Necesidad de mí
Caminabas en la lluvia con tus botas perpetuas. Yo te siento siempre cerca cuando pienso en el frío. Caminabas sin mirarme pero sabías que te veía. Porque siempre actúas para mí. Para hacerme difícil el olvido, para atizarme el alma, para que te sepa superior a mí. Me lastimas, te lo digo, pero acaso te importa, acaso te mueve. No, tú eres todo y yo, yo soy el alfil de tu costado, el peón sin suerte frente a ti, pero nunca la pieza más valiosa del tablero. Tú me sabes difícil y triste, pero este juego te divierte, y yo siempre ando dispuesto a jugarlo contigo. De pronto te dejas caer, siempre vas actuando, y las piedras te raspan, y te veo postrada. Me acerco, extiendo la mano, te sacudo la ropa, te curo las heridas: te alivio. Quizás algún día dejes de actuar y cuando caigas vas a querer que yo siga allí.
Andrés Amico Arellano (Perú)
Lamentable
Eduardo acercó su silla de ruedas a la pared para mirar la foto de sus padres.
-Todo esto es muy lamentable-, murmuró y apretó el gatillo.
José Adolph (Perú). Autor, entre otros libros, de Los fines del mundo.
Una muchacha más transparente que la belleza
Friedrich, tras brindar en nombre de Dionisos –en un último y desesperado intento por reconciliar al ser humano con la naturaleza–, observa a su joven vecina, que se desnuda con movimientos neutros, en un permanente y mecánico estado de débil voluntad. Desde su escondite, Friedrich sospecha que la embriaguez causada por la piel en tal punto de indefensión sería irremediablemente mayor a la provocada por el notable fermento de uvas que recibiera, días antes, de manos de la madre de la doncella. Presume también que está aglutinando una muchedumbre de individuos en un solo y lascivo pensamiento. Pero antes de tomar alguna decisión (saltar de su escondite como un conejo, rugir como un león después de asesinar a las crías de su próxima hembra), un detalle infortunado interrumpe el elocuente argumento de su misa gris: encuentra los repudiables accidentes de olor, color y sabor que quedan en el misterio luego de la transustanciación.
José Donayre Hoefken (Perú)
el dueño de abril
el dueño de abril ha desaparecido el día del concierto. la poesía ha ido tras sus huellas. en su fuga, el dueño de abril ha comprado un almanaque parecido a un dolor de oído, corre descontrolado hacia un abismo y llueve. la poesía, empapada, llega al borde del abismo, estira su cuello y se fija en el vacío. en el fondo, acomodados en la oscuridad, el dueño de abril aplaude y todos aplauden.
Alvaro Lasso (Perú)





