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Gata Salvaje
Maullando sobre los tejados

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Así soy yo, dulce como un gatito pero también sé sacar las uñas si la ocasión lo requiere. gatasalvaje_massassi@hotmail.com Contadores Web
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Los fans enloquecen y pisotean a su ídolo....
Me he enterado de que hay una telenovela con el mismo nombre que mi blog… para los que hayáis pensado lo contrario, ha sido pura coincidencia, no sabía que existía un culebrón con ese nombre y además me fastidia mucho porque no me gustan nada y no entiendo como a la gente le pueden gustar, pero bueno, tiene que haber gustos para todo.

Esto me recuerda a lo mucho que me martirizan mis amigas con Pasión de Gavilanes y sus protagonistas, me hicieron ir a un garito al que venía uno de ellos porque decían que querían verle porque está muy bueno. Al llegar a la puerta nos dijeron que había que pagar para entrar (que en ese sitio nunca han cobrado entrada) y por ahí ya si que no paso, así que se quedaron con las ganas de ver al “gavilán”.
Lo más curioso es que se formó un mogollón de gente en la puerta esperando verle pasar. Hicieron un pasillo como si viniera Tom Cruise y yo me quedé con cara de no entender nada. ¿Tanto para ver a un actor de un culebrón? Hay que ver lo mala que es la televisión…
Nunca entenderé lo loca que se puede volver la gente por un “famoso”. Vamos, que si yo salgo un día de mi casa y me cruzo con Bruce Willis dudo mucho que me fuese a lanzar a su cuello gritando, llorando y tirándome de los pelos. Probablemente ni le pidiese un autógrafo porque la verdad es que no lo quiero para nada, bueno, si es para venderlo a algún fan enloquecido sí que ando muy mal de pasta. Eso es lo único que me gusta de los famosos, su dinero. Quien lo pillara...
 
Levantando pesas
Llevo algo más de un año yendo al gimnasio y he podido ver como montones de personas se apuntaban, iban un mes o dos y después no se les volvía a ver el pelo. He sido una de esas pocas que se han mantenido fijas allí durante todo este tiempo y comprendo que mucha gente se vaya porque requiere mucha fuerza de voluntad el ir semana tras semana y mes tras mes. Como muchos otros, soy de las que va cuando salgo de la universidad y cada día tengo que luchar contra la tentación de quedarme tranquilamente sentada en mi casa. Me cuesta un gran esfuerzo el cambiar el sofá por la bicicleta pero la pasta que tengo que pagar me ayuda a elegir lo segundo. Luego vuelvo destrozada y en muchas ocasiones tengo que sufrir todo el día siguiente las terribles agujetas, pero merece la pena cuando alguien me dice “vaya piernas más duras” o “estás en forma” y veo que tanto esfuerzo ha dado sus frutos.
Luego están aquellos que van todos los días pero que nunca les ves hacer nada, se dedican a hablar y a pasearse mientras tú te esfuerzas por levantar las pesas y nunca les ves una sola gota de sudor. Estos son a los que les oyes preguntarse: ¿por qué no me pongo cachas?, ¿por qué no adelgazo? Todos tenemos bastante clara la respuesta, menos ellos. Un conocido mío se apuntó, fue un mes y luego lo dejó porque decía que no se había puesto fuerte. Debe ser que pensaba que tú coges las pesas, las levantas un par de veces y te pones como Van Damme, y en un mes ya eres como Schwarzenegger en su época de culturista.

Hoy mismo estaba en mi gimnasio uno de esos del tipo vago. Siempre que me le encuentro está sentado o diciéndole al monitor “este ejercicio no me sale”. No sé cuantas horas se pasará allí al día pero cuando he llegado ya estaba y al irme se ha quedado allí. Bueno, pues en el tiempo en el que yo me he hecho toda la tabla de hoy le he visto hacer dos ejercicios de pesas y cuatro abdominales, el chico debía de estar muy cansado cuando ha llegado a su casa. Ahora toca hacer la quiniela de cuanto tiempo va a durar, yo creo que para el nuevo año habrá dejado de venir.
Hablando del año nuevo, en enero llegará todo un mogollón de gente nueva con el propósito de moldear su cuerpo tras los atracones navideños. Para marzo el 90% habrá desaparecido y es que no hay muchos que sean capaces de vencer la pereza o de soportar el largo tiempo de espera hasta que se consiguen resultados visibles. Yo misma hay muchas veces que me pregunto, ¿por qué sigo yendo? Bueno, ¡todo sea por la salud y por estar guapa!
 
Videojuegos
Hoy voy a hablaros de uno de mis vicios confesables: los videojuegos. Es una alegría ver que ya están dejando de ser una “cosa de niños” y se están convirtiendo en un hobby más como el cine o la lectura. Parece ser que ya se van animando más mujeres con ellos y eso es bueno. Cuando yo iba al colegio era la única niña de la clase a la que le iban esas cosas y así me pasaba, que me tenía que juntar con los niños. De todos modos es que siempre fui un poco “machorra” porque en vez de jugar con las barbies, prefería hacerlo con el fuerte de Playmobil o con los muñecos de La Guerra de las Galaxias (efectos secundarios de pasar tanto tiempo con mi hermano).
Como decía, ya hay bastante mujeres metidas en el mundo de los videojuegos y esto en gran parte es debido a la creación del súper conocido juego de los Sims y sus similares, juegos número uno entre las mujeres. Pues bien, en esto también me salgo de las estadísticas, a mi me gusta más pegar tiros y puñetazos. De ahí que dentro de mis títulos preferidos estén los Resident Evil, Silent Hill, Metal Gear, Tekken, GTA, Getaway… vamos, que me gustan los sustos, la violencia y ante todo mucha acción. Y es que hay pocas cosas tan gratificantes como llegar a casa después de una agotadora experiencia en el transporte público y ponerte a repartir caña a diestro y siniestro. Yo soy de los que piensan que los videojuegos violentos no tienen nada de malo sino todo lo contrario (siempre y cuando se dejen alejados de los niños), sirven para descargar tensiones y poner algo de emoción a nuestras vidas sin salir de casa y sin necesidad de disponer de mucho tiempo libre. Ya esto deseando conseguir el Resident Evil 4 para ponerme a matar zombis por España (una España más mexicana que otra cosa, pero bueno).

Así que nada, os animo a todos a darle al vicio estas navidades (me refiero a la consola, eh?), un buen videojuego es una de las mejores distracciones que os podéis encontrar. Y también os recomiendo escuchar las bandas sonoras de los Silent Hill, son una maravilla, aunque a los que les gusten los survival horror no creo que haga falta que se lo diga.
Otro día os hablaré de alguno más de mis vicios que son muchos y variados.
 
"Sois unas pervertidas"
Tengo una amiga que es una de esas tías a las que les gusta dar la impresión de que van para monjas (léase como ejemplo Britney Spears antes de soltarse la melena). Se muestra como una mujer modosita, estrecha hasta límites insospechados y que busca a un hombre que la ame con locura y no quiera hacer “cerdadas” con su cuerpo.
Con sus veintitantos años al menos hemos conseguido que deje de presumir de virginidad como si fuera algo que todas envidiáramos (no sabía yo que fuese algo por lo que sentirse tan orgullosa), pero nunca quiere decir nada sobre si ya ha dejado de serlo porque “eso son cosas muy íntimas”.

Una noche en que nos juntamos unas cuantas amigas en su casa, en una de esas típicas reuniones femeninas, nuestra conversación nos llevó al tema de la masturbación. Cómo estábamos en un ambiente en que había confianza ninguna tuvimos problema en decir que era algo que practicábamos. Ella se puso blanca, nos miró con cara de haber matado a alguien y posteriormente nos soltó una tremenda mirada de asco. Dijo que ella no hacía esas cosas, como quien habla de ir repartiendo navajazos por las calles y con actitud de sentirse superior a nosotras por resistir a los “pecados de la carne”.
Si le sacas el tema del sexo oral ya apaga y vámonos, te da a entender que eres una pervertida asquerosa y se queda traumatizada. Si lo haces eres una cerda y si te lo hacen también por permitirlo.
Hace poco me estuvo contando las ganas de vomitar que le entraron ante la fugaz visualización de una película porno. Que vale que no te gusten, que a mi tampoco me resultan interesantes, pero de ahí a las nauseas hay un buen trecho.

Lo que yo no entiendo es a qué se dedica cuando sale con algún tío. Según ella no hace nada de nada y cuenta con espanto las “terribles perversiones” que intentan hacerla. Claro, normal que le duren un suspiro, que ya no son quinceañeros con ganas de pasear cogidos de la mano y punto. Yo no entiendo como con su edad, a estas alturas de la vida y sin siquiera ser religiosa, se puede ser así. No me entra en la cabeza.

Lo que ocurre de puertas para adentro ya no lo sé porque según otras conocidas con ellas no es estrecha. ¿Será un caso de doble personalidad?
 
Sonrie
Nunca me ha gustado utilizar el autobus porque, por lo menos donde yo vivo, el conductor típico es un cincuentón amargado que aprovecha la más mínima ocasión para ponerte a parir como si tú tuvieras la culpa de su desgracia y que además, conduce de tal forma que pone en peligro la integridad de todos los pasajeros. Pero que le voy a hacer, no tengo más remedio que utilizarlos de vez en cuando (aunque siempre que puedo utilizar el metro como alternativa lo hago).
Pues bien, hoy estaba esperando el bus que me lleva a la estación amargadita por lo poco que me gusta este medio de transporte. Cual ha sido mi sorpresa cuando ha parado, se han abierto las puertas y me he encontrado con un chico joven y con unos ojazos azules impresionantes. En vez de la típica mirada de "te mato" que suelo recibir cuando les saludo y a la que estoy tan acostumbrada, me he encontrado con esa carita tan mona que me ha saludado amablemente. Y con una cosa tan pequeña se me ha alegrado la tarde por lo poco acostumbrada que estoy a esos recibimientos.

No pido que todos los conductores sena apuestos jovencitos, lo único que pido es que se muestren un poco amables con los pobres usuarios que no tenemos la culpa de lo duro de su trabajo. Yo también vuelvo a veces de muy mal humor después de haber pasado todo el día entre clases, prácticas y demás, pero no por ello trato mal a la gente que me rodea. Si es que hay muchos que no se dan cuenta de lo gratificante que puede resultar una simple sonrisa (y si es de un chico guapo entonces ya te deja alegre para todo el día).

Como bien dijo García Marquez (creo):

Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa.
 
Ser la invitada
Hay una cosa que me fastidia muchísimo y es el hecho de que cuando vamos de visita a una casa de una amigo o amiga, pareja o lo que quieras que todavía viva con sus padres, en el 90% de las ocasiones estos te van a dar el coñazo.
El ámbito que más nerviosa me pone es el de la comida, precisamente aquel en el que más pesados se suelen poner. Es de buena educación ofrecer algo a los invitados pero no hace falta obligarles a comer. A mi me parece muy bien que quieran quedar bien y me ofrezcan todo lo que tengan en la casa y se lo agradezco, pero si digo que no me apetece no es porque tenga vergüenza sino porque de verdad no me apetece. En estos casos tampoco es tan difícil salir del apuro porque les aceptas un café te comes una pastita y ya se quedan contentos pero cuando vas de invitada a comer la cosa se complica. Recreación de una situación típica:

- ¿Quieres un filete o dos?
- Uno, por favor.
- ¿Sólo? No, no, tú te vas a comer dos.
- No gracias, que yo soy de comer poco y no me apetece, en serio.


Y al final te ponen dos. Y te están dando la plasta durante toda la comida para que te lo comas todo. A los filetes tienes que añadirle el platazo de macarrones que te han hecho tragarte antes y cuando crees que ya ha terminado y te van a dejar tranquila viene el postre. No les basta con que te tomes un café sino que te sacan la “carta” de postres de la madre o abuela y te presionan hasta que dices que sí para que se callen.
Te has puesto literalmente hasta el culo y te toca quedarte sentada escuchando su conversación mientras intentas superar el dolor de tu estómago. Si tienes suerte podrás irte pronto pero como pase una hora y media o dos y sigas en la casa van a empezar a ofrecerte cosas para merendar.

- “Venga, come algo que estás muy delgada”.

Es horrible, tanto ir al gimnasio e intentar seguir una dieta equilibrada para que en un rato te hagan ganar cuatro kilos… te dan ganas de matarlos a todos. Y tú te preguntas, ¿si comen todos los días así cómo es que todavía no han reventado?

Si la casa que visitas es la de un tío con el que estás liada además del eterno show de la comida va a haber otro paralelo inmiscuyéndose en tu vida. Vamos, que no te preguntan con cuantos tíos te has acostado a lo largo de tu vida por guardar un poco el decoro.
La madre un chico del que no quiero dar ningún dato no vaya a ser que lea esto y se de por aludido, es ya un caso extremo de cotilla. Estando los dos encerrados en su habitación la mujer abre disimuladamente la puerta, asoma la cabeza, se nos queda mirando y pregunta: ¿qué hacéis? En el caso de que tengas el ordenador encendido o estés con unos papeles o algo así se te acerca, cotillea por encima de tu hombro y pregunta, como no, para quedar bien enterada de todo.
No sé pero a mi me daría un poquito de vergüenza el meterme de esa manera en una habitación con una pareja por lo que me pueda encontrar. Nada, que en uno de esos ¿qué hacéis?, dan ganas de contestar: “pues nada, echar un polvo si conseguimos que nos dejes en paz”.
 
Días Negros
Parece ser que no he tenido mucha suerte al iniciar este blog porque nada más empezar con él he tenido unos problemillas con el ordenador y me he quedado un tiempo sin internet. Ahora vuelvo a estar en la red, pero sin ADSL de manera indefinida. Espero que por poco tiempo!!

La verdad es que ultimamente no es sólo en estos lares donde tengo problemas, estoy en una de esas etapas en la que todo te sale mal y que yo llamo "días negros". Los estudios, las relaciones y ahora también la salud con el trancazo que he pillado, se están resintiendo y yo me veo atrapada en una de esas espirales de mala suerte que nos rodean de cuando en cuando.
Es una de esas épocas en que todo lo que te planteas sale al revés y en las que no te ves con fuerzas para nada. Discutes con todo el que está a tú alrededor y no consigues terminar un sólo día con una sonrisa. Menos mal que estas etapas pasan y la cercana navidad va a permitirme unos días para descansar, desestresarme y olvidar malos rollos.

No es que yo tenga un gran apego por la navidad. No me agradan demasiado esas noches en familia zampando turrón, el tremendo afán consumista que se apodera de la mayoría y el tener que estar escuchando villancicos allá donde vaya, pero al menos permiten algo de relax y pegarse alguna fiestecilla con los amigos. Esos días vienen bien para terminar el año algo más tranquilamente y para proponerse cosas para el año siguiente que nos hacen sentir orgullosos en el momento y que al final nunca cumplimos. Son ya míticas esas promesas de “me centraré seriamente en los estudios”, “pasaré más tiempo con la familia”, “tendré más paciencia”… pero parece ser que el día 8 de enero guardamos esas propuestas en el olvido junto con las tonterías que hicimos en Nochevieja y nos resignamos a volver a la triste rutina. Y así nos vemos cada año, más viejos, con la misma aburrida vida, con un nuevo michelín por los excesos de las fiestas e igual de infelices que siempre.