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GAMBITO DE PEÓN (El Cuento Breve)
El espacio para tus brevísimos y casi invisibles cuentos. Aquí no hay jugada imposible.
Acerca de
Dirigido por Ricardo Sumalavia. Las colaboraciones se recibirán en la dirección: rsumala@yahoo.com Los cuentos no deben exceder las 500 palabras.
Sindicación
 
El sistema
Me he dado un porrazo en la cabeza. Iba por la calle, como un idiota, y me topé con la esquina de un andamio. Pensé que no era grave hasta que vi la sangre manchándome la camisa. Ríos y ríos, manando a borbotones.
Tomé un taxi para ir al hospital. Mientras me desangraba en el asiento de atrás, el conductor me dijo "puede usted denunciar penalmente a la empresa constructora. Y ya puestos, al Ayuntamiento, por no haber impedido que la empresa constructora colocase eso ahí."
Entonces me di cuenta de que yo no era un imbécil que se había chocado contra un andamio. Por el contrario, el andamio había sido negligentemente dejado ahí, debajo de la altura reglamentaria, como una bomba de tiempo para partirme la cabeza. "En realidad, siguió
el taxista, ahora romperse los huesos es un buen negocio. Por cualquier cosa demanda usted también a la Seguridad Social."
Y entonces, mientras mi vida pendía de un hilo en el asiento de atrás, decidí hacerme rico.
En el hospital, empezaron por ponerme una antitetánica. Estratégicamente moví las caderas, a ver si la enfermera equivocaba el pinchazo y ponía mi vida en riesgo. Calculé que con una jeringa en la vena equivocada podría sacar unos $500, pero la chica acertó el blanco y me despachó amablemente. Volví a intentarlo en la sala de espera del quirófano. Empujé a una anciana para crear cierta atmósfera de confusión, pero a la señora no pareció importarle. Ya
en el quirófano, sacudí la cabeza mientras me ponían los puntos, pero sólo conseguí un par de pinchazos fuera de lugar y un "estate quieto, coño" del doctor. Eso no bastará para denunciarlo por malos tratos.
De todos modos, me he afeitado la cabeza y he tomado fotos de la cicatriz que demuestran que pude dejarme la vida en ese andamio. He llamado a un abogado que sólo me ha cobrado cien euros –nada en comparación con lo que voy a sacar-, y he suspendido mis vacaciones por si interfieren con la vista oral. No necesito vacaciones, porque he abandonado mi trabajo para demostrar que la herida produjo un daño irremediable. Ahora paso los días a 40º abriéndome la cicatriz con una navaja de afeitar para que no cierre antes de
tiempo, y echándole vinagre para que quede llamativa. No me duele, porque imagino que tengo el futuro garantizado gracias a ella, mi pequeña, mi bebé. Quizá deba pedir que me quiten los puntos antes de la fecha recomendada. Así diré que me recomendaron una fecha
equivocada. Quizá pueda lograrlo en otro local de la Seguridad Social. Esta vez, pediré un médico con problemas de pulso.

Santiago Roncagliolo
Autor de libros de cuentos y de la novela Pudor.
 
Comentario:
No molesten al hijito de papá, ¡que escribe muy bien!
 
Comentario:
Una prosa que pretende ser desfachatada. Esto es lo que sucede cuando la idea no es muy original. De todos modos, vale el esfuerzo del muchachón.
No