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GAMBITO DE PEÓN (El Cuento Breve)
El espacio para tus brevísimos y casi invisibles cuentos. Aquí no hay jugada imposible.
Acerca de
Dirigido por Ricardo Sumalavia. Las colaboraciones se recibirán en la dirección: rsumala@yahoo.com Los cuentos no deben exceder las 500 palabras.
Sindicación
 
Poesía y verdad

La tarde en que ella se paró delante de ti como hombre y te trató como mujer, te dijiste que escribir no servía para nada, y escribir poesía menos que eso. De regreso a casa, todavía sentías el acelerador del carro en los oídos, corroyendo implacablemente esa música de fondo a caballo entre "Angie" y "La Bohemé". Esos versos no podían fallar, mascullabas; pero fallaron, así como tu malditismo y tu rebeldía surrealista, justo en el momento en el que el más burgués de los burgueses, la bestia ágrafa, tomaba de la mano a tu novia, le abría la puerta del convertible y se cagaba, meaba y de paso escupía en el centro de tu reconciliación, de tus pretensiones, de tus sentimientos, de tu poema, de ti. Ese auto merecía una bolsa de caca
subversiva, pero tú, en cambio, lo envidiaste en la misma proporción en la que crecía tu vergüenza por notar que su camisa valía mucho más que tu reloj y tu celular juntos.
La poesía no servía para nada: las chicas no se pueden subir encima de ella y pasear orondas su cabellera con olor a champú frutado. Con la poesía no se puede meter mano. Pensabas. Pensabas y pensabas. El camino se duplicó y, al cabo de unas cuadras, se elevó al cuadrado. Sentías las suelas pegajosas, que escurrían versos o sus abortos, el rostro de Katerina, su boca que con dos letras acababa con todo tu léxico aprendido a trompicones. Confirmado,
para nada, para nada, pero ahí estaba, acompañándote de regreso, quizá ella fue la que te hizo doblar en esa esquina de turras hepáticas y mustias voluntades. Hola, Julián, cómo te fue con... ya veo, nada compadre, para nada, casi como un reflejo, una perra, qué va, a chupar por eso, por las putas y por las santas. De cualquier forma, ya te había cagado. Chupaste. Chupaste como glorioso, total, la plata era para sacarla al cine y ella debe estar con el patita en un hotel, sí o no, Julián, y entonces la poesía realmente ya no servía para nada, porque por ahí solo se oía de fútbol y buenos culos y de la caja que te tocaba pagar, Julián, ya te toca pagar. Así hasta que la poesía básicamente fue imposible: básicamente porque ya no podías hablar.
De bruces, arrodillado sabe dios frente a qué o quién, con toda la noche encima, nuevamente pensaste que la poesía no servía para nada, que tenías que escribir sobre eso, que saldría un poema enorme, y que, si podías, ibas a leérselo a Katerina.

Marco tulio Capica (Perú)
No