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GAMBITO DE PEÓN (El Cuento Breve)
El espacio para tus brevísimos y casi invisibles cuentos. Aquí no hay jugada imposible.
Acerca de
Dirigido por Ricardo Sumalavia. Las colaboraciones se recibirán en la dirección: rsumala@yahoo.com Los cuentos no deben exceder las 500 palabras.
Sindicación
 
Yo conozco de ti
A 200 metros de la Estación de Santos Lugares, me senté. Tenía unos días viviendo en Flores. Escuchaba los trenes pasar. De noche los trenes vienen, de día se van, me decían. Vivía en un tercer piso. El calentador a gas hacía ruido día y noche. El olor a gas se mezclaba al de la madera vieja, así como mi sangre al vino. Por una ventana se veía el techo de otra vieja construcción. Bajaba las escaleras, atravesaba un callejón angosto y largo, y salía del edificio ocre: árboles secos de invierno, prostitutas en la esquina de la calle Bacacay que cobraban 20 pesos. Caminaba hasta la otra esquina, doblaba y llegaba hasta el riel. Allí se paraban unos hombres a esperar su suerte, fumando, hablando entre ellos. Yo caminaba hasta la Plaza Flores. Compraba una botella y un pancho de a peso y medio, y me regresaba al edificio. Hasta que un día, de pronto, de la nada, como empezó todo, decidí cambiar mi rutina; decidí dejar de embriagarme, dejar de escribir, dibujar, y caminé a lo largo del riel, adonde sea me llevase. Me detuve a 200 metros de Santos Lugares. Un tipo flaco se me acercó, me dijo: "Estoy muy solo y triste en este mundo de mierda." Yo lo conocía, hasta tenía su disco, era el ché Tanguito. Dijo eso nomás, y se fue. Es extraño, poca gente me habla, pensé. Luego vino un tipo con acento peruano: "Oye, Luchito - me dijo -, sé lo que vas a hacer. No lo hagas." ¿Quién eres tú?, le pregunté, no lo reconocía, yo estaba ebrio, aún estaba ebrio de la última botella que había comprado en la Plaza Flores. "¿No me reconoces? A mí me has estado enviando tus relatos por email. Bueno, uno de los destinatarios." Cuando le iba a decir algo, al creer darme cuenta de quién era, desapareció. El humo de su cigarro se quedó mezclado con la neblina. Yo tenía 36 años. Había salido de Apolo, había salido de Jesús María, había salido de El Paso y de la Herradura, había salido de todas partes. Sólo me traje mi frazadita. No necesitaba nada más. Me eché a esperar, abrazado a mi frazadita. De día los trenes vienen, de noche se van, mentían.

Miguel Ildefonso
Ha publicado los libros de poesía Vestigios, Canciones de un bar en la frontera, Las ciudades fantasmas y M.D.I.H
 
Comentario:
Estimado Miguel: deja la poesía y haz algo de plata con tu buena prosa. En este rubro tendrías un futuro brillante.
No