El otro, el mismo
Fui jurado del concurso nacional de cuento Pluma Joven durante veintisiete años. Todavía evoco algunas tramas (y en este caso por "algunas" debe entenderse demasiadas), pero lo que más recuerdo es un hecho. A partir del segundo certámen, nos llegaba todos los años un mismo cuento que rechazábamos sistemáticamente. El concursante cambiaba de pseudónimo cada vez, y fue Bloom, Nerval, Petronio, L. W., El Caballero de la Triste Figura..., mientras el cuento, salvo por el título, seguía siendo idéntico: la misma historia sin sustancia, la misma forma sin tensión. Lo conversamos todos los jueces cuando se hizo llamativo (¿por qué no altera una coma?, ¿qué es lo que espera?) y pronto nos acostumbramos a reconocerlo repetido y sonreír con complicidad. Después de veintidós intentos, finalmente participó con otro texto. Lo reconocimos por el pseudónimo "Rocinante", que era la tercera vez que usaba, y por ciertas constantes en el estilo que en esta oportunidad un argumento bastante sólido ostentaba con más brillo. Ganó una mención honrosa. El día de la premiación, no pude contener mi curiosidad. La vi sentada, con una expresión algo vacía, en medio de los demás ganadores. Me reconoció. Después de las cortesías del caso, fui directo:
-¿Por qué mandabas tantas veces el mismo cuento?
Me miró un momento. No me entendió. Instantes después, lo hizo mejor que yo.
-Disculpe, pero este es el primer cuento que envío.
Marco Tulio Capica
-¿Por qué mandabas tantas veces el mismo cuento?
Me miró un momento. No me entendió. Instantes después, lo hizo mejor que yo.
-Disculpe, pero este es el primer cuento que envío.
Marco Tulio Capica