Carta del Diablo a Gilles de Rais
para Álvaro Mutis
Sé que desde hace un tiempo me reclama. Sé también que demoré el recibo de su carta demasiado. Intuyendo, y correctamente, el porqué de su llamada, preferí huir y dar así inicio de mi propia caza. Pauté años de llegadas y partidas –en verdad, mi vida entera desde que lo abandonara—, en torno a las fechas en las que su carta –esa misma carta que me despachara, a mano, hace tanto, y que sé me ha reenviado una y otra vez, por todos los medios imaginables, desde hace siglos— me alcanzaba.
Busqué aislarme e incluso, rehuí a mi profesión.
Nada de esto es de por sí extraordinario: la teleología postal compromete a cada carta a su destinatario de la misma forma en la que nuestro pacto me obligará, tarde o temprano, a atender a su reclamo.
La insistencia fabulosa con la que su carta me ha acosado –confirmándome sus contenidos sin mirarlos— me ha llevado a asumirla tanto o más que si la hubiera leído de facto. De ahí que ésta, pese a no haberse abierto, va cumpliendo con su cometido a la vez que haciéndome sentir cada vez más proclive al incumplimiento de contrato.
Pero asumo que la noticia, más que provocar su desagrado, desatará su hilaridad, puesto que ambos sabemos que mi resistencia no puede alterar los términos de nuestra alianza ni incidir de forma alguna en los contenidos de esa carta que, como podrá apreciar, le devuelvo, con el lacre intacto y junto a la presente, como si por este humilde gesto de protesta yo pudiera, pobre diablo, instarlo a reconsiderar sus exigencias.
Mónica Belevan (Perú)





