Las cuatro vitrinas
El Gran Señor se sentaba en una hermosa butaca y pedía a los criados que abrieran la primera vitrina. Descorrían cortinas y quedaba ante los ojos del Gran Señor un hombre escuálido como un esqueleto estirado sobre el suelo como muerto. Uno de los secretarios le informaba que había cumplido 14 días sin comer. Tras el solaz de contemplar cómo se consumía esa vida mandaba que corrieran las cortinas de otra vitrina. Una bailarina danzaba incansable, el Gran Señor se distraía un momento con la belleza de sus movimientos elegantes. Luego demandaba abrir otra vitrina. La mujer joven y hermosa se desnudaba pausadamente y se volvía a vestir una y otra y otra vez sin descanso. El Gran Señor le sonreía, recordaba el precio de la adquisición, mandaba cerrar esa vitrina y abrir la siguiente. Un hombre gigantesco azotaba a otro delgado, sangrante, tan extenuado que ya no gritaba de dolor. El Gran Señor miró su reloj, era la hora de su baño. Ordenó que todo siguiera igual y salió de la enorme sala.
Carlos Meneses (Perú)
Carlos Meneses (Perú)





