Asunto de Mitos
Tengo un mito encerrado en el cuarto del fondo de mi casa. Allí está a oscuras pero le gusta, porque cuando he encendido la luz me ha visto de soslayo con mirada irritada. Ya me he acostumbrado a la penumbra del cuarto, así que no hay gran problema. Sé que le gusta estar a solas, veo cómo resiente mi presencia y trata, de la mejor manera que puede, de soportar mis inquisiciones sin llegar a exasperarse. Pero sé que me necesita, que, aunque no lo quiera, depende de mis historias, porque se alimenta de ellas y le permiten crecer día a día. Anoche le conté cuando escribí mi primer cuento. Me senté en el escritorio y abri la tapa de la maquinilla —en ese entonces no eran comunes las computadoras— puse una hoja en blanco en ella y comencé a escribir página tras página hasta llegar a la número siete en la que puse, a tres cuartos de ella, la palabra FIN. Era un cuento automático y perfectamente redondo, terminaba por el principio. Esa fue la primera y única vez que escribí un cuento así. Vi como el mito comenzó a crecer y por un momento pensé que sus pieles no le darían para tanto. Esta mañana fui a ver si estaba bien y me sorprendió que la puerta estuviera abierta, cuando entré ya no estaba; había dejado una carta sobre la mesa. Me senté en el piso a leerla. No podía creer que hubiese aprendido a escribir tan rápido y mucho menos que pudiera decirme en palabras tan claras que a los mitos no les gustaba estar encerrados en el fondo de las casas.
Armando Ayala (Puerto Rico)
Armando Ayala (Puerto Rico)





