Tres cuentos
Secreto
Esa tarde mis papás nos dejaron en mi habitación, como tantas otras veces, para encerrarse ellos en la suya. Nos pusimos a jugar con mis muñecas y con los juguetes que él había traído, pero luego de un rato nos aburrimos. Entonces él me dijo: “¿quieres conocer mi secreto?”. Le contesté que sí, y enseguida cerró la ventana, corrió las cortinas y sacó de su mochila un frasco de vidrio con dos bellas mariposas muy pegadas una a la otra. Estuvimos observándolas en silencio un buen tiempo, hasta que él abrió el frasco y las mariposas empezaron a revolotear por toda la habitación. Después me miró a los ojos y me dijo: “¿y tú tienes algún secreto?”. No le contesté, solo aseguré la puerta con llave y lo llevé hasta los pies de mi cama para que conozca mi secreto.
Naturaleza animal
Desde que me casé, solo fui verdaderamente feliz cuando, a ojos de mi familia, sentía cambiar mi naturaleza humana por la de un animal: desde aquellas veces que mi pequeña hija me pedía que le hiciera “caballito”, hasta cuando jugaba con mi mujer en la intimidad, simulando ser un animal distinto cada noche. Pero con los años aquellas ocasiones fueron reduciéndose hasta extinguirse: mi hija creció y se marchó a estudiar al extranjero; y mi mujer fue llegando cada vez más cansada del trabajo, apenas para acostarse en la cama, darse la vuelta y apagar su lamparita de noche. Entonces comencé a sentir que nuestro matrimonio agonizaba. Y antes de que se convirtiera en un fantasma insoportable, lo único que quedaba por hacer era torcer el rumbo común de nuestras vidas. Y fue precisamente eso lo que hice con el delicado cuello de mi mujer, mientras ella dormía, con lo poco de bestia que me quedaba.
Gorila
No pude soportar por mucho tiempo mi primera visita al zoológico. Hubiese preferido ir al cine pero Daniel detesta las películas románticas. El guía nos llevó primero a la jaula del gorila. Mientras Daniel y otras personas le hacían muecas o intentaban lanzarle frutas, yo lo observaba en silencio a un lado de la jaula. Reparaba en cada una de sus extremidades, en la postura de su cuerpo, comprobando con indignación y repugnancia lo parecido que era al ser humano. En cierto momento, el gorila volteó y nos miramos directamente a los ojos. Entonces intenté sonreírle. Pero el gorila permanecía siempre con el ceño fruncido, sin intentar ocultar la expresión de su rostro.
Le dije a Daniel que nos marcháramos inmediatamente. Esa noche no pude dormir, menos todavía hacerle el amor.
Niki Tito Ramos (Perú)
Esa tarde mis papás nos dejaron en mi habitación, como tantas otras veces, para encerrarse ellos en la suya. Nos pusimos a jugar con mis muñecas y con los juguetes que él había traído, pero luego de un rato nos aburrimos. Entonces él me dijo: “¿quieres conocer mi secreto?”. Le contesté que sí, y enseguida cerró la ventana, corrió las cortinas y sacó de su mochila un frasco de vidrio con dos bellas mariposas muy pegadas una a la otra. Estuvimos observándolas en silencio un buen tiempo, hasta que él abrió el frasco y las mariposas empezaron a revolotear por toda la habitación. Después me miró a los ojos y me dijo: “¿y tú tienes algún secreto?”. No le contesté, solo aseguré la puerta con llave y lo llevé hasta los pies de mi cama para que conozca mi secreto.
Naturaleza animal
Desde que me casé, solo fui verdaderamente feliz cuando, a ojos de mi familia, sentía cambiar mi naturaleza humana por la de un animal: desde aquellas veces que mi pequeña hija me pedía que le hiciera “caballito”, hasta cuando jugaba con mi mujer en la intimidad, simulando ser un animal distinto cada noche. Pero con los años aquellas ocasiones fueron reduciéndose hasta extinguirse: mi hija creció y se marchó a estudiar al extranjero; y mi mujer fue llegando cada vez más cansada del trabajo, apenas para acostarse en la cama, darse la vuelta y apagar su lamparita de noche. Entonces comencé a sentir que nuestro matrimonio agonizaba. Y antes de que se convirtiera en un fantasma insoportable, lo único que quedaba por hacer era torcer el rumbo común de nuestras vidas. Y fue precisamente eso lo que hice con el delicado cuello de mi mujer, mientras ella dormía, con lo poco de bestia que me quedaba.
Gorila
No pude soportar por mucho tiempo mi primera visita al zoológico. Hubiese preferido ir al cine pero Daniel detesta las películas románticas. El guía nos llevó primero a la jaula del gorila. Mientras Daniel y otras personas le hacían muecas o intentaban lanzarle frutas, yo lo observaba en silencio a un lado de la jaula. Reparaba en cada una de sus extremidades, en la postura de su cuerpo, comprobando con indignación y repugnancia lo parecido que era al ser humano. En cierto momento, el gorila volteó y nos miramos directamente a los ojos. Entonces intenté sonreírle. Pero el gorila permanecía siempre con el ceño fruncido, sin intentar ocultar la expresión de su rostro.
Le dije a Daniel que nos marcháramos inmediatamente. Esa noche no pude dormir, menos todavía hacerle el amor.
Niki Tito Ramos (Perú)
Comentario:
Interesantes, sobre todo el primero.





