Llamada
El teléfono no paraba de sonar. La llamada acababa de despertarlo y, por ello, no tenía planeado tomarse la molestia de ponerse en pie para contestar. Segundos más tarde, no obstante, la perturbadora insistencia logró convencerlo de lo contrario.
- Lo sentimos, usted acaba de fallecer.- dijo una voz aterradoramente mecanizada.
Soltó una ligera risa que sensibilizó su adormecido rostro y se volvió sobre la cama para retomar el sueño. Cuando el teléfono volvió a sonar, las fuerzas no le alcanzaron para volver a incorporarse.
Ronnie Farfán Sousa (Perú)
Muro
Solo, el muro que separaba al humano del humano no sabía cómo derrumbarse. No sabía cómo. No sabía. No.
Isaac Goldemberg (Perú).
Estatuas
Un día los judíos erigieron en un punto de la frontera palestino-israelí una descomunal estatua de Goliat. Entonces, ese mismo día y en ese mismo punto los palestinos erigieron una pequeña estatua de David.
Isaac Goldemberg (Perú). Autor, entre otros libros, de La vida a plazos de don Jacobo Lerner, Tiempo al tiempo y El nombre del padre.
Riesgos y límites (Sobre el microrrelato) IX
Lo que cualquiera descubre mientras escribe un microcuento es la imposibilidad de aplicar todas las reglas y recomendaciones que se ha recibido previamente. Si alguien lo intentara, correría el riesgo de dar forma a un perfecto cuadrado de palabras cruzadas.
Ricardo Sumalavia
Ricardo Sumalavia
Preámbulo
LAERTES (regañando al niño): ¡Oh, Zeus Lykaios! ¡Habrase visto alguna vez muchacho tan taimado! ¿Pensaste que en verdad no me daría cuenta? Granuja. Pilluelo. Qué, ¿acaso, ahora, además, soy ciego? ¿Pero quién te has creído?
ODISEO: Nadie.
Mónica Belevan (Perú)
¿Quién es más grande que Monterroso? (Sobre el microrrelato) VIII
En un terrible afán, propio de estos tiempos, muchos escritores de microficción se suman a la competencia. El objetivo: quién escribe el microrrelato más corto (se entiende que ingenioso, bueno, perfecto, la suma y resta de todos los escritos anteriormente). Competencia y meta absurdas, sin lugar a dudas. Debería de quedarnos bien en claro que nadie puede ser más pequeño que un dinosaurio ni más grande que Monterroso.
Ricardo Sumalavia
Ricardo Sumalavia
Antojo
Hoy tuve un antojo gastronómico. Una ganas de comer corazón. Le di un largo trago a la botella de pisco, fui a la cocina y con el cuchillo de
picar cebolla me abrí el pecho. Un corte profundo del esternón al
ombligo. Arrancarlo no ha sido fácil (¿qué corazón lo es?) y aún
palpitante lo he hundido en un recipiente con vinagre, lo he aderezado
con ajos, cebollas, aji panca, hojas de laurel, sal y pimienta al gusto.
Luego lo he metido al horno, y mientras lo veía cocinarse y despedir un olor aromático, he recordado que soy vegetariano.
Pablo Lores Kanto (Perú)
Tierrita para mi sepultura
Marco el número mientras la corriente marina ejerce esa presión loca que provoca el airecillo más frío que haya estremecido mi cuerpo. El aviso de ocupado enfrenta a mi sonrisa como una derrota tácita. Vuelvo a marcar el número por inercia y sin esperanza; contesta un señor de voz inquietante. Sus palabras son familiares y a la vez lejanas. Quiero contestarle el saludo pero se me quiebra la voz. Él continua hablando como todo aquel que no paga una llamada, suena agitado tanto que se da una pausa de segundos. Pregunto por su nombre a pesar de saber quien es. Pero continúa la mudez distorsionada. La llamada se extiende aún sin crédito alguno, el auricular de un momento a otro lo siento sin cables. Salgo de la cabina. Camino con libertad. El sujeto retoma el teléfono y me vuelve a contar historias conocidas sin presentarse previamente. Me pide un poco de agua. Sin que pueda responderle logro percibir el sonido peculiar de una gran catarata. Tengo miedo que el agua colapse con su agitación. Se me cae el teléfono, no pidas ayuda, me dice. Entra a la catarata. No la veo pero igual noto mis pies tan mojados como mi cabeza. ¿Ya te sientes fresco? pregunta. Ayúdame, porque falta tierrita para tu sepultura.
Edgar Puga Ayala (Perú)
Edgar Puga Ayala (Perú)