José Antonio, Cristina o La Veneno, como realmente era conocida, fue una de las primeras apariciones televisivas que podemos considerar perteneciente al mundo friki. A comienzos de los 90, cuando Pepe Navarro “cruzaba el Mississipi” como indiscutible líder de la noche, se sacó de la manga a un descarado travesti que ejercía la prostitución y lo convirtió en todo un éxito televisivo. Con gran asiduidad, aparecía “La Veneno” en el programa, para decir alguna que otra barbaridad, o para enseñar esos pechos que desafiaban la ley de la gravedad y que podían sostener, incluso, la gran cabeza del presentador.

Y como gran personaje popular, no podía faltar una frase característica y pegadiza (¡Digooooo!) que hizo que La Veneno, una persona emergida de lo más profundo del subsuelo social, se convirtiera en uno de los primeros frikis, si no el primero, en deslumbrar a la sociedad española. Y después de probarlo, estos espectadores ávidos de morbo, caspa, marginación, subnormalidad y sexo, no pudieron dejar saborear lo más laureado de nuestro gran país, cantera de tantos fenómenos, por lo que muchos de los programas que siguieron al de Navarro les sirvieron su ración de frikis cada día.
Por tanto, podemos decir que gracias a La Veneno, o más bien al gran Pepe, aprendimos a apreciar y a necesitar cada noche, la presencia de alguna persona desequilibrada y rara, perteneciente a lo más bajo de la sociedad, que llenara el hueco dejado por los famosos y las personas normales, y calmara nuestras ansias de saber.
Mujer atractiva y sexi caracterizada por sus labios sensuales y carnosos, sus carnes morenas y sus pechos turgentes, que presta gran dedicación a la canción española (cuando el porno le deja algún hueco), gracias a la cual podemos disfrutar de su gran voz celestial, únicamente superada por las míticas apariciones de Joselito “El pequeño ruiseñor” en el viejo programa de Parada.

La gran Carmen, pionera de la transexualidad en España (aunque se haya quedado a medias), comenzó en los años 60 en los clubes más importantes de Barcelona (como el Copacabana) ofreciendo actuaciones estelares, por las que consiguió fama y cariño en la ciudad condal. Pero su galardón como friki se lo ganó en su madurez, cuando empezó a mostrar esa lengua incansable en los programas de Alfonso Arús (“Al Ataque” de Antena3 y “Força Barça” de TV3), gracias a la estimable ayuda de un joven Javier Cárdenas que ya tenía bien claro que lo suyo era recorrerse el país en busca de nuevos talentos. Fue entonces cuando empezó su triunfal carrera televisiva, encumbrada en “Crónicas Marcianas” con una sección fija en la que un concursante tenía como premio degustar las mieles de sus labios.

Pero Carmen, como gran artista polifacética, decidió probar su talento en otros ámbitos culturales como el cine (“Yo soy puta porque mi coño lo disfruta” o “Por detrás me gusta más”) o la poesía. Gracias a esta última faceta, el mundo no se ha perdido un libro de poemas, del que extraemos lo que sigue (no aptos para mentes puras e inocentes):
- Yo tengo mucho glamour porque me ambiento el coño con ambipur.
- Que electricista ni que electricista, tengo el coño que me hecha chispas.
- Soy como la Pantoja, polla que veo, polla que se me antoja.
- Soy como Madam-Kiros, que me como las pollas de dos en dos.
- Todo lo que tengo de morro lo tengo de potorro.
- Soy como las de Logroño, polla que cojo polla que me refriego por el coño.
- Disfruto como un enano, con una polla en cada mano.
Desde Dos Hermanas, localidad cercana a Sevilla, nos llega uno de los frikis que ha hecho historia en la televisión. Imitado por todos y por nadie respetado, Carlos Jesús es el único personaje capaz de mezclar religión con naves espaciales y extraterrestres, y de llevar dentro de sí dos personajes más (enviados especiales del más allá con los que conecta) conocidos como Crístofer y Micael. Tres frikis en uno, ¿quién da más?

En su casa (que funciona como improvisado hospital de Dos Hermanas) el prestigioso curandero pasa consulta a un rebaño de jubilados, que se asombran ante los milagros del nuevo profeta. Paralíticos que se levantan de la silla de ruedas, ciegos que recuperan la vista (que suerte poder tener como primera imagen la gran barriga, escondida bajo la túnica, del enviado de Dios), elevaciones de las piernas de marujas sesentonas, sin que ellas muevan un músculo.

Y todo este gran espectáculo a cambio, tan solo, de la voluntad, que en el caso de Carlos Jesús venían a ser unas 5000 pesetas de las de antes.
Gracias al duro trabajo (hecho con inocencia y sin maldad) del incansable Cárdenas, el curandero se dio a conocer a principios de los 90 en los programas de Alfonso Arús (“Al Ataque” y “Força Barça”), a través de los que conocimos Raticulín, Ganímedes o Antercherán. En una de sus intervenciones, estando poseído por Crístofer, dio detalles del lugar donde tuvo una de sus apariciones, sitio de culto hoy en día: “Jesús se me materializó en la calle Provenza, trece-quince, segundo primera, delante de una churrería.”
Gracias a otro caza talentos, como Jesús Quintero, descubrimos a finales de los 90 en El Vagamundo (Canal 2 Andalucía) a Manolito Pozí, la auténtica reencarnación del serial radiofónico español. Por su incansable labor de repetir, una y otra vez, los diálogos de estas novelas que triunfaron en los años 50, y además dándole un toque poético (con pausas totalmente intencionadas, en busca de conseguir mayor dramatismo y con la indumentaria adecuada para sentirse dentro del personaje, siguiendo el método Stanislavski), seriales como “Ama Rosa” permanecerán siempre en nuestra memoria.

Poco a poco, Pozí se fue adentrando en los corazones de todos los andaluces, para acabar siendo el rey de la poesía en el mundo friki a nivel nacional, tan solo amenazado por las perspicaces rimas de Carmen de Mairena.
Perteneciente a Barbate (localidad gaditana), este experimento de la naturaleza, que por supuesto salió mal, debe su nombre a la frase que dice en un 90% de sus intervenciones, es decir, "pozí".
Con una altura inferior al metro y 30 cm., unas manos inmensas y largas y una joroba más grande que su cabeza, Manolito logró su cúspide como friki en el programa dirigido por Javier Sardá “Crónicas Marcianas”, donde nunca escondió la atracción sexual que sentía por Cárdenas (como no, también metido en el programa que ha dado cabida más frikis en el siglo XXI) o por cualquier persona capaz de mear de pie.
Si tenemos que hablar de alguna pareja friki, destacamos, sin ninguna duda, a la formada por Juan Joyas y el Peito, o lo que es lo mismo “El risitas” y “El cuñao”. Artísticamente nacieron en el programa "El Vagamundo" (Canal 2 Andalucía), presentado y dirigido por el gran Jesús Quintero. Estos personajes se caracterizan por rayar la demencia en cada una de sus absurdas conversaciones con el presentador, y por sus viejos chistes mal contados e inacabados. El líder y portavoz del grupo es el Risitas, ya que el otro tan solo nos mostraba su perfecta dentadura (sólo un diente pero bien brillante) cuando abría su gran boca y reía silenciosa y ahogadamente.
Y digo mostraba porque el gran Peito murió hace un par de años, víctima del alcohol y la mala vida.
En cambio, Juan Joyas sigue contagiándonos su patética y estridente risa, después de cada chiste, y aunque no tenga al lado a su compañero artístico y cuñado, sigue gritando la frase triunfal que los llevó al estrellato: CUÑAOOOOOO. Y lo sigue haciendo en el nuevo programa de Quintero (“El loco de la colina”), una continuación de “El Vagamundo” pero con difusión nacional (gracias Jesús por compartir tus engendros no sólo con tus paisanos), ya que todas las semanas el presentador sevillano nos ofrece la compañía del cuentachistes más patético, entre poema y poema. Pero hay que reconocer, que El Risitas, no solo tiene la suerte de ser friki, sino que además es fiel, ya que nunca ha traicionado a su descubridor (o más bien cazador) ni se ha dejado querer por el gran imperio friki (Crónicas Marcianas) desde que lo conocimos a finales de los 90.