Anafrodisia
Al abrir el libro, Dulcinea salía desnuda de éste, arrastrando una estela de palabras. El lector soltaba el volumen con las páginas en blanco y extendía los brazos. Dulcinea, que no dejaba de verle a los ojos, se cubría de perlas de sudor apenas él comprobaba su materialidad. En aquella trama que protagonizaban, no había diálogos ni elipsis ni monólogos interiores. El relato de ellos era lineal, directo, descarnado. Así, cuando la historia llegó a su inevitable fin, no hubo culpas ni reproches. Por el contrario, lejos de buscar cabos sueltos, él se sintió tan satisfecho y abrumado ante la perfección del texto, que jamás se atrevió a releerlo ni a buscar otro que se le pareciera.
José Donayre. Autor de la novela La Trama de las moiras.





