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GAMBITO DE PEÓN (El Cuento Breve)
El espacio para tus brevísimos y casi invisibles cuentos. Aquí no hay jugada imposible.
Acerca de
Dirigido por Ricardo Sumalavia. Las colaboraciones se recibirán en la dirección: rsumala@yahoo.com Los cuentos no deben exceder las 500 palabras.
Sindicación
 
huesped ilustre


Llegó con una ruma de libros en los brazos. Me dijo que sólo se quedaría por unos cuantos días y que no se lo dijera a nadie. Pero ya lleva varios meses en casa. Es alto, muy alto. Mirada serena y barba tupida. Le gusta leer y escribir por las mañanas, escucha jazz por las tardes, y contempla a mi gata por las noches (en realidad, conversa con ella; es más: juraría que la enamora). Ayer me habló con dilección de una tal Maga y me contó una esplendente historia acerca de una Casa Tomada: "De ahí me vengo", me dijo con un relente de resignación, y me dio las buenas noches entregándome un libro con la indicación de que lo empezara a leer de inmediato. No le hice caso. Y ahora no puedo dormir: esa historia me ha trastocado. Pensándolo bien, desde que llegó, él no ha hecho más que embadurnar mi vida de irrealidad e ilusionismo. ¿Cuándo se irá? ¿Habrá tomado mi casa? La lámpara de mi mesa de noche alumbra la portada del libro.

Ya sé. Sólo me queda abrir el libro, perderme en la páginas y confundirme con los personajes que encuentre... sólo así podré escapar de esta ansiedad y de este huésped... de este visitante que quizá se vaya de mi casa; pero que, para bien o para mal, ya es parte de mi vida.

Orlando Mazeyra (Perú)
 
El profesor de español


No era difícil explicarlo. El sol le lamía la cara como un animal
repentino y fastidioso, cortaba su cama en dos, su rostro sudaba todavía la noche a la que no le debía nada nuevo, nada fuera de las jornadas de paredes despintadas y colchones pulgosos a las que su cuerpo ya se había acostumbrado desde hacía unos meses atrás, aunque su cabeza siguiera en parte en las ciudades rodeadas de montañas frías, repletas de ojos celestes, en las que creció sueco. Por si fuera poco el sonido de la puerta y el calor que todo lo derretía. La provincia de ese país innombrable, tan calurosa y tan sin agua. Se mojó la cabeza antes de abrir la puerta y pensó cuánto tiempo más. El agua salió caliente y en un hilillo apenas.
Los golpes en la puerta se volvieron más violentos. Alguien quería
decir algo más que ábranme. Quizá.
Los tipos fueron breves, lo que hizo las cosas dos veces peores. Él
trató de detenerles el paso, pero todavía resonaban los golpes en la puerta, casi puntapiés, que ahora sabía querían decir mucho más.
Con eso trabajo, pensó, y dijo lo que pudo. Soy profesor inglés.
También traducciones. Los agentes no voltearon a mirarlo. Uno sonrió y el otro siguió manipulando los directorios de la portátil que estaba en una de las camas del cuchitril, la que el sol no alcanzaba. Un par de minutos después, el agente sonreía, victorioso, tras abrir una carpeta de archivos repleta de fotografías obscenas. Es eso personal. Los agentes lo miraron con repudio, pero entre ellos había sobre todo satisfacción. Es eso personal, no delito, decía, mientras, involuntariamente, su cabeza repasaba los fines de semana
de encierro, lejos de todo, lejos de sí mismo, en los que se perdía
eyaculando imágenes borrosas solo para conciliar mejor el sueño. El
calor.
Las esposas apretaban sus muñecas. En los años siguientes, los días serían bastante parecidos.
Desde la ventana del cuarto contiguo, el profesor de español observaba el espectáculo desapasionado, como quien constata el paso del tiempo.
Veía el pequeño rectángulo negro, del que colgaba un cable que estaba siendo enrollado, sobre la marcha, por el agente. El profesor extranjero, enorme, asustado, rubio, torpe, jorobado otra vez para ingresar al vehículo de la policía. Su perfil, en cambio, erguido, cortaba la mañana, seguro de sí.
Detrás, un niño gimoteaba su cautiverio.

Marco Tulio capica (Perú)
 
Cuestión de literalidad


Salir al extranjero te hace crecer, salir al extranjero bla, bla, bla… ¡Ya me tienen harto con esa misma cantaleta! Ya veremos… Sale a la ferretería y compra una regla. Vuelve casi corriendo. Pega la regla en la pared, verticalmente, y se dedica seriamente a su cometido:

—¡Mentirosos de mierda!— exclama, al ver que su dedo apunta nada más ni nada menos que 1.67 metros.


Robert Jara (Perú)
 
10 gramos por kilo


Según los foros especializados en conejos enanos, a Len le correspondían 15 gramos de pienso diarios, 10 por cada uno de sus 1'5 kilos. Ocurrió que soy tan escrupuloso que a la semana, al intuir que el animal había perdido peso, repetí el pesaje y corregí la cantidad de pienso hasta los 13 gramos. 10 gramos por kilo. El proceso duró varias semanas pero no me voy a repetir, esto no es ningún chiste malo, es un pequeño drama doméstico y cada vez que escribo 10 gramos por kilo se me quiebra el alma. Cuando pasó de los 500 a los 400 gramos y ya no era más que un pequeño saco de huesos con pellejo, me dije: "¡A la mierda los del foro! yo le mantengo los 5 gramos". Y esa misma semana se murió. Me tortura pensar que fuera de un empacho.

Lenisio Dimas (Barcelona)
 
Página en blanco


Nada de trucos baratos, se dijo. Un personaje. Un personaje hondo, lo que se dice oscuro, con tantos matices que no se pueda distinguir bien los colores.
¿La historia? Ni fábula ni experimento forzado: con las estructura de
la vida misma: casual, expeditiva, por momentos lógica y por momentos (los más) chúcara. Otro personaje. El opuesto invertido. Lo mismo. Posiblemente se descubren afines o, mejor, el lector lo hará. La ideología oscilante, sin moralejas. La prosa de escalpelo, pocos diálogos, ritmo trepidante cuando se pueda y nunca moroso, aunque siempre pausado cuando reflexivo. El inicio debe ser contundente, como el final (opuesto invertido).

Puede resultar aburrida. Evitarlo.


Marco Tulio Capica
 
Piropos


Héctor solía decirle muchas cosas bonitas a Marianela. Al principio ella se reía o se sonrojaba, pero últimamente las escuchaba y se molestaba un poco.

Un día fueron a la playa. Héctor la fue a recoger a su casa y al verla con su shortsito y su top le dijo: “uy, amorcito, ahora sí te como toditita”.

Desde entonces Marianela no ha regresado a su casa. Y a Héctor lo anda buscando la policía.


Jorge Quiñones (Trujillo, Perú)
 
Quereres


Quise decirle que la amo, quise besar sus labios, y quise morder sus pechos... pero yo no tengo boca.

Orlando Mazeyra (Perú)
 
Una plaga


La fumigación ha dado sus frutos y la plaga de insectos ha remitido. Fui el primero en levantar la voz, el primero en acusar a los vecinos del quinto, el primero en solicitar medidas drásticas que duraron tres semanas y que hoy han dado sus frutos. Y ahora que la plaga de insectos ha remitido, echo de menos las cosquillas en las piernas, ese aire nublado de alas y patitas, esa borrachera de coleópteros que me hacía tanta compañía.

Lenisio Dimas (Barcelona)
 
Caídas


Sólo temo caer hacia arriba porque allí no hay suelo.

Orlando Mazeyra

 
Todas las mujeres son putas


Mujer abstemia, puta reprimida

—Todas las mujeres son putas…—suelto al aire como quien romper el hielo.
—Except my mom—inmediatamente protesta el turco.
—No, no, man—dice el eslovaco. Se apura, bebe de un solo sorbo todo su trago. Y entonces lapida, golpeando la mesa con la copa: —No man, your mom is a bitch of your father.
—¡Oh, shit! —exclama el turco. Y se larga rascándose la cabeza.


Robert Jara (Perú)