Aquí desde mi torreta...
Trabajo en un edificio de oficinas de esos altos e imponentes con mucha gente dentro que desearía estar haciendo otra cosa en ese momento. Aquel día me encontraba en una reunión de esas multitudinarias en la que sobraba por completo pero... algún lumbrera había decidido invitarme para que me sintiera parte del maravilloso equipo que es esta empresa, y sí, lo digo con todo el sarcasmo que mi humilde pluma es capaz de expresar.
Lo bueno de los edificios altos es que te ofrecen una inmejorable vista de la urbe y mientras en la reunión se hablaba de lo divino y de lo humano, yo miraba por la ventana buscando alguna distracción, y por suerte (o por desgracia) desde aquella ventana se veía un campo de fútbol de hierba artificial en perfecto estado, y en esa cancha, un grupo de amigos jugando una pachanga. Supongo que eran un grupo de amigos porque en su relajación se notaba que no se estaban jugando la champions league y además porque no tenían portero y se iban turnando los miembros de los improvisados equipos en el puesto de cancerbero.
Para un jugador de campo ponerse de portero es como estar en el patíbulo, se queda ahí como atado al poste esperando a que el delantero rival le propine el tiro de gracia, sin ofrecer ni un mal amago de resistencia, consideran el gol rival como esa pena capital inevitable, y yo como guardameta que soy (más por vocación que por talento) sólo podía observar impotente, desde mi privilegiada atalaya, ese dantesco espectáculo de desidia porterística pensando "Si Lev Yashin levantara la cabeza..."
Yo intentaba mandar consejos telepáticos al portero de turno, pero una de dos, o mis habilidades como telépata dejan mucho que desear, o los improvisados cancerberos decidieron, como se dice en lenguaje popular, no hacerme ni puñetero caso. En más de una ocasión estuve a punto de fingir una urgencia para poder salir corriendo hacia ese campo para defender con uñas y dientes ese arco deshonrado por porteros de emergencia y mostrar como mata y muere un guardameta de verdad.
En fin, que el partido acabó con un resultado digno de un partido de balonmano y esa reunión entró por la puerta grande en mi "top ten" de pérdidas de tiempo y me dejó en el cuerpo un mono de fútbol impresionante.
Lo bueno de los edificios altos es que te ofrecen una inmejorable vista de la urbe y mientras en la reunión se hablaba de lo divino y de lo humano, yo miraba por la ventana buscando alguna distracción, y por suerte (o por desgracia) desde aquella ventana se veía un campo de fútbol de hierba artificial en perfecto estado, y en esa cancha, un grupo de amigos jugando una pachanga. Supongo que eran un grupo de amigos porque en su relajación se notaba que no se estaban jugando la champions league y además porque no tenían portero y se iban turnando los miembros de los improvisados equipos en el puesto de cancerbero.
Para un jugador de campo ponerse de portero es como estar en el patíbulo, se queda ahí como atado al poste esperando a que el delantero rival le propine el tiro de gracia, sin ofrecer ni un mal amago de resistencia, consideran el gol rival como esa pena capital inevitable, y yo como guardameta que soy (más por vocación que por talento) sólo podía observar impotente, desde mi privilegiada atalaya, ese dantesco espectáculo de desidia porterística pensando "Si Lev Yashin levantara la cabeza..."
Yo intentaba mandar consejos telepáticos al portero de turno, pero una de dos, o mis habilidades como telépata dejan mucho que desear, o los improvisados cancerberos decidieron, como se dice en lenguaje popular, no hacerme ni puñetero caso. En más de una ocasión estuve a punto de fingir una urgencia para poder salir corriendo hacia ese campo para defender con uñas y dientes ese arco deshonrado por porteros de emergencia y mostrar como mata y muere un guardameta de verdad.
En fin, que el partido acabó con un resultado digno de un partido de balonmano y esa reunión entró por la puerta grande en mi "top ten" de pérdidas de tiempo y me dejó en el cuerpo un mono de fútbol impresionante.
Comentario:
He de realizarte la observación de rigor al respecto puesto que me he carcajeado a más no poder al leer lo escrito por lo sucedido en ésa reunión tan "fructífera", jaja¡.
Pero supongo que tendría que ser mucho más cómica si cabe la exposición de como las facciones de tu cara iban desencajándose cada vez que vanamente intentabas repeler ésas acciones que veías trasncurrir en la pachanga, si todavía algún compañero tiene noción de aquella reunión, estoy convencido que aún recordará la retáhíla de muecas que representaría tu cara.
Pero supongo que tendría que ser mucho más cómica si cabe la exposición de como las facciones de tu cara iban desencajándose cada vez que vanamente intentabas repeler ésas acciones que veías trasncurrir en la pachanga, si todavía algún compañero tiene noción de aquella reunión, estoy convencido que aún recordará la retáhíla de muecas que representaría tu cara.























