La flauta trágica
(El domingo 17, cuando ya se conocía, varias horas antes, la muerte de once personas en el incendio de Guadalajara, que había alcanzado proporciones pavorosas, José Luis Rodríguez Zapatero asistía, junto con sus hijas y su esposa Sonsoles –gran aficionada a la música–, a la representación de “La flauta mágica” de Mozart, en versión de La Fura dels Baus. Según parece, el Presidente aplaudió entusiasmado, y en el descanso acudió al bar del teatro, donde departió sonriente con los espectadores que se le acercaron.)
Las imperiosas leyes de la lógica,
unidas al azar meteorológico
y al ancestral descuido antropológico,
causaron la catástrofe ecológica.
La realidad se torna paradójica;
y al rojiecologista demagógico
–que clamó contra aquel Plan Hidrológico–
le aparece la afasia patológica.
La izquierda moralmente es hemipléjica
y, en su sectaria práctica estratégica,
la ruina, si ella manda, nunca es trágica.
Y, aunque el fuego es horrendo y hemorrágico,
ya hablará Zetapé, tan verborrágico,
cuando acabe de ver “La flauta mágica”.





