Noesis
Vivir en función de un sueño fue, para Aristocles, no sólo una forma de vida, sino, sobre todo, una manera de no sucumbir ante la mediocre comodidad que le imponía su entorno. Cuando por tercera vez intentó instaurar su Estado ideal en Siracusa, el destino le jugó doblemente en contra: un nuevo fracaso, con el agravante de ser vendido como esclavo. La historia oficial –la versión de lo políticamente correcto– registra que fue prontamente redimido por un benefactor. Lo cierto es que, ante el ofrecimiento de recobrar su libertad, Aristocles enfrentó un dilema fundamental: seguir la vía de la felicidad o someterse a la parafernalia de la fama, en otras palabras, negar la veracidad de los sentidos para no poner en peligro los postulados del pensamiento o sacrificar las deducciones lógicas del pensamiento a fin de salvar los datos de la experiencia. Pero los dilemas son irremediables, particularmente cuando la tercera vía (suponer la existencia de dos mundos reales pero distintos, aunque uno más plenamente real que el otro) es producto de una madurez que tarda en la quimera de consolidar la identidad del individuo. Así, Aristocles, empujado por la vehemencia de ser un sujeto de cambio continuo, no obstante la inalterabilidad del concepto, siguió siendo arquetípicamente esclavo en la isla mediterránea, mientras que en su amada ciudad logró adquirir los bellos jardines cercanos al santuario de Academo, para dedicarse mundanamente a la enseñanza e investigación, y a escribir, a hurtadillas, sobre su más caro sueño: el desentrañamiento del misterio de la felicidad más allá de su prodigiosa intelección.
José Donayre
De Horno de reverbero (inédito)
José Donayre
De Horno de reverbero (inédito)