Mudanza
Para comenzar el año he decidido hacer mudanza. Me podéis visitar aquí:
http://laotragata.blogspot.com
¡Feliz año a todos!
http://laotragata.blogspot.com
¡Feliz año a todos!
Reencuentros

Un mes sin aparecer por aquí. Ha sido por un cúmulo de circunstancias: demasiado trabajo por hacer y demasiado poco tiempo para poder dedicar a todo lo que no fueran obligaciones, falta de inspiración, un trancazo que me ha tenido una semana sin salir de la cama… vamos, que el ambiente no ha sido muy propicio para sentarme a escribir.
De momento diciembre está siendo un mes de locura entre clases, prácticas, trabajos y demás. Menos mal que dentro de nada vienen dos semanas de descanso antes de ponerse en serio a dedicarse a los exámenes de febrero.
No suelo esperar las navidades con impaciencia, pero este año va a ser diferente porque Víctor viene a pasarlas a Madrid, así que estoy deseando que lleguen. Ya estoy contando los días que quedan para que pueda ir a recogerle al aeropuerto, imaginando como será nuestro reencuentro, planeando mil cosas para hacer juntos. Hacía mucho que no preparaba una visita con tantas ganas. Hay tantas cosas por contarse… aunque en el fondo lo único que quiero es abrazarme a su cuello y no despegarme nunca de él.
Noche de Halloween
Antes de nada un inciso: Dije que en mi próximo post iba a continuar contando lo que pasó la noche del trio, pero me vais a permitir que lo deje para otro día. Creo que merece la pena esperar porque lo que os voy a contar ahora me parece más interesante...
Apareció irreconocible. Vestido de negro y con una máscara que no dejaba ver absolutamente nada de su rostro. Al quitársela encontré una cara conocida que no esperaba ver.
Sólo le había visto una vez y ninguno de los dos recordaba que pasamos un rato charlando aquel día. Al recordarlo me di cuenta de que sí, esa noche tuve la misma impresión hacia él que el miércoles pasado, pero no tuve tiempo de confirmar mis sospechas pues no pasamos mucho tiempo juntos. Me había olvidado de él por completo, pero ahora sé que ese día algo en mí interior dio un vuelco al tenerle cerca.
No es que sea tremendamente guapo, sino que es de esos hombres que tienen un atractivo innato. Los miras y no sabes exactamente que es lo que tienen que hace que pierdas el norte. Puede ser su mirada o su boca, su forma de hablar o de sonreír, no se puede concretar.
Todo hubiese quedado en echarle un par de miradas si no hubiera sido porque, no sé si lo hacíamos adrede o no, si fue uno solo o éramos los dos, pero nos encontrábamos a cada rato uno al lado del otro.
Le pillé un par de veces mirándome las piernas. Luego se puso la máscara y deje de saber donde miraba, así que supongo que se daría cuenta de que no podía parar de observarle.
Empezó a darme conversación. En principio intercambiamos las típicas frases de a qué te dedicas o por dónde sueles salir, pero poco a poco nos fuimos enredando en un largo diálogo en el que no nos dábamos cuenta de lo que hacía el resto de la gente que nos acompañaba.
Sí, cada palabra me confirmaba ese presentimiento que tuve y me envolvía cada vez más y más.
Acabamos lejos del resto, aunque sabiéndonos vigilados a hurtadillas. No sé cuanto tiempo pasamos charlando pero, en un momento dado, nuestros labios se encontraron en un beso interminable. Dios, hacía tanto tiempo que no me besaban así… no quería que se acabara nunca. No puedo explicar lo que sentí ni el modo en que me miraba y me sonreía, ni como acariciaba mi rostro o me estrechaba contra él. Fue demasiado perfecto.
La noche pasó volando, tremendamente deprisa. No paramos de reír, de besarnos, de abrazarnos… Me olvidé del mundo. No recuerdo la música ni la gente, sólo a él dándome todo su cariño, y eso ya es bastante.
Costó mucho separarse, aunque sepamos que cuando queramos podemos volvernos a encontrar.
¿Y ahora qué? Creo que aún no me he recuperado. No fui consciente de lo que pasó, sólo me dejé llevar y fue maravilloso. No sé si esto va a cambiar las cosas, todavía no he vuelto a poner los pies en la tierra.
¿Qué es lo que me ha dado?
Apareció irreconocible. Vestido de negro y con una máscara que no dejaba ver absolutamente nada de su rostro. Al quitársela encontré una cara conocida que no esperaba ver.
Sólo le había visto una vez y ninguno de los dos recordaba que pasamos un rato charlando aquel día. Al recordarlo me di cuenta de que sí, esa noche tuve la misma impresión hacia él que el miércoles pasado, pero no tuve tiempo de confirmar mis sospechas pues no pasamos mucho tiempo juntos. Me había olvidado de él por completo, pero ahora sé que ese día algo en mí interior dio un vuelco al tenerle cerca.
No es que sea tremendamente guapo, sino que es de esos hombres que tienen un atractivo innato. Los miras y no sabes exactamente que es lo que tienen que hace que pierdas el norte. Puede ser su mirada o su boca, su forma de hablar o de sonreír, no se puede concretar.
Todo hubiese quedado en echarle un par de miradas si no hubiera sido porque, no sé si lo hacíamos adrede o no, si fue uno solo o éramos los dos, pero nos encontrábamos a cada rato uno al lado del otro.
Le pillé un par de veces mirándome las piernas. Luego se puso la máscara y deje de saber donde miraba, así que supongo que se daría cuenta de que no podía parar de observarle.
Empezó a darme conversación. En principio intercambiamos las típicas frases de a qué te dedicas o por dónde sueles salir, pero poco a poco nos fuimos enredando en un largo diálogo en el que no nos dábamos cuenta de lo que hacía el resto de la gente que nos acompañaba.
Sí, cada palabra me confirmaba ese presentimiento que tuve y me envolvía cada vez más y más.
Acabamos lejos del resto, aunque sabiéndonos vigilados a hurtadillas. No sé cuanto tiempo pasamos charlando pero, en un momento dado, nuestros labios se encontraron en un beso interminable. Dios, hacía tanto tiempo que no me besaban así… no quería que se acabara nunca. No puedo explicar lo que sentí ni el modo en que me miraba y me sonreía, ni como acariciaba mi rostro o me estrechaba contra él. Fue demasiado perfecto.
La noche pasó volando, tremendamente deprisa. No paramos de reír, de besarnos, de abrazarnos… Me olvidé del mundo. No recuerdo la música ni la gente, sólo a él dándome todo su cariño, y eso ya es bastante.
Costó mucho separarse, aunque sepamos que cuando queramos podemos volvernos a encontrar.
¿Y ahora qué? Creo que aún no me he recuperado. No fui consciente de lo que pasó, sólo me dejé llevar y fue maravilloso. No sé si esto va a cambiar las cosas, todavía no he vuelto a poner los pies en la tierra.
¿Qué es lo que me ha dado?
Ménage à trois
Estas son algunas de las perlitas que me regala la gente que conozco:
- Roberto: “Es que tú eres muy promiscua”.
- Víctor: “Mis amigos dicen que tienes cara de viciosa”.
- Paula: “Es que tú eres demasiado moderna”.
De tanto decirme cosas de este estilo estoy empezando a pensar que soy una degenerada.
La última es que mis compañeras están totalmente escandalizadas porque cierto personaje nos propuso hacer un trío a mi amiga Marta y a mí y nos lo tomamos como algo normal. Y es que creo que no es para tanto. Puede gustarte o no, apetecerte o no, pero tampoco creo que sea algo tan extraño y no es la primera vez que me lo proponen (igual es que tengo la “suerte” de topar con todos los pervertidos de España).
Supongo que también depende del modo en que te lo planteen. En este caso estábamos charlando y tomándonos unas copas y el ambiente andaba un poquito “caldeado”. El chico empezó a flirtear con las dos: que si un roce por aquí, unas palabritas algo subidas de tono por allá… y en un momento dado nos agarra y nos dice que no puede decidirse por una y que le gustaría poder tener a las dos. Nosotras que andábamos en un plan un poco “picarón”, estuvimos siguiéndole un rato el juego pensando que era una fantasmada y que no se atrevería a pasar de las palabras, pero la noche avanzaba y él seguía en sus trece.
La cosa no llegó más lejos de ahí. Nos propuso irnos los tres a algún sitio más íntimo pero la idea no nos seducía demasiado; aunque coincidimos en pensar que, en el momento adecuado y con las personas apropiadas, podría resultar algo muy atrayente.
Ya os contaré que más cosas pasaron esa noche porque la verdad es que tuvimos una velada completita…
- Roberto: “Es que tú eres muy promiscua”.
- Víctor: “Mis amigos dicen que tienes cara de viciosa”.
- Paula: “Es que tú eres demasiado moderna”.
De tanto decirme cosas de este estilo estoy empezando a pensar que soy una degenerada.
La última es que mis compañeras están totalmente escandalizadas porque cierto personaje nos propuso hacer un trío a mi amiga Marta y a mí y nos lo tomamos como algo normal. Y es que creo que no es para tanto. Puede gustarte o no, apetecerte o no, pero tampoco creo que sea algo tan extraño y no es la primera vez que me lo proponen (igual es que tengo la “suerte” de topar con todos los pervertidos de España).
Supongo que también depende del modo en que te lo planteen. En este caso estábamos charlando y tomándonos unas copas y el ambiente andaba un poquito “caldeado”. El chico empezó a flirtear con las dos: que si un roce por aquí, unas palabritas algo subidas de tono por allá… y en un momento dado nos agarra y nos dice que no puede decidirse por una y que le gustaría poder tener a las dos. Nosotras que andábamos en un plan un poco “picarón”, estuvimos siguiéndole un rato el juego pensando que era una fantasmada y que no se atrevería a pasar de las palabras, pero la noche avanzaba y él seguía en sus trece.
La cosa no llegó más lejos de ahí. Nos propuso irnos los tres a algún sitio más íntimo pero la idea no nos seducía demasiado; aunque coincidimos en pensar que, en el momento adecuado y con las personas apropiadas, podría resultar algo muy atrayente.
Ya os contaré que más cosas pasaron esa noche porque la verdad es que tuvimos una velada completita…
Tan solo una cosa

Eres un animal salvaje. Fiera a la que no se puede dominar, pero que a ratos simula que se deja domar. Permites que te ate y que me sienta tu ama, cuando ambos sabemos que hace mucho tiempo que me encadenaste a ti. Soy tu fiel amante y tú el dueño de cada poro de mi piel. En tus ojos está mi razón de vivir.
Simulas dejarme libre y yo me echo a volar, más siempre termino posándome de nuevo a los pies de tu cama como un pajarillo que busca alimento en su jaula, pues no aprendió a encontrarse el sustento.
No me importa someterme a ti. Te entregaré mí alma gustosa si me dices tan solo una cosa: que me necesitas igual que yo a ti.