplo—
tirar el muro nefasto
que partía en dos Europa,
opresivo y arbitrario.
Este romance de hoy
—no sé si es bueno o es malo—
es para el que se mantuvo
en Roma veintiséis años.
Para aquel que supo estar
igual arriba que abajo.
Para el el que se fue poniendo
viejo, enfermo y encorvado,
y paradójicamente
se fue también agrandando.
Este romance de hoy
no sé cómo terminarlo.
Sólo me sale decir:
descanse en paz, Padre Santo.
No