Taxi
Algún cliente lo encontró por ahí y lo dejó en recepción pensando que se trataba de uno de las salamandras del acuario. Pero no se parece en nada a una salamandra. Deben haberlo pensado porque ver a un pez fuera del agua, empujándose con las aletas sobre el piso, no es creíble. Es del tamaño de un gato, tiene los ojos saltones y la boca siempre está entreabierta y moviéndose, como la de alguien que trata de recuperar el aliento. A los huéspedes les causa mucha gracia esa cara de desubicado. Ya se ha vuelto una costumbre escucharlo al amanecer arrastrarse por el hall de entrada y verlo acercarse al escritorio de la recepción; entonces si, como ahora, me ha tocado el turno de la noche, lo cojo por la panza y lo pongo sobre el escritorio y le digo una tontería como: “Bueno señor, ha sido un verdadero gusto tenerlo con nosotros y nos apena sobremanera que haya decidido usted retirarse con tanta premura. Si me lo permite, solicitaré un taxi que lo lleve a…”
En este momento juraría que las comisuras de su boca se acaban de torcer hacia arriba.
Luis Gallardo (Perú)
En este momento juraría que las comisuras de su boca se acaban de torcer hacia arriba.
Luis Gallardo (Perú)





