Me va a acabar volviendo loca...
He dado ese cambio que mi vida necesitaba, que una parte de mi deseaba fervientemente pero otra no era capaz de llevar a cabo por miedo a equivocarse. Ya no importa si es un error, he decidido cambiar porque, es verdad, no estaba agusto con mi vida, así que, merece la pena arriesgarse, ¿no?
Y ahora vuelvo a estar dividida en mis sentimientos. Por un lado estoy algo triste y desorientada porque ha sido un cambio muy repentino y no es fácil romper de un día para otro con la vida que llevas tantos años teniendo. Pero por otro lado hay algo que me hace ser feliz y es la estupenda noche que me hizo pasar el otro día el hombre de los ojos azules que tan de cabeza me trae.
Ya no hay más dudas acerca de él, de lo que pasa por su cabeza. Tuvimos una charla de esas que ni me acuerdo de cual fue la última vez que tuve con un hombre. Él me contó cosas de su vida que me han hecho entenderle un poquito más y yo le conté todo lo que ha estado pasando por mi cabeza y mi corazón en estas últimas semanas. Nunca hubiese pensado en contarselo a él, que parecía tan despreocupado y tan vividor. ¿El qué me llevó a contárselo? El que por el simple hecho de verme un poco triste y sin conocer el motivo, se pasase toda la noche a mi lado diciéndome palabras bonitas e intentando animarme. Porque no paró de intentar hacerme sonreir, porque me hizo sentir especial, porque me dijo que se moría de ganas de besarme, porque me estuvo mimando como nadie nunca había hecho. ¿No es un cielo?
No pasó nada entre nosotros porque yo decidí que fuera así. Porque, aunque ardía en deseos de comerle, sabía que no era el mejor momento por la pena que tenía encima, porque me sentía culpable sin motivo por estar así con él. Y lo entendió, vió lo que me pasaba y se conformó con abrazarme. No sabe lo mucho que esto ha significado para mi. Que una persona de la que pensabas que es el típico que sólo te quiere para echar un polvo (cosa que tampoco está mal pero que no era precisamente lo que yo necesitaba en ese momento), te sorprenda tratándote con tanta dulzura sin motivo alguno, porque casi ni me conoce... así que gracias, gracias por haberme devuelto la sonrisa cuando la había perdido, por haberme dado tanto cuando no tenías por qué hacerlo.
Y ahora vuelvo a estar dividida en mis sentimientos. Por un lado estoy algo triste y desorientada porque ha sido un cambio muy repentino y no es fácil romper de un día para otro con la vida que llevas tantos años teniendo. Pero por otro lado hay algo que me hace ser feliz y es la estupenda noche que me hizo pasar el otro día el hombre de los ojos azules que tan de cabeza me trae.
Ya no hay más dudas acerca de él, de lo que pasa por su cabeza. Tuvimos una charla de esas que ni me acuerdo de cual fue la última vez que tuve con un hombre. Él me contó cosas de su vida que me han hecho entenderle un poquito más y yo le conté todo lo que ha estado pasando por mi cabeza y mi corazón en estas últimas semanas. Nunca hubiese pensado en contarselo a él, que parecía tan despreocupado y tan vividor. ¿El qué me llevó a contárselo? El que por el simple hecho de verme un poco triste y sin conocer el motivo, se pasase toda la noche a mi lado diciéndome palabras bonitas e intentando animarme. Porque no paró de intentar hacerme sonreir, porque me hizo sentir especial, porque me dijo que se moría de ganas de besarme, porque me estuvo mimando como nadie nunca había hecho. ¿No es un cielo?
No pasó nada entre nosotros porque yo decidí que fuera así. Porque, aunque ardía en deseos de comerle, sabía que no era el mejor momento por la pena que tenía encima, porque me sentía culpable sin motivo por estar así con él. Y lo entendió, vió lo que me pasaba y se conformó con abrazarme. No sabe lo mucho que esto ha significado para mi. Que una persona de la que pensabas que es el típico que sólo te quiere para echar un polvo (cosa que tampoco está mal pero que no era precisamente lo que yo necesitaba en ese momento), te sorprenda tratándote con tanta dulzura sin motivo alguno, porque casi ni me conoce... así que gracias, gracias por haberme devuelto la sonrisa cuando la había perdido, por haberme dado tanto cuando no tenías por qué hacerlo.
Maldita cabeza...
Me atormenta clavando sus preciosos ojos azules en los mios y diciéndome cosas que no debería decir. No sé si se ha dado cuenta de lo que pasa, si sabe que se me acelera el pulso cada vez que me mira, o si su acercamiento es debido a que los dos hemos caído en lo mismo.
Me hace dudar. Se pasa el día rodeado de mujeres a las que tiene encandiladas con su manera de hablar y de comportarse. Siempre tan encantador, siempre sonriendo, siempre provocando el punto justo. No sé si es tremendamente listo y lo tiene todo estudiado o es que simplemente es así, que le ha tocado ser un seductor. Sabe decir a cada momento las palabras más adecuadas, sabe que frases son las que hacen caer a una mujer, aunque creo que yo le tengo un tanto desorientado pues no está acostumbrado a que se le resistan, a que alguien rechace sus bellas palabras y le responda con frases cortantes.
Sé que es diferente conmigo, aunque desconozco el motivo.
Toda la noche de fiesta. La acompañante como una perra en celo intentando lanzarse a su cuello a la menor ocasión. Él, tan mujeriego, no cae en sus redes, eso ya me resulta extraño.
Ella rezuma rabia por sus cuatro costados cuando ve que él se pasa media noche hablando conmigo, que mi conversación le resulta interesante y la suya no. Busca llamar su atención. Se mete de mala manera en nuestro diálogo, no para de intentar arrimársele. Es la segunda vez que ocurre. Las dos veces creía que iban a acabar liandose pero no, él me sorprende de nuevo.... cuando creo que estoy a punto de comprenderle resulta que me he vuelto a equivocar. No sé cual es su juego, aunque me encantaría descubrirlo.
He escuchado diversas opiniones sobre él y no sé con cual quedarme, desconozco quien está en lo cierto. Intento indagar por mi misma para salir de dudas de una vez por todas pero cada vez que le hago una pregunta un poco comprometedora, la esquiva habilmente y me deja en un mar de dudas. Nunca da muchos datos sobre su forma de ser, quizá yo tampoco me he lanzado a preguntar nunca realmente en serio, pero es que esa sonrisa no me deja, sólo me permite devolvérsela una y otra vez. Llega un punto en que se acerca a ese espacio en que puedes sentir su respiración y en que unas personas resultan tan incómodas y otras tan tremendamente atrayentes que es imposible evitar romper con esa distancia, ya sea alejándose o acercándose aún más. Y lo que hago es alejarme cuando lo que mi corazón y mi cuerpo me piden es acercarme todo lo que pueda y olvidarme del resto del mundo. Pero mi cabeza no me deja, aún no, hay unos cuantos cabos que atar antes de que pueda hacer lo que me de la gana sin dar cuentas a nadie. "Dentro de poco", me digo. Sé que con él no voy a ir a ninguna parte pero me muero de ganas de tenerle entre mis brazos y cada vez me importa menos lo que ocurra después.
Me hace dudar. Se pasa el día rodeado de mujeres a las que tiene encandiladas con su manera de hablar y de comportarse. Siempre tan encantador, siempre sonriendo, siempre provocando el punto justo. No sé si es tremendamente listo y lo tiene todo estudiado o es que simplemente es así, que le ha tocado ser un seductor. Sabe decir a cada momento las palabras más adecuadas, sabe que frases son las que hacen caer a una mujer, aunque creo que yo le tengo un tanto desorientado pues no está acostumbrado a que se le resistan, a que alguien rechace sus bellas palabras y le responda con frases cortantes.
Sé que es diferente conmigo, aunque desconozco el motivo.
Toda la noche de fiesta. La acompañante como una perra en celo intentando lanzarse a su cuello a la menor ocasión. Él, tan mujeriego, no cae en sus redes, eso ya me resulta extraño.
Ella rezuma rabia por sus cuatro costados cuando ve que él se pasa media noche hablando conmigo, que mi conversación le resulta interesante y la suya no. Busca llamar su atención. Se mete de mala manera en nuestro diálogo, no para de intentar arrimársele. Es la segunda vez que ocurre. Las dos veces creía que iban a acabar liandose pero no, él me sorprende de nuevo.... cuando creo que estoy a punto de comprenderle resulta que me he vuelto a equivocar. No sé cual es su juego, aunque me encantaría descubrirlo.
He escuchado diversas opiniones sobre él y no sé con cual quedarme, desconozco quien está en lo cierto. Intento indagar por mi misma para salir de dudas de una vez por todas pero cada vez que le hago una pregunta un poco comprometedora, la esquiva habilmente y me deja en un mar de dudas. Nunca da muchos datos sobre su forma de ser, quizá yo tampoco me he lanzado a preguntar nunca realmente en serio, pero es que esa sonrisa no me deja, sólo me permite devolvérsela una y otra vez. Llega un punto en que se acerca a ese espacio en que puedes sentir su respiración y en que unas personas resultan tan incómodas y otras tan tremendamente atrayentes que es imposible evitar romper con esa distancia, ya sea alejándose o acercándose aún más. Y lo que hago es alejarme cuando lo que mi corazón y mi cuerpo me piden es acercarme todo lo que pueda y olvidarme del resto del mundo. Pero mi cabeza no me deja, aún no, hay unos cuantos cabos que atar antes de que pueda hacer lo que me de la gana sin dar cuentas a nadie. "Dentro de poco", me digo. Sé que con él no voy a ir a ninguna parte pero me muero de ganas de tenerle entre mis brazos y cada vez me importa menos lo que ocurra después.
Sin rumbo
Ya se sabe que hay días en los que sería mejor no haberse levantado. Hoy es uno de ellos. Desde las 4:30 de la mañana, hora a la que me he despertado con la idea de que había sonado el despertador y me disponía a vestirme hasta que me he dado cuenta de la hora que era y me he vuelto a la cama, ya se veía que el día no iba a ir bien. Ya a la hora a la que realmente me tocaba salir danzando el transporte público me ha puteado a base de bien, cosa nada sorprendente para todos los que tengan que utilizarlo para ir a su lugar de trabajo o estudio. He madrugado para nada porque he llegado tres cuartos de hora tarde a prácticas y ni me he molestado en entrar.
No me sorprende que las cosas me salgan mal porque mi estado de ánimo acompaña. Llevo unos días en los que vago como alma en pena con la moral por los suelos y sin ganas de nada. Y es que no sé que hacer con mi vida. Estoy en un punto en el que creo que necesito un cambio y una parte de mi me invita a iniciarlo pero otra me lo niega, está cómoda con su vida actual y no quiere arriesgarse a cosas nuevas que puedan salir mal y llevarme a echar de menos lo que antes tenía.
Siempre es duro tomar decisiones y más para mí, que me cuesta trabajo hasta elegir que ropa me pongo cada día, cambio de opinión tres o cuatro veces hasta que doy con el modelito adecuado y en los días malos, no consigo verme bien con nada. Así me he visto esta mañana: hecha un autentico asco, ni me he molestado en pensarme mucho la ropa porque pensaba que iba a estar igual de mal me pusiera lo que me pusiera. De qué sirve ir monísima cuando en tu cara se ve que estás mal. Y cada vez que lo veo lo pienso, necesito un cambio pero el cambio en el que estoy pensando no creo que salga bien, es demasiado arriesgado, puedo meter la pata hasta el fondo y encontrarme mucho más jodida de lo que estaba antes de empezar. Por ello no me decido, tengo demasiado miedo, siempre tengo demasiado miedo de empezar algo que no sé a donde me va a llevar. Y así me paso los días, debatiéndome entre cambiar o dejar las cosas tal y como están.
Hay veces que conoces a personas que te hacen ver la vida de otra manera, como si de pronto te dieses cuenta de algo que siempre ha estado ahí y que nunca antes habías advertido. No sé que tendrán sus ojos, pero he encontrado algo dentro de ellos que me ha hecho replantearme mi vida. A cada momento esos ojos aparecen en mi cabeza, me persiguen, me dicen que haga algo pronto porque sino me voy a acabar volviendo loca. Me paso el día con la mirada perdida, lejos del lugar en el que realmente estoy, no miro a la gente que me rodea sino más allá, en mi pequeño mundo paralelo en el cual reina el caos. Mientras aquí todo parece tan normal, allí todo se tambalea, como si de un momento a otro el volcán fuese a entrar en erupción. Por fuera calma, por dentro tempestad. Y yo sigo sin saber hacia donde ir... ¿por qué resulta tan duro tomar ciertas decisiones?
Creo que estoy tan acostumbrada a que mi vida sea siempre tan calmada, tan rutinaria, que no me siento preparada para afrontar un cambio que puede bambolear todo lo que tengo en este momento. Sé que no hay que estancarse, que hay que buscar la manera de ser feliz y arriesgarse a romper con lo que hay para alcanzar un futuro mejor. Luchar. Ser fuerte.
Siempre he sido fuerte. He aguantado todo lo que me ha caído encima sin derrumbarme. Si un día sentía que el mundo se me venía encima al siguiente intentaba levantarme con una sonrisa y con pensamientos positivos. No me gusta amargar a la gente con mis problemas. Sólo hay una persona en este mundo a la que soy capaz de mostrarle mis debilidades. Ante el resto esbozo una sonrisa e intento hacer ver que mi vida va de vicio, no para despertar envidias sino para evitar tener que dar explicaciones y hablar de temas de los que no me apetece decir una sola palabra, para evitar demostrar que no soy tan autosuficiente como pretendo aparentar.
Ahora mismo estoy a punto de derrumbarme, de acudir con la cabeza gacha a una buena amiga y soltarle todo lo que me destroza por dentro pero no lo quiero hacer, no quiero que sepan que es lo que me está pasando. No quiero que vean en sus hermosos ojos al culpable de mi situación ni que sepan lo que él ha desencadenado en mí. A él tampoco se lo diré, no quiero que influya en mi decisión. No quiero acabar llorando en sus brazos como una niña. No quiero que me vuelva a hacer sentir que me atraviesa el alma con esa mirada.
No me sorprende que las cosas me salgan mal porque mi estado de ánimo acompaña. Llevo unos días en los que vago como alma en pena con la moral por los suelos y sin ganas de nada. Y es que no sé que hacer con mi vida. Estoy en un punto en el que creo que necesito un cambio y una parte de mi me invita a iniciarlo pero otra me lo niega, está cómoda con su vida actual y no quiere arriesgarse a cosas nuevas que puedan salir mal y llevarme a echar de menos lo que antes tenía.
Siempre es duro tomar decisiones y más para mí, que me cuesta trabajo hasta elegir que ropa me pongo cada día, cambio de opinión tres o cuatro veces hasta que doy con el modelito adecuado y en los días malos, no consigo verme bien con nada. Así me he visto esta mañana: hecha un autentico asco, ni me he molestado en pensarme mucho la ropa porque pensaba que iba a estar igual de mal me pusiera lo que me pusiera. De qué sirve ir monísima cuando en tu cara se ve que estás mal. Y cada vez que lo veo lo pienso, necesito un cambio pero el cambio en el que estoy pensando no creo que salga bien, es demasiado arriesgado, puedo meter la pata hasta el fondo y encontrarme mucho más jodida de lo que estaba antes de empezar. Por ello no me decido, tengo demasiado miedo, siempre tengo demasiado miedo de empezar algo que no sé a donde me va a llevar. Y así me paso los días, debatiéndome entre cambiar o dejar las cosas tal y como están.
Hay veces que conoces a personas que te hacen ver la vida de otra manera, como si de pronto te dieses cuenta de algo que siempre ha estado ahí y que nunca antes habías advertido. No sé que tendrán sus ojos, pero he encontrado algo dentro de ellos que me ha hecho replantearme mi vida. A cada momento esos ojos aparecen en mi cabeza, me persiguen, me dicen que haga algo pronto porque sino me voy a acabar volviendo loca. Me paso el día con la mirada perdida, lejos del lugar en el que realmente estoy, no miro a la gente que me rodea sino más allá, en mi pequeño mundo paralelo en el cual reina el caos. Mientras aquí todo parece tan normal, allí todo se tambalea, como si de un momento a otro el volcán fuese a entrar en erupción. Por fuera calma, por dentro tempestad. Y yo sigo sin saber hacia donde ir... ¿por qué resulta tan duro tomar ciertas decisiones?
Creo que estoy tan acostumbrada a que mi vida sea siempre tan calmada, tan rutinaria, que no me siento preparada para afrontar un cambio que puede bambolear todo lo que tengo en este momento. Sé que no hay que estancarse, que hay que buscar la manera de ser feliz y arriesgarse a romper con lo que hay para alcanzar un futuro mejor. Luchar. Ser fuerte.
Siempre he sido fuerte. He aguantado todo lo que me ha caído encima sin derrumbarme. Si un día sentía que el mundo se me venía encima al siguiente intentaba levantarme con una sonrisa y con pensamientos positivos. No me gusta amargar a la gente con mis problemas. Sólo hay una persona en este mundo a la que soy capaz de mostrarle mis debilidades. Ante el resto esbozo una sonrisa e intento hacer ver que mi vida va de vicio, no para despertar envidias sino para evitar tener que dar explicaciones y hablar de temas de los que no me apetece decir una sola palabra, para evitar demostrar que no soy tan autosuficiente como pretendo aparentar.
Ahora mismo estoy a punto de derrumbarme, de acudir con la cabeza gacha a una buena amiga y soltarle todo lo que me destroza por dentro pero no lo quiero hacer, no quiero que sepan que es lo que me está pasando. No quiero que vean en sus hermosos ojos al culpable de mi situación ni que sepan lo que él ha desencadenado en mí. A él tampoco se lo diré, no quiero que influya en mi decisión. No quiero acabar llorando en sus brazos como una niña. No quiero que me vuelva a hacer sentir que me atraviesa el alma con esa mirada.





