Sobre el microrrelato (una vez más)
Veo por todas partes, y con sumo agrado, que el microrrelato gana cada vez más lectores. Y, para sorpresa de muchos, gana premios. Hace poco tuve la suerte de presenciar en Barcelona la entrega del Premio Salambó, obtenido en esta versión por el libro de microrrelatos La glorieta de los fugitivos, del escritor José María Merino. Este premio se distingue frente a los demás por no comprometer ninguna dotación económica ni publicación futura y porque entre los finalistas pueden encontrarse novelas, nouvelles, cuentos y toda variante narrativa. Pues bien, que el libro de Merino convenció al jurado, dejando como finalistas, entre otros, nada menos que a Tu rostro mañana 3. Veneno y sombra y adiós, de Javier Marías; Habíamos ganado la guerra, de Esther Tusquets, y Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas. Hasta aquí, todo perfecto. Un reconocimiento para tan notable libro, gran escritor y, por qué no decirlo, al tesón de su editorial, Páginas de Espuma, que sostiene su prestigio apostando por el cuento. Me imagino que esto animará a muchos a seguir con la práctica del microrrelato. No para ganar premios, por supuesto; sino porque el género de la ficción breve va ganando autonomía: con sus lectores, editores y escritores.
Ahora quiero salir un poco de la fiesta y preguntarme qué ha pasado en los últimos años para que este género haya cobrado tanto prestigio. ¿Porque su escritura es más rápida?, ¿y su lectura también?, ¿porque en este nuevo milenio todo va a tal ritmo que no hay tiempo para leer textos con cientos de páginas? A todo esto no me queda más que responder que no. En esta época las personas, a pesar de todo, siguen dispuestas a escribir y leer miles de páginas. Creo que se trata de un asunto de sensibilidades. Así como hay personas que prefieren ver su entorno con una lupa o un microscopio, hay las que prefieren verlo con un largavista o telescopio. Los que leen microrrelatos se asemejan a los de la lupa.
Lo que podemos comprobar, también, es que en ambos casos hay un aparato de por medio que nos ofrece la ilusión de que lo visto, inmenso o minúsculo, está al alcance de nuestras manos. Y no podemos negar que es una maravilla al menos ver lo que no podemos tocar.
Ahora quiero salir un poco de la fiesta y preguntarme qué ha pasado en los últimos años para que este género haya cobrado tanto prestigio. ¿Porque su escritura es más rápida?, ¿y su lectura también?, ¿porque en este nuevo milenio todo va a tal ritmo que no hay tiempo para leer textos con cientos de páginas? A todo esto no me queda más que responder que no. En esta época las personas, a pesar de todo, siguen dispuestas a escribir y leer miles de páginas. Creo que se trata de un asunto de sensibilidades. Así como hay personas que prefieren ver su entorno con una lupa o un microscopio, hay las que prefieren verlo con un largavista o telescopio. Los que leen microrrelatos se asemejan a los de la lupa.
Lo que podemos comprobar, también, es que en ambos casos hay un aparato de por medio que nos ofrece la ilusión de que lo visto, inmenso o minúsculo, está al alcance de nuestras manos. Y no podemos negar que es una maravilla al menos ver lo que no podemos tocar.





