Una muchacha más transparente que la belleza
Friedrich, tras brindar en nombre de Dionisos –en un último y desesperado intento por reconciliar al ser humano con la naturaleza–, observa a su joven vecina, que se desnuda con movimientos neutros, en un permanente y mecánico estado de débil voluntad. Desde su escondite, Friedrich sospecha que la embriaguez causada por la piel en tal punto de indefensión sería irremediablemente mayor a la provocada por el notable fermento de uvas que recibiera, días antes, de manos de la madre de la doncella. Presume también que está aglutinando una muchedumbre de individuos en un solo y lascivo pensamiento. Pero antes de tomar alguna decisión (saltar de su escondite como un conejo, rugir como un león después de asesinar a las crías de su próxima hembra), un detalle infortunado interrumpe el elocuente argumento de su misa gris: encuentra los repudiables accidentes de olor, color y sabor que quedan en el misterio luego de la transustanciación.
José Donayre Hoefken (Perú)





