Diez horas
(Gadafi plantó a Moratinos tras hacerlo esperar diez horas)
Sala de espera exótica y moruna.
Moratinos aguarda. Ya va una.
Pasa el tiempo. No se oye ni una tos.
Moratinos espera. Ya van dos.
Un camarero llega, muy cortés,
y le pone un refresco. Ya van tres.
Se siente como un vil chiquilicuatro.
El reloj da otra hora. Ya van cuatro.
¡La puerta! Moratinos pega un brinco.
Era otro camarero. Ya van cinco.
Da cabezadas… ¡No lo despertéis!
Una horita de siesta. Ya van seis.
Al despertar, bosteza y va al retrete.
Vuelve a sentarse. Gruñe. Ya van siete.
Le sirven té con menta y un bizcocho.
Se lo come enterito. Ya van ocho.
En el sofá se agita y se remueve.
No encuentra la postura. Ya van nueve
Musita un taco horrísono y soez.
Se mesa los cabellos. Ya van diez.
A punto de llamar a Zapatero,
aparece un morito recadero:
“Disculpa a prisidente por ritraso:
riunión con cansiller Burkina Faso.
Suplica a Muratinos qui lo aguarde,
piro mijor maniana, qui hoy es tarde”.
En la Alianza de Civilizaciones
es Curro el que se come los marrones.
Un día, con frialdad y a toda prisa,
le oyó siete segundos Condoleezza.
Y ahora con los moros, más afines,
le pegan un plantón de récord Guiness.
En conclusión: que ya hasta el sarraceno
nos toma por el pito del sereno.





