Sólo un minuto
Estoy harta de ser la que siempre mira por todos y que en la vida se hayan molestado en ver todo lo que hago por ellos. Siempre tengo que mediar en todas las discusiones y solucionarlas, que escuchar cuando alguien se siente mal o tiene algún problema pero, ¿alguna vez se preocupan por mí? Hay muchas veces en que lo estoy pasando mal, que me siento sola, que necesito hablar con alguien y ¿alguno me tiende la mano? No, ellos sólo se preocupan por sí mismos. Está muy bien el tener a quien te apoye cuando las cosas se tuercen pero supone mucho esfuerzo el devolverle el favor a esa persona que siempre está ahí cuando más lo necesita.
Nada de lo que hago lo hago esperando recibir nada a cambio, sino porque se supone que esas personas son mis amigos y me apetece ayudarles pero lo lógico es que si yo estoy en una mala situación vengan a prestarme ayuda o simplemente a escucharme.
Poniendo un ejemplo. Tengo una “amiga” a la que siempre escucho contándome sus problemas, a la que intento comprender cuando mete la pata, a la que nunca he fallado. Hace poco estuvimos hablando porque estaba bastante mal por un familiar enfermo. Estuve intentando animarle e ayudarle en la medida en que podía. Ahora que las cosas van mejor, no se molesta ni en llamarme para tomar un café y no es precisamente por falta de tiempo libre. Luego se excusará diciendo que se le ha pasado llamarme y prometerá que a partir de ahora vamos a hablar más a menudo y a vernos más. A la semana siguiente dejaré de saber de su vida a saber por cuanto tiempo. ¿Es eso realmente amistad? De los amigos no te acuerdas sólo cuando tienes problemas.
Hace poco pasé por una mala racha. Me pasaba los días encerrada en casa porque no tenía ganas de hacer nada, no rendía en la universidad, se me venía el mundo encima. Sólo una persona estuvo a mi lado apoyándome y haciéndome sentir algo mejor. El resto ni se molestaron en preguntar por qué no quedaba con ellos cuando me llamaban, pero si que se acordaban de contarme lo cansados que estaban del trabajo o la mala suerte que estaban teniendo en el amor. Yo como siempre, escuchando como una imbecil cuando lo que necesitaba era tener a alguien a mi lado que me abrazara y me dijera unas cuantas palabras de ánimo.
Si de algo me sirve esto es para valorar de veras a esa persona que siempre está ahí y que me ha demostrado ser un verdadero amigo. No importa cuantas cosas tenga que hacer ni la hora que sea, siempre escucha mi llamada y está dispuesto a ir a donde sea si es para hacerme feliz. A él nunca le olvidaré y sabe que puede contar conmigo para cualquier cosa.
Esa es para mí la verdadera amistad. La que da sin esperar nada a cambio y que busca tiempo debajo de las piedras para estar a tu lado. Sé que todos tenemos muchas cosas que hacer y no podemos estar todo el día pendientes del resto del mundo, pero si alguien te importa realmente sacas tiempo de donde no lo hay para estar con él o con ella; o le llamas por teléfono, o le mandas un mail… hoy en día tenemos mil formas de comunicarnos y cualquiera tiene un minuto para mandar un sms a un amigo y recordarle que estás ahí a pesar de todo.
Nada de lo que hago lo hago esperando recibir nada a cambio, sino porque se supone que esas personas son mis amigos y me apetece ayudarles pero lo lógico es que si yo estoy en una mala situación vengan a prestarme ayuda o simplemente a escucharme.
Poniendo un ejemplo. Tengo una “amiga” a la que siempre escucho contándome sus problemas, a la que intento comprender cuando mete la pata, a la que nunca he fallado. Hace poco estuvimos hablando porque estaba bastante mal por un familiar enfermo. Estuve intentando animarle e ayudarle en la medida en que podía. Ahora que las cosas van mejor, no se molesta ni en llamarme para tomar un café y no es precisamente por falta de tiempo libre. Luego se excusará diciendo que se le ha pasado llamarme y prometerá que a partir de ahora vamos a hablar más a menudo y a vernos más. A la semana siguiente dejaré de saber de su vida a saber por cuanto tiempo. ¿Es eso realmente amistad? De los amigos no te acuerdas sólo cuando tienes problemas.
Hace poco pasé por una mala racha. Me pasaba los días encerrada en casa porque no tenía ganas de hacer nada, no rendía en la universidad, se me venía el mundo encima. Sólo una persona estuvo a mi lado apoyándome y haciéndome sentir algo mejor. El resto ni se molestaron en preguntar por qué no quedaba con ellos cuando me llamaban, pero si que se acordaban de contarme lo cansados que estaban del trabajo o la mala suerte que estaban teniendo en el amor. Yo como siempre, escuchando como una imbecil cuando lo que necesitaba era tener a alguien a mi lado que me abrazara y me dijera unas cuantas palabras de ánimo.
Si de algo me sirve esto es para valorar de veras a esa persona que siempre está ahí y que me ha demostrado ser un verdadero amigo. No importa cuantas cosas tenga que hacer ni la hora que sea, siempre escucha mi llamada y está dispuesto a ir a donde sea si es para hacerme feliz. A él nunca le olvidaré y sabe que puede contar conmigo para cualquier cosa.
Esa es para mí la verdadera amistad. La que da sin esperar nada a cambio y que busca tiempo debajo de las piedras para estar a tu lado. Sé que todos tenemos muchas cosas que hacer y no podemos estar todo el día pendientes del resto del mundo, pero si alguien te importa realmente sacas tiempo de donde no lo hay para estar con él o con ella; o le llamas por teléfono, o le mandas un mail… hoy en día tenemos mil formas de comunicarnos y cualquiera tiene un minuto para mandar un sms a un amigo y recordarle que estás ahí a pesar de todo.
Palabras que duelen
Sus hermosos ojos azules. Esa es la primera imagen que tengo al despertar. Me viene a la memoria esa mirada que me mata, que no me deja respirar.
Estoy sola. La casa está vacía a excepción de una triste planta que no se decide a crecer ni a secarse, presa de la misma indecisión que se ha apoderado de mí y que mantiene en el mismo punto al que no recuerdo cuando llegué. Diría que el tiempo se ha parado si no fuera porque el maldito teléfono no para de sonar intentando devolverme a la realidad. No quiero contestar, no quiero salir todavía de mi pequeña burbuja, así que dejo que suene hasta que quien quiera que sea se da por vencido.
No pienses en él. No pienses más en él. No importa que hayas vuelto a imaginar las mil y una maneras de volverle loco después de oír de su boca que le pareces una mujer hermosa. Hermosa… sólo el podía emplear esa palabra y hacer que sonase como si me acabara de regalar el mundo.
No me digas eso porque así no voy a poder olvidarme de ti. Pero no se lo digo, sólo soy capaz de sonreír y esquivar sus ojos para que no puedan traspasarme de nuevo.
Siento ganas de decirle: “¿Por qué no me llevas a tu casa y me haces el amor?”; pero esto tampoco se lo digo, claro.
Vaya día el de ayer. Me costó demasiado no lanzarme a su cuello cual vampiro hambriento; por eso hoy estoy a saber dónde intentando olvidar pero sin conseguirlo.
¿Por qué tiene que ser tan maravilloso?
¿Por qué consigue acelerarme el pulso a tal velocidad?
¿Por qué él y no otro?
Eso quisiera saber yo. Por qué ha tenido que ser él, el hombre que probablemente más problemas me puede causar si cualquier día acabo entre sus brazos.
"Y no volver a pasar delante de tu mirada,
puedes hacerme temblar,
y no quiero ver tus ojos de hielo llorar."
Preciosa banda sonora la que me acompaña...
Estoy sola. La casa está vacía a excepción de una triste planta que no se decide a crecer ni a secarse, presa de la misma indecisión que se ha apoderado de mí y que mantiene en el mismo punto al que no recuerdo cuando llegué. Diría que el tiempo se ha parado si no fuera porque el maldito teléfono no para de sonar intentando devolverme a la realidad. No quiero contestar, no quiero salir todavía de mi pequeña burbuja, así que dejo que suene hasta que quien quiera que sea se da por vencido.
No pienses en él. No pienses más en él. No importa que hayas vuelto a imaginar las mil y una maneras de volverle loco después de oír de su boca que le pareces una mujer hermosa. Hermosa… sólo el podía emplear esa palabra y hacer que sonase como si me acabara de regalar el mundo.
No me digas eso porque así no voy a poder olvidarme de ti. Pero no se lo digo, sólo soy capaz de sonreír y esquivar sus ojos para que no puedan traspasarme de nuevo.
Siento ganas de decirle: “¿Por qué no me llevas a tu casa y me haces el amor?”; pero esto tampoco se lo digo, claro.
Vaya día el de ayer. Me costó demasiado no lanzarme a su cuello cual vampiro hambriento; por eso hoy estoy a saber dónde intentando olvidar pero sin conseguirlo.
¿Por qué tiene que ser tan maravilloso?
¿Por qué consigue acelerarme el pulso a tal velocidad?
¿Por qué él y no otro?
Eso quisiera saber yo. Por qué ha tenido que ser él, el hombre que probablemente más problemas me puede causar si cualquier día acabo entre sus brazos.
"Y no volver a pasar delante de tu mirada,
puedes hacerme temblar,
y no quiero ver tus ojos de hielo llorar."
Preciosa banda sonora la que me acompaña...
Un hombre al que desear...
Vas por la vida tan tranquila y de pronto se te cruza alguien que hace que todo de un vuelco. Eso me pasó con él; quizá no la primera vez que le vi pero si la primera vez que le miré con verdadero interés.
Cuesta mirarle a los ojos porque no puedo evitar sonreír como una boba y acabar desviando la mirada a cualquier otro lugar.
Nunca he tenido una gran conversación con él, la verdad es que hemos cruzado pocas palabras y no sé casi nada de su vida, pero tiene algo que me vuelve loca, aunque no sé exactamente que es. Quizá es su mirada o la forma en la que habla, como si cada palabra que pronuncia estuviese pesada y meditada. Es una de esas personas que te produce un largo escalofrío con sólo tocarte. No sé muy bien cual es su opinión sobre mí pero seguro que sería distinta, para bien o para mal, si supiera las vueltas que da en mi cabeza y las veces en que me lo imagino rodeándome con sus brazos o, dejando a un lado romanticismos, retozando desnudo conmigo.
Y casi es mejor prescindir del romanticismo aunque yo siempre doy un halo de él a todos mis asuntos, quizá por vergüenza a reconocer que lo que me une a una persona es sólo pasión animal. Es así, no le veo como el hombre de mi vida, ni fantaseo con pasear cogida de su mano; nada de eso. No es amor lo que me hace sentir ni me cuesta mirarle a los ojos porque sea una loca enamorada. Lo que saca de mí es deseo y pasión y no soy capaz de sostener su mirada porque no puedo evitar imaginármele escaso de ropa y haciéndome gozar.
Siempre me las he dado de mujer liberal, pero en este caso no puedo evitar sentirme algo avergonzada por las visiones que creo en mi cabeza. Sé perfectamente que no hay nada de malo en desear a alguien de esta manera, que es normal que me pase pero, no sé por qué, me empeño en ocultarlo. Puede que sea porque es una persona de la que nadie se imaginaría que yo pudiera sentir algo así, creo que ni el mismo puede imaginarlo. Este carácter “prohibido” de mis sentimientos, oculto a los ojos de todos, lo hace aún más excitante porque puedo estar a su lado alelada pensando en su cuerpo mientras el resto del mundo es totalmente ajeno a ello. Pero es duro saber que esto se queda aquí, que no va a llegar a más. Somos tan diferentes… Nunca le diría lo que siento porque la maraña de relaciones en la que estamos incluidos no cuenta con esto; sería algo demasiado imprevisible y que haría a más de uno volverse en mi contra. Es la típica cosa para la que el mundo no está preparado porque, por mucho de que se las den de liberales sé que esto no lo aguantarían, no se dan cuenta ni ellos de las mentes tan arcaicas que poseen.
En esta vida todavía es difícil ser una mujer libre, que no tiene miedo de expresar sus deseos, sin que se te eche una bandada de cuervos encima. Así que, así seguiré, deseándole cada vez que le recuerdo, cada vez que le veo; evitando sus ojos cuando me siguen, su sonrisa, su voz… muriéndome de ganas de tenerle; mientras él mata el tiempo con otra y yo paso mis días junto a un hombre que no deseo, pues sus manos no son las suyas, sus ojos no son difíciles de mirar y su voz carece de esa sensualidad que en él te envuelve.
Cuesta mirarle a los ojos porque no puedo evitar sonreír como una boba y acabar desviando la mirada a cualquier otro lugar.
Nunca he tenido una gran conversación con él, la verdad es que hemos cruzado pocas palabras y no sé casi nada de su vida, pero tiene algo que me vuelve loca, aunque no sé exactamente que es. Quizá es su mirada o la forma en la que habla, como si cada palabra que pronuncia estuviese pesada y meditada. Es una de esas personas que te produce un largo escalofrío con sólo tocarte. No sé muy bien cual es su opinión sobre mí pero seguro que sería distinta, para bien o para mal, si supiera las vueltas que da en mi cabeza y las veces en que me lo imagino rodeándome con sus brazos o, dejando a un lado romanticismos, retozando desnudo conmigo.
Y casi es mejor prescindir del romanticismo aunque yo siempre doy un halo de él a todos mis asuntos, quizá por vergüenza a reconocer que lo que me une a una persona es sólo pasión animal. Es así, no le veo como el hombre de mi vida, ni fantaseo con pasear cogida de su mano; nada de eso. No es amor lo que me hace sentir ni me cuesta mirarle a los ojos porque sea una loca enamorada. Lo que saca de mí es deseo y pasión y no soy capaz de sostener su mirada porque no puedo evitar imaginármele escaso de ropa y haciéndome gozar.
Siempre me las he dado de mujer liberal, pero en este caso no puedo evitar sentirme algo avergonzada por las visiones que creo en mi cabeza. Sé perfectamente que no hay nada de malo en desear a alguien de esta manera, que es normal que me pase pero, no sé por qué, me empeño en ocultarlo. Puede que sea porque es una persona de la que nadie se imaginaría que yo pudiera sentir algo así, creo que ni el mismo puede imaginarlo. Este carácter “prohibido” de mis sentimientos, oculto a los ojos de todos, lo hace aún más excitante porque puedo estar a su lado alelada pensando en su cuerpo mientras el resto del mundo es totalmente ajeno a ello. Pero es duro saber que esto se queda aquí, que no va a llegar a más. Somos tan diferentes… Nunca le diría lo que siento porque la maraña de relaciones en la que estamos incluidos no cuenta con esto; sería algo demasiado imprevisible y que haría a más de uno volverse en mi contra. Es la típica cosa para la que el mundo no está preparado porque, por mucho de que se las den de liberales sé que esto no lo aguantarían, no se dan cuenta ni ellos de las mentes tan arcaicas que poseen.
En esta vida todavía es difícil ser una mujer libre, que no tiene miedo de expresar sus deseos, sin que se te eche una bandada de cuervos encima. Así que, así seguiré, deseándole cada vez que le recuerdo, cada vez que le veo; evitando sus ojos cuando me siguen, su sonrisa, su voz… muriéndome de ganas de tenerle; mientras él mata el tiempo con otra y yo paso mis días junto a un hombre que no deseo, pues sus manos no son las suyas, sus ojos no son difíciles de mirar y su voz carece de esa sensualidad que en él te envuelve.