Sábado AM
Me desperté y no reconocí a nadie. Traté de despertarlos, pero dormían como angelitos. Me sacudí la paja y el confeti de los pantalones como si no hubiese pasado nada. ¿Pero es que habrá pasado algo? Me pregunté con un tono angustiado. Cómo que sí, me respondí titubeando porque tenía las piernas tan entumecidas que de casualidad pude pararme. Subí las cejas lo más que pude, me llevé las manos a la cara como en cámara lenta tapándome los ojos. Por un segundo traté de recordar. Inmediatamente llamé a mi abogado.
Adriana Solórzano (Venezuela)





