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GAMBITO DE PEÓN (El Cuento Breve)
El espacio para tus brevísimos y casi invisibles cuentos. Aquí no hay jugada imposible.
Acerca de
Dirigido por Ricardo Sumalavia. Las colaboraciones se recibirán en la dirección: rsumala@yahoo.com Los cuentos no deben exceder las 500 palabras.
Sindicación
 
El cancerbero


Fui al bosque a meditar cuando encontré al cancerbero. La cabeza de la izquierda era mi rostro cuando niño, la del centro, mi rostro cuando adulto, y la de la derecha, mi rostro cuando anciano.

Las tres cabezas del cancerbero rugieron a la vez. Yo no tuve miedo. Caminé hasta la orilla de un río, la bestia me siguió con leves bramidos.

Nos quedamos contemplando nuestros rostros en el agua. Todo se volvió tranquilo. Estábamos listos para hacernos una sola criatura.

Luis Zúñiga Morales (Perú)
 
Una rosa para ella
Ella se casó en Copenhague la tarde del 14 de Abril. No tuvo invitados ni traje de novia con larga cola, ni orquesta, ni novio. Quiso decir acepto pero no lo hizo porque nadie la escucharía y prefirió guardárselo para sí misma, por eso calló.
Por la noche nadie se fue y se quedó sola con su esposo sin cuerpo, se quitó la ropa, se besó en el cuello y se hizo el amor a oscuras.
A la mañana siguiente despertó y vio el otro lado de la cama vacío. Pensó que su flamante marido había ido a recoger alguna rosa del jardín de a lado y por eso se volvió a tirar en la cama. Pasaron las horas y él no llegaba con aquella flor recién arrancada. Ya de noche se sintió sola y llamó a su mejor amiga que no tenía voz ni nada que decir. No sabía que ocurría, no entendía porque estaba sola y porque todo era tan cotidiano.
En la madrugada no pudo resistir más. Tomó una ducha fría y mientras el agua recorría su cuerpo supo que nunca más volvería a ver a su marido. Salió desnuda de la casa, corrió por entre los árboles y llego al rosal. Tenía razón, ninguna rosa había sido arrancada. El hombre que nunca había llegado a su vida se había ido para siempre.
Ella regresa a casa y es como la tarde de su boda, sola, vacía, silenciosa. Cuelga una cuerda de la viga del baño y se ahorca. No pudo soportar la tristeza, la soledad, el abandono...


Jorge Armando García (Perú)
 
La extinción de los unicornios
En un otoño futuro, dejaremos de imaginar al equino fantástico, a su cuerno puntiagudo y benéfico. Su palabra pasará del diccionario a las fábulas de los niños –regresará...-, de las fábulas de los niños a las de los abuelos, se morirá con ellos. Sonarán sus coses en conversaciones distraídas, sin el vigor suficiente. En todos los casos, aunque mantendrá la altivez propia de su inmaterialidad, será temeroso, conciente de su paso efímero y de que su lomo ya no recibirá jamás la levedad de las vírgenes.

Es seguro que los románticos –que siempre hay- describirán su pelaje, su vigor y su magia, se burlarán de las miradas sospechosas, que solo saben de parientes que ganan un sueldo en los hipódromos; los más osados, incluso, colocarán afiches con un “se busca” al pie de su perfil.

Todo en vano. La gente pensará que se equivocaron al dibujar un caballo, que esa palabra nueva no solo es inútil, sino hasta fea.

Entonces, cuando aparezca celebrando su revelación con relinchos completos, contestaremos el teléfono inalámbrico, prenderemos el aire acondicionado, correremos a la cocina al llamado inminente de un microondas, de espaldas a la estocada mortal de su espiral de hueso.


Marco Tulio Capica (Perú)
Del libro inédito Está estética