Tiempo prometido
Nadie sonríe. Piensa: miran todo, hasta las medias de mamá. Es de noche y Papá con el terno oscuro, y su rostro, como si fuera a temblar, con los carrillos inflados sobre el bigote. Miguel enciende un cigarro, el humo serpentea, apenas una nube que se pierde en la ventana, y entonces callarse, poner cara de triste, pensar en que la noche es una boca enorme, y no decirle a nadie que el cura dormita con la baba como goma, derramándose, suspendiendo el pliegue de la sotana en el vacío; no decirle a nadie que me duele la barriga, que el cielo tras la ventana es como una piedra en la cabeza, un silencio que mamá dibuja en el reflejo del cristal; no decirle a nadie que la cortina trae un rumor, y que Miguel mira el reloj de la sala y bosteza, y arroja la colilla al suelo, rompiendo en llanto.
Carlos Trinidad (Perú)





