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GAMBITO DE PEÓN (El Cuento Breve)
El espacio para tus brevísimos y casi invisibles cuentos. Aquí no hay jugada imposible.
Acerca de
Dirigido por Ricardo Sumalavia. Las colaboraciones se recibirán en la dirección: rsumala@yahoo.com Los cuentos no deben exceder las 500 palabras.
Sindicación
 
Arungquilta


El eclipse comenzaba a vislumbrarse. Recluido en la caverna, rodeado de las pinturas rupestres pigmentadas por sus ancestros, el chaman comenzó el rito. Debía expulsar a” Arungquilta”, el demonio que se apodera del sol.

Para ello, según las costumbres rituales, tomo la caja de piedra donde se hallaban los polvos para la ceremonia Acomodo en su mano las cenizas grisáceas y paternales amalgamadas con el picante “pituri” y aspiro profundamente la mezcla. A pesar de sus esfuerzos para que se cumpliera la profecía afuera reinaba la total oscuridad.

Liliana Mabel Savoia (Argentina)
 
El otro, el mismo
Fui jurado del concurso nacional de cuento Pluma Joven durante veintisiete años. Todavía evoco algunas tramas (y en este caso por "algunas" debe entenderse demasiadas), pero lo que más recuerdo es un hecho. A partir del segundo certámen, nos llegaba todos los años un mismo cuento que rechazábamos sistemáticamente. El concursante cambiaba de pseudónimo cada vez, y fue Bloom, Nerval, Petronio, L. W., El Caballero de la Triste Figura..., mientras el cuento, salvo por el título, seguía siendo idéntico: la misma historia sin sustancia, la misma forma sin tensión. Lo conversamos todos los jueces cuando se hizo llamativo (¿por qué no altera una coma?, ¿qué es lo que espera?) y pronto nos acostumbramos a reconocerlo repetido y sonreír con complicidad. Después de veintidós intentos, finalmente participó con otro texto. Lo reconocimos por el pseudónimo "Rocinante", que era la tercera vez que usaba, y por ciertas constantes en el estilo que en esta oportunidad un argumento bastante sólido ostentaba con más brillo. Ganó una mención honrosa. El día de la premiación, no pude contener mi curiosidad. La vi sentada, con una expresión algo vacía, en medio de los demás ganadores. Me reconoció. Después de las cortesías del caso, fui directo:

-¿Por qué mandabas tantas veces el mismo cuento?

Me miró un momento. No me entendió. Instantes después, lo hizo mejor que yo.

-Disculpe, pero este es el primer cuento que envío.


Marco Tulio Capica
 
Dos de Carlos Amézaga
Fábula de la Serpiente y la Manzana

La serpiente se acercó a la única mujer y le dijo: “Come de esta manzana que te dará el poder”. La mujer sospechó de la serpiente, le entró un poco de temor y no respondió. Corrió a encontrarse con el hombre y le contó lo sucedido.

El hombre partió a buscar a la serpiente seguido de la mujer. Cuando la hallaron durmiendo, el hombre la cogió y, sin miramientos, hizo un doble nudo con ella y se apropió de la manzana.

Antes de dar el primer mordisco, miró con sorna a la mujer.



Fábula del Lobo


El Lobo, el Lobo!!, aullaba el joven pastor, aburrido, sentado en una piedra, sin más ocupación que ver retozar a sus ovejas. Las dos veces anteriores en que gritó, los pastores amigos y algunos vecinos habían acudido presurosos a su llamado y se fueron frustrados por lo que pensaron era una broma pesada.

Esta vez, el día de luna llena, ya no aparecieron. Empezó entonces su transformación: pelos, dientes afilados y poderosas garras. Totalmente alterado, arremetió contra las ovejas, mató a 3 y dejó los restos a las aves carroñeras.

Despertó al lado del río, confundido, desolado.




Carlos Amézaga (Perú)
 
El cuidador
Me encargaron cuidar a un muerto. Entretenlo, me dijeron. Lo toqué, estaba tan duro, tan tieso. Su boca sin aliento era una caverna de vacío. Se veía como esas larvas que dejan tras de sí las mariposas al
nacer: un envoltorio de carne en putrefacción en donde hubo algo alguna vez —ni pensar que todos llegaremos a eso—. En un momento temblé, uno siempre teme cuando está cerca de un muerto ¿y si se levanta?, piensa uno. Saqué mi libro de poemas que había estado leyendo y le leí uno. Pareció gustarle, se movió un poco, como
si asintiera. Le leí otro, ya no lo miré, no quería romper ese lazo que, precariamente, comenzaba a tenderse entre nosotros. Seguí leyendo. La madrugada nos sorprendió con sus trinos y bostezos de luz. Abandoné la sala a la hora acordada, no sin antes prometerle: No se vaya a ir usted. Mañana vengo, y movió un poco un dedo como si se estuviera despidiendo.


Armando Ayala Santos (Puerto Rico)
 
Sobre el microrrelato (una vez más)
Veo por todas partes, y con sumo agrado, que el microrrelato gana cada vez más lectores. Y, para sorpresa de muchos, gana premios. Hace poco tuve la suerte de presenciar en Barcelona la entrega del Premio Salambó, obtenido en esta versión por el libro de microrrelatos La glorieta de los fugitivos, del escritor José María Merino. Este premio se distingue frente a los demás por no comprometer ninguna dotación económica ni publicación futura y porque entre los finalistas pueden encontrarse novelas, nouvelles, cuentos y toda variante narrativa. Pues bien, que el libro de Merino convenció al jurado, dejando como finalistas, entre otros, nada menos que a Tu rostro mañana 3. Veneno y sombra y adiós, de Javier Marías; Habíamos ganado la guerra, de Esther Tusquets, y Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas. Hasta aquí, todo perfecto. Un reconocimiento para tan notable libro, gran escritor y, por qué no decirlo, al tesón de su editorial, Páginas de Espuma, que sostiene su prestigio apostando por el cuento. Me imagino que esto animará a muchos a seguir con la práctica del microrrelato. No para ganar premios, por supuesto; sino porque el género de la ficción breve va ganando autonomía: con sus lectores, editores y escritores.
Ahora quiero salir un poco de la fiesta y preguntarme qué ha pasado en los últimos años para que este género haya cobrado tanto prestigio. ¿Porque su escritura es más rápida?, ¿y su lectura también?, ¿porque en este nuevo milenio todo va a tal ritmo que no hay tiempo para leer textos con cientos de páginas? A todo esto no me queda más que responder que no. En esta época las personas, a pesar de todo, siguen dispuestas a escribir y leer miles de páginas. Creo que se trata de un asunto de sensibilidades. Así como hay personas que prefieren ver su entorno con una lupa o un microscopio, hay las que prefieren verlo con un largavista o telescopio. Los que leen microrrelatos se asemejan a los de la lupa.
Lo que podemos comprobar, también, es que en ambos casos hay un aparato de por medio que nos ofrece la ilusión de que lo visto, inmenso o minúsculo, está al alcance de nuestras manos. Y no podemos negar que es una maravilla al menos ver lo que no podemos tocar.
 
R.I.P


Poco antes de la medianoche, la tormenta estaba en su fragor. Rayos y truenos copaban el espacio. La lluvia, abundante, me dejaba avanzar sólo a trompicones.

Cuando por fin encontré mi nombre, me puse a cavar. Removí y saqué montículos, la tierra mojada aliviaba un poco mi tarea. Hasta que llegué al fondo.

Como lo sospechaba, la tumba estaba vacía.

Sorpresivamente, todo cesó. Los truenos se apagaron y los relámpagos dejaron de rasgar las nubes en el cielo.

Mientras las últimas gotas caían perdidas, me tendí en el suelo. Crucé los brazos, y cerré los ojos.

Descansé en paz.


Carlos Amézaga (Perú)
 
TRES DE MAZEYRA
Lamento tardío

Hoy aprendí que no hay que acosar a la maestra. Creo que con un par de cocachos hubiera sido suficiente, ¿quién iba a pensar que ella tenía un verduguillo?




Vicisitudes

Con el beso que le di anoche ya vamos por los cuatrocientos diez. Los cuento todos porque sé que el último nunca nos lo llegaremos a dar.





El país de los creadores

Era un pueblo en donde todos éramos creadores notables: cuentos y novelas de envergadura. Todos nos leíamos pero, eso sí, nunca nos criticábamos. Un extraño aire se respiraba, opinábamos de todo menos de nuestros libros. A veces me pregunto si en verdad somos notables o si nos gusta vivir esta fantasía real que parece transgredir cualquier entendimiento crítico.


Orlando Mazeyra (Perú)
 
LIBRE LEVEDAD DE LOS CUERPOS


Cuento para el hombre que calla

Cierta vez, alguien dijo que una mujer en la vida del hombre era como un río, y murió ahogado.

Jamás llegó a importar el torrente.




Statu quo

Una mujer me preguntó:
–Qué es lo que no te gusta de ti?
–Tú.




Persistencia

Aún sigo encontrándome remedio. No toco flores ni mujeres: Se mueren.



Cromwell Castillo (Motupe, Perú)
 
2246
-Mamá, ¿Qué es un árbol?-preguntó el chiquitín.
La madre sonrió tristemente entre sus escamas y sólo meneó ambas cabezas.

José Adolph (Perú)
(te extrañaremos)
 
Serie de Luis Gallardo
Segunda oportunidad

El deseo le fue concedido: regresó a su muy poco aprovechada juventud. Desde entonces se aburre y aburre a los demás esperando algún día encontrar un genio.



Percepción

La entrada, en extremo colorida. El segundo, un exquisito concierto. El postre, un relámpago que quiebra la quieta bóveda nocturna con su esplendor de luz y sonido. Dios mío, ¿qué sería mí sin la buena cocina y la sinestesia?


Estampida

El Presidente, sentado junto al Secretario General, colocó el lapicero en la línea que estaba sobre su nombre. El lapicero se quiebra y la tinta líquida se derrama sobre el tratado de desarme. Las analogías son infinitas; automáticamente todos los presentes sueltan una audible pero discreta risa, mientras ensayan mentalmente alguna frase ingeniosa, y muchos llegan a alguna, pero se casi automáticamente se preguntan: ¿demasiado incorrecta? ¿demasiado inocente? ¿muy sarcástica? ¿poco atrevida? ¿obvia? ¿triunfalista? ¿oscura? ¿pesimista? Todos -hasta el más remoto espectador- callan. Ese incómodo segundo pasó a la historia como aquel en el que nunca antes tantos tuvieron tanto miedo al miedo mismo.


Negligencia

Cuentan que aquí mismo, en el primer piso, en la sección de contabilidad, dos electricistas murieron durante el asalto de hace veinte años. Dicen que uno, presa del pánico, quiso escapar por la ventana del baño; el otro, que no era un jovencito, sólo atinó a enrollarse dentro de una alfombra para que no lo vean. Cuando la policía entró, los tomaron por asaltantes y, bueno, pasó lo que tenía que pasar. Por supuesto, los rumores que siempre aparecen cuando ocurre una muerte violenta no son ninguna excusa para irse temprano a casa, pero yo de todas maneras apreciaría mucho que los interruptores funcionasen de vez en cuando.



Luis Gallardo (Perú)
 
El cantar de los cantares


Cristianos como eran, Bradley y su novia se esperaron a la noche de bodas. Rodeado de las Montaňas Ozark, esa abrasadora tarde de junio en que el sol parece sobarnos las axilas (como bola de desodorante), y las narices, el joven conducía bastante a gusto, sintiendo la frialdad del aire acondicionado deslizarse por sus manos. Mientras aceleraba, un poco impaciente, pensó en el hotel: tembloroso, imaginó el Cantar de los cantares que le aguardaba. Ya no sería pecado posar sus manos en esos lugares de su esposa que tantas veces había evitado.
Fue en cuestión de segundos. La bondad que lo caracterizaba a ojos de su comunidad lo condujo a un brusco giro de timón para esquivar una inocente ardilla; saltarina, atontada por el calor, pobrecilla, cruzó la hirviente franja de asfalto … el joven terminó sus días con el cráneo destrozado en el nosocomio del pueblo. Jill se sintió la virgen María sin Jesús y sin José el resto de sus días.
La viuda virgen, se dijo Jill, para sí, en la alcoba nupcial, con una sonrisa que sintió le desdibujaba el pecado, al momento en que su segundo esposo, que no había tenido la paciencia de Bradley, pastor también, estaba a punto de salir del cuarto de baño del hotel en Hot Springs, dispuesto a gozar una luna de miel anticipada en más de varias, muchísimas ocasiones.


Nelson Ricardo Ramírez (Perú)
 
Hoja de afeitar
Yo posaba desnuda, cada día, entre las nueve y el mediodía. Y cada día, un hombre sentado al extremo izquierdo de la primera fila me dibujaba durante tres horas. Luego, exactamente a mediodía, él sacaba de su bolsillo una hoja de afeitar y, sin quitarme los ojos de encima, rasgaba meticulosamente su dibujo. Yo no me atrevía a moverme, yo lo miraba hacer. Enseguida él dejaba el taller, abandonando detrás de sí los pedazos de mí misma. La escena se repitió doce veces. El décimo tercer día no vine a trabajar.



Sophie Calle (ésta es una traducción bastante libre de uno de los textos de esta notable artista francesa aparecido en Des histoires vraies, Actes Sud, 2002.)
 
Guerra avisada


A medianoche escucho que algo rasguña la madera de una de las puertas de mi casa. Me levanto, cojo el palo de escoba que está a mi lado y escucho con atención. Ahí está de nuevo. Me pongo los zapatos, voy hacia la puerta y pego la oreja a ella. Un débil gemido se cuela por las rendijas. Apoyo un hombro sobre la puerta y abro con cuidado, para evitar que alguien se me eche encima empujándola. A la altura de mis rodillas, aparece un par de ojos, borrosos por la oscuridad, que me piden permiso para entrar. Dejo que mi perro pase, pero de todas maneras trato de ver hacia fuera, asomándome por filo de la puerta. No hay nada. Nunca hay.


Luis Gallardo (Perú)
 
El gigante


Era un tipo de una dimensión desproporcionada, demasiado alto. Con decirte que cuando él quería mirar al cielo tenía que agachar la mirada.


Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, Perú)
 
Homosapiens

No me gustan las mujeres: tienen el pene muy escondido.

Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, Perú)
 
Taxi
Algún cliente lo encontró por ahí y lo dejó en recepción pensando que se trataba de uno de las salamandras del acuario. Pero no se parece en nada a una salamandra. Deben haberlo pensado porque ver a un pez fuera del agua, empujándose con las aletas sobre el piso, no es creíble. Es del tamaño de un gato, tiene los ojos saltones y la boca siempre está entreabierta y moviéndose, como la de alguien que trata de recuperar el aliento. A los huéspedes les causa mucha gracia esa cara de desubicado. Ya se ha vuelto una costumbre escucharlo al amanecer arrastrarse por el hall de entrada y verlo acercarse al escritorio de la recepción; entonces si, como ahora, me ha tocado el turno de la noche, lo cojo por la panza y lo pongo sobre el escritorio y le digo una tontería como: “Bueno señor, ha sido un verdadero gusto tenerlo con nosotros y nos apena sobremanera que haya decidido usted retirarse con tanta premura. Si me lo permite, solicitaré un taxi que lo lleve a…”
En este momento juraría que las comisuras de su boca se acaban de torcer hacia arriba.


Luis Gallardo (Perú)
 
Ronca, tú ronca, maldita

Coral ronca por las noches. Coral es muy fácil de voltear cuando ronca por las noches, basta con la yema de dos deditos de nada para ponerla de costado y que cesen sus ronquidos. Es esto algo que me tranquiliza mucho porque pienso que el día que se porte mal, sólo tendré que esperar a que caiga la noche para sacarla rodando de la cama hasta la calle.

Lenisio Dimas, Barcelona.
 
Nuevas jugadas, nuevos pensamientos
Ante todo, un feliz 2008 a todos. Este año sigue Gambito de peón. La regularidad de los posteos no sólo depende de los envíos de microficciones, sino de la calidad de los mismos. Pero eso quiero agradecer a quienes, a pesar de que no he colocado varias de sus colaboraciones, perseveran en sus envíos, y por ende en su escritura. Muchos lo ha tomado como un reto, no contra mí, por supuesto, sino con la escritura misma. Esto me parece genial.
Este año también quiero agregar más reflexiones en torno a la microficción. En tiempos recientes se vienen publicando algunas teorías sobre la microficción, pero veo que se ahonda más en sus aspectos formales. Me gustaría que alguién reflexione sobre el porqué de este resurgimiento del género (si es que cabe hablar de resurgimiento). Habría que ser ingenuos para creer que se trata de modas o ventajas editoriales. Me aventuro a dar una razón -que ameritará mayor desarrollo, sin duda-. En las últimas décadas del XX se hablaba mucho de la posmodernidad y, en el caso de la narrativa, se destacaba como uno de sus rasgos distintivos la fragmentación. Pues bien, creo que esa práctica llevó, paradójicamente, a muchos escritores a otorgarle cierto cierto carácter autónomo al fragmento. En el fragmento se potenció la libertad expresiva, el sincretismo, narrar, pensar, poetizar, etc. Si vemos un poco más atrás, cosa no muy distinta sucedió con el haiku. Rastreando sus orígenes, se dice que derivó de la última estrofa del tanka. Y ya vemos lo que representa el haiku, y no sólo para la literatura japonesa.
Suelto esta reflexión, muy breve por cierto.
 
Arqueología y azar


Muchas copas pueden haber sido horneadas en el periodo indicado, con los materiales característicos de la zona y tener los diseños y detalles propios de la cultura que la concibió, y por lo tanto podrían considerarse candidatas a ser la verdadera, pero sólo una lo es, y en consecuencia probar su autenticidad es de vital importancia. Eso, dejando de lado el hecho de que es extremadamente improbable hallarla, aunque no inverosímil. Cabe la posibilidad, por ejemplo, de que un pequeño fragmento, alejado durante siglos de los otros que lo acompañaron cuando estaba entera, sea barrido en una plaza cualquiera y de pronto se encuentre con otro dentro de la papelera, y entonces de ésta surja un arbusto colosal que explote en llamas que no lo consumen, coja al pobre empleado de limpieza de las solapas y lo devore sin misericordia alguna. De modo que no es un problema de probabilidades sino de consecuencias.

Luis Gallardo (Perú)

 
Despertares


Sobresaltado, miro a mi alrededor. Todo está quieto. Al parecer, apenas he logrado evitar que el grito que me sacó del sueño me delate en la realidad. Escucho con atención unos instantes más, para asegurarme. No, nadie más se ha despertado. Me acomodo de nuevo entre las sábanas. A punto de dormirme otra vez, recuerdo que, en verdad, aún si hubiese gritado con todas mis fuerzas, de cualquier forma eso a nadie que me escuchara le habría importado un pepino... entonces siento que me agito de nuevo... creo que voy a gritar...

Luis Gallardo (Perú)