Señuelos
El señuelo debía de haber estado –permanecía aún– en alguno de los libros de ficción que había leído durante su agitada juventud. Indagaba, husmeaba en bibliotecas ajenas y, mientras frotaba sus largas canas, soñaba con encontrarlos antes del último viaje.
¿Cuál había sido el libro de su vida? ¿En dónde estaba ese cuento de escasas líneas que había agolpado ante él a todas sus ínfulas artísticas? Una ruta errabunda se cernía sobre sus pasos y tras ellos. La tranquila inseguridad de que, por más que intente volver el tiempo atrás, nada sería igual.
Ya ni siquiera sabía diferenciar el día de la noche, ni el ruido del silencio. Parecía ser presa de un viaje afiebrado sin punto de partido… ¿Retornos? Sí. "No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos", masculló mientras desempolvaba la tapa de un libro. Quiso recordar más de esa melodía de los ojos abiertos, pero no pudo. Los cerró para siempre y supo que ése era su verdadero señuelo.
Orlando Mazeyra
¿Cuál había sido el libro de su vida? ¿En dónde estaba ese cuento de escasas líneas que había agolpado ante él a todas sus ínfulas artísticas? Una ruta errabunda se cernía sobre sus pasos y tras ellos. La tranquila inseguridad de que, por más que intente volver el tiempo atrás, nada sería igual.
Ya ni siquiera sabía diferenciar el día de la noche, ni el ruido del silencio. Parecía ser presa de un viaje afiebrado sin punto de partido… ¿Retornos? Sí. "No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos", masculló mientras desempolvaba la tapa de un libro. Quiso recordar más de esa melodía de los ojos abiertos, pero no pudo. Los cerró para siempre y supo que ése era su verdadero señuelo.
Orlando Mazeyra
Uno nunca sabe
El enigma seguía vigente, "vivito y coleando", diría mi abuela. ¿Por qué quería terminar la novela si todavía la primera página estaba sin rastros de historia? La tomé, la palpé, e inclusive la olí con ansia. Le di la vuelta y todo era blanco, blanco y blanco. No había enigma entonces: no sabía escribir, nunca supe hacerlo. "Coge una lampa y ayuda en la chacra", diría mi abuela. Le tendría que hacer caso o empezar con esa frase. Uno nunca sabe.
Orlando Mazeyra
Orlando Mazeyra
Mapamundi
Al margen de todo, me veo siempre algo apremiado por el tiempo (quiero decir el recuerdo que siempre viaja en el tiempo). Los años han pasado y extraño los veranos con la gente de la cuadra, el licor barato y los viajes del San Pedro. Y al margen de nada, los veo siempre inútiles, vagos, los holgazanes de mi macha, la mancha de mi historia, que me alejaron de Indiana. Así habían bautizado a la única mujer que amé. Indiana, un nombre al margen de mí mismo, de todos. Y todo esto porque mientras reviso un mapa me acabo de encontrar con ella.
Orlando Mazeyra
Orlando Mazeyra
Horas Extras
Nadie cierra las persianas al terminar el día, no hubo necesidad de tocar los interruptores. El señor Rodríguez me observa. Creo haberlo saludado al entrar. Su corbata está a un lado, sobre un montón de archivos manila. Adivino sus ojos vidriosos y pequeños a través de esos lentes de miope. Me aclaro la garganta ligeramente. Los dedos índice y mayor de su mano derecha están ennegrecidos por lo que parece la colilla de un cigarro. Me acerco. El cigarro ha dejado un largo rastro de cenizas sobre su escritorio. "Buenas noches", le digo mirando sus labios amoratados, "he venido por el informe final."
Luis Gallardo
Luis Gallardo
Señal de ajuste
Estoy soñando a colores, me dice Guillermito. Le digo que sé a qué se refiere, pero que en realidad nadie sueña en blanco y negro, así que ese azul que revolotea frente a él cuando sueña, se mueve más, brilla más, es más intenso, pero es un color como cualquiera de los que aparecen las otras noches, ¿entiendes lo que quiero decir?, es más intenso, sólo eso; pero a él no le interesa lo que digo, me jala de la mano, quiere que juguemos a atravesarlo, que saltemos sobre él.
Luis Gallardo
Luis Gallardo
Zoología
La cucaracha es una animal inexistente.No es realidad. Lo cierto es la mirada que le otorga contexto, vida propia. Aterrante proyección de temores innombrables,sin historia, esa es la cucaracha. Por eso no se detesta otra cosa que la nimiedad de nuestras debilidades cuando decidimos presurosos aplastarla o ahogar su lento paso de asco con un frío aire venenoso.
José Serna Ponce
José Serna Ponce
Así de loco te puedes volver
Un día horrible, y hay que ver el sol cómo luce. Bien... esto es muy bueno, 377 palabras incontestables, te lo mando, lo he escrito yo. Dice así: Así de loco te puedes volver.
A ese tipo lo andaban buscando, había carteles con su foto colgados por todo el barrio. Se había desorientado, loco de amor o de atar o de algo. Lo reconocí estando sentados los dos en la parada del autobús, un cartel pegado a un árbol a la altura de su cabeza me facilitaba la comparación. Vale que las orejas me hacían dudar un poco, pero es que tenía que ser él, quizás las orejas las había tomado prestadas de otra persona, de otra foto, de otro tipo colgado en otro cartel al que estuvieran buscando en otro barrio. Estaba por llamar al móvil de contacto cuando del autobús que justo llegaba se bajó, ahora sí, el tipo de la foto. Se sentó en el mismo banco que yo y que el otro tipo, quién sabe si a la espera de enlazar con otro autobús o simplemente víctima de la desorientación que se le suponía. Era mucho más él que el otro, pero sin terminar de serlo; o se había quitado la peluca o el pelo no era el pelo; el pelo del otro era mucho más el pelo del tipo que andaban buscando; pero las orejas del segundo en cambio eran las orejas, igualitas igualitas. Seguía yo en duda, porque no os he hablado de la nariz, la nariz todavía me faltaba. Tardó en llegar, la nariz, la traía el candidato número tres que apareció caminando con un periódico bajo el brazo, se sentó en el único hueco que en el banquito quedaba, nos tuvimos que apretar un poco, noté un cierto fastidio por tanta proximidad entre los que ya estábamos sentados. Los estuve contemplando a los tres largo rato, cruzando algunas miradas, pensando que de su mezcla salía el tipo del retrato, y preguntándome de qué forma se procedería en estos casos. Tuve tiempo todavía de ver aparecer una cuarta versión saliendo de un portal con una bolsa de basura, y todavía una quinta paseando el Pequinés del vecino de abajo; y abstraído como estaba ni tan siquiera me di cuenta de cómo el sospechoso número uno sacaba su teléfono móvil, de cómo decía, “Lo he encontrado, está aquí” de cómo me sujetaban entre todos para retenerme y trataban de tranquilizarme diciéndome que todo iría bien.
Lenisio Dimas
Montaigne y los bosques
A mi hermano R. S
Ricardo entra a la biblioteca de la Universidad de Burdeos y encuentra a Montaigne.
Él sabe que Montaigne frecuentaba los paisajes de Burdeos, pero no esperaba encontrarlo en la biblioteca.
-Sabe usted que yo fui alcalde de Burdeos -le dice Montaigne.
-Usted fue el primer enciclopedista del empeño humano,- responde Ricardo.
-Tiene usted razón. Soy el primero en examinar cuidadosamente la totalidad del saber humano. ¿Podría decirme en qué año estamos?
Ricardo sabe que si dice en que año verdaderamente están, Montaigne se evaporará.
-Estamos en 1560 -responde.
-¿Conoce usted mi método? Elijo interrogantes y luego ensarto junto fragmentos de pensamientos que son obtenidos de comentaristas y meditadores de primera línea. Agrego pero no corrijo. Todo lo que se diga puede ser registrado como evidencia.
En la biblioteca estantes de libros ignorados imploran por un lector.
En ese momento a Montaigne se le ocurre que las bibliotecas son bosques.
Cuando los bosques se enteran lo que se le ha ocurrido a Montaigne salen huyendo de los estantes.
Diciembre, 2008
Carlos Calderón Fajardo





