Todos los nombres
Nada de lo que decía aquel presidente se cumplía. Un día, rebelado en contra de su destino, dijo:
-Esto es así como que me llamo Alberto... –y vaciló al ver que lo que se decía se transformaba en una falsedad, tras lo cual se corrigió- Juan Carlos –lo que dio lugar a una nueva corrección- Osvaldo..., Roberto..., Richard...
La transmisión televisiva siguió por un rato mostrando los cambios de nombre del mandatario, hasta que tuvo que cortarse por motivos comerciales. Se corrieron rumores de que el presidente siguió adjudicándose sucesivos nombres falsos hasta que fue vencido por el sueño. Se extendió la teoría de que tenía infinitos nombres, por lo que la masa creyó que era Dios. Lo reeligieron.
Ignacio Fernández de Palleja (Uruguay)





