Sin ti
Llevo varias semanas sin hablar de él, sin atreverme a tocar el tema. Y es que no quería darme un motivo más para pensar en lo lejos que está y en lo difíciles que están resultando las cosas desde que se fue.
Hace ya demasiado tiempo que no le veo y todavía no hay fecha de reencuentro. A pesar de cada día hablamos por teléfono, le siento muy lejano. Todos los días son lo mismo, echarle de menos y no saber cuando voy a volver a verle. Las oportunidades de vernos se distancian, los planes que hicimos en un principio se derrumban, todo está resultando mucho más complicado de lo que pensábamos. Siempre me dice lo mismo “ya verás como pronto nos vamos a ver”, pero no encontramos ni un momento. La Semana Santa era lo más ansiado, pero ahora sé que la pasaré en casa, sola, de nuevo sin él.
Le amo, exactamente igual que el día que nos despedimos, pero no sé por cuanto tiempo voy a poder aguantar esto. Echo de menos sus besos, sus abrazos, su piel… Por muchas veces que me llame por teléfono, ninguna llamada va a poder arreglar eso, sólo podría hacerlo su presencia.
Necesito que me abrace. Necesito besos y caricias que me hagan sentirme viva, pues durante este tiempo siento que no hago más que sobrevivir.
El otro día alguien intentó besarme. Eso me llevó a preguntarme cuánto tiempo pasará antes de que decida perderse en otros brazos que llenen el hueco que yo no puedo llenar en la distancia. Cuánto tiempo ha de pasar para que yo no sea capaz de rechazar unos labios que me ofrecen todo aquello que él se ha llevado. Quizá estoy empezando a comprender algo que hasta ahora no había entendido, el por qué hay veces en las que se puede amar muchísimo a alguien y se termina en la cama de otra persona; pero no quiero que eso nos pase a nosotros.
Hace ya demasiado tiempo que no le veo y todavía no hay fecha de reencuentro. A pesar de cada día hablamos por teléfono, le siento muy lejano. Todos los días son lo mismo, echarle de menos y no saber cuando voy a volver a verle. Las oportunidades de vernos se distancian, los planes que hicimos en un principio se derrumban, todo está resultando mucho más complicado de lo que pensábamos. Siempre me dice lo mismo “ya verás como pronto nos vamos a ver”, pero no encontramos ni un momento. La Semana Santa era lo más ansiado, pero ahora sé que la pasaré en casa, sola, de nuevo sin él.
Le amo, exactamente igual que el día que nos despedimos, pero no sé por cuanto tiempo voy a poder aguantar esto. Echo de menos sus besos, sus abrazos, su piel… Por muchas veces que me llame por teléfono, ninguna llamada va a poder arreglar eso, sólo podría hacerlo su presencia.
Necesito que me abrace. Necesito besos y caricias que me hagan sentirme viva, pues durante este tiempo siento que no hago más que sobrevivir.
El otro día alguien intentó besarme. Eso me llevó a preguntarme cuánto tiempo pasará antes de que decida perderse en otros brazos que llenen el hueco que yo no puedo llenar en la distancia. Cuánto tiempo ha de pasar para que yo no sea capaz de rechazar unos labios que me ofrecen todo aquello que él se ha llevado. Quizá estoy empezando a comprender algo que hasta ahora no había entendido, el por qué hay veces en las que se puede amar muchísimo a alguien y se termina en la cama de otra persona; pero no quiero que eso nos pase a nosotros.
Suspiros y gemidos
Muy cerca, siempre muy cerca, rozando cada milímetro, no dejando ni un resquicio para que pase el aire; así, entrelazan sus cuerpos. En la quietud de la noche solo se escuchan sus suspiros y gemidos, lejos del mundo están ahora, ajenos a todo lo que ocurre fuera. Noches así son las que hacen que la vida merezca la pena.
Brindan con champán, bañan sus pieles con él. Jugando a ser demonios por un día, dejan fuera las obligaciones y se funden en su deliciosa mentira. Sus parejas piensan que están trabajando, se creen únicos en sus vidas, pero en realidad no son capaces de darles la felicidad que ahora consiguen entre pequeñas burbujas, derramándose en un deseo sin límites.
Hace tiempo que el amor murió. El deseo y la pasión se escaparon poco a poco, pero hoy su fuego se enciende de nuevo, sus vidas se sienten completas, puesto que gozan de aquello que creían perdido. Vuelven los nervios, el cuidar cada detalle. Por vez primera desde un tiempo ya olvidado, han vestido sus cuerpos buscando seducir y han creído morir de gozo al ir eliminando poco a poco prendas de ropa y descubrir un universo nuevo de curvas y rectas. Sus bocas se encuentran y descubren mundos que habían olvidado conocer. Las manos no saben estarse quietas, exploran esos campos buscando puntos estratégicos para hacer tambalear al otro. Se escapan mil jadeos, la vista se nubla y pierden la noción del tiempo. No hay nada, sólo sus cuerpos desnudos, entregándose uno a otro, y el placer dominándolo todo. Se muerden, se arañan, se mezclan en decenas de posiciones. Se quedan dormidos, exhaustos de tanta pasión. El alba les deja retozar un poco más, pero toca separarse, volver a la rutina, a la persona que hace tiempo dejó de despertar sus instintos primarios.
Menos mal que esta vez tendrán algo que recordar.
Brindan con champán, bañan sus pieles con él. Jugando a ser demonios por un día, dejan fuera las obligaciones y se funden en su deliciosa mentira. Sus parejas piensan que están trabajando, se creen únicos en sus vidas, pero en realidad no son capaces de darles la felicidad que ahora consiguen entre pequeñas burbujas, derramándose en un deseo sin límites.
Hace tiempo que el amor murió. El deseo y la pasión se escaparon poco a poco, pero hoy su fuego se enciende de nuevo, sus vidas se sienten completas, puesto que gozan de aquello que creían perdido. Vuelven los nervios, el cuidar cada detalle. Por vez primera desde un tiempo ya olvidado, han vestido sus cuerpos buscando seducir y han creído morir de gozo al ir eliminando poco a poco prendas de ropa y descubrir un universo nuevo de curvas y rectas. Sus bocas se encuentran y descubren mundos que habían olvidado conocer. Las manos no saben estarse quietas, exploran esos campos buscando puntos estratégicos para hacer tambalear al otro. Se escapan mil jadeos, la vista se nubla y pierden la noción del tiempo. No hay nada, sólo sus cuerpos desnudos, entregándose uno a otro, y el placer dominándolo todo. Se muerden, se arañan, se mezclan en decenas de posiciones. Se quedan dormidos, exhaustos de tanta pasión. El alba les deja retozar un poco más, pero toca separarse, volver a la rutina, a la persona que hace tiempo dejó de despertar sus instintos primarios.
Menos mal que esta vez tendrán algo que recordar.
Mar
Su piel sabe a sal marina, su cuerpo se mueve al compás de las olas. En tantos lugares buscó, y allí donde empezó la fue a encontrar. Nunca pensó que podría tenerla tan cerca.
Durante mucho tiempo había buscado a una mujer que pudiera hacer sentir a su corazón de piedra, tal como una centenaria anciana le dijo una tarde lluviosa. “La búsqueda será dura y amarga, te sentirás sólo y afligido, más no debes desfallecer”.
Y así, recorrió miles de puertos. Cruzó los grandes océanos y se perdió entre los bosques, buscando a su adorada entre las plumas de las aves, pues debía de ser como ellas, de apariencia frágil pero con una gran resistencia. En la sabana la buscó entre los ojos de las fieras, pues parte de su naturaleza habría de ser felina. Y así siguió buscando, en las rayas de las cebras, en los ocelos de los insectos, en el aullido de los lobos, entre las crines de los caballos, en las escamas de los reptiles, en las gotas de lluvia, en las hojas de los arces, en las flores de los prados… Y un día no pudo más y decidió volver a su hogar. Se sentó en la barra del bar y ahogó sus penas en el vaso, llorando su incapacidad para poderla encontrar. Pasaba así sus noches, narrando sus desventuras a todo el que quisiera escuchar, hasta que una noche no tuvo quien le oyera y decidió lanzar su desdicha en el mar. Fue entonces cuando la encontró, nadando en la espuma del océano. Cual sirena la vio salir de las aguas, con la luz de luna iluminado su cuerpo.
Se miraron y no hizo falta hablar, pues sus ojos se lo dijeron todo. Sabía que era ella, la que tanto tiempo anheló.
Se enredaron en un largo beso, fundiendo el tiempo. Le rodeó con sus cabellos de algas marinas, sus dedos de estrellas se colaron bajo su ropa. Durante mucho tiempo jugaron con el loco deseo. Entre las olas del mar conocieron sus cuerpos e hicieron mil veces el amor.
Por la mañana le encontraron muerto en la playa con una sonrisa en la boca. Las algas enredadas en sus piernas, los cangrejos dentro de sus zapatos, los cabellos llenos de sal. Mal destino tienen los que se enamoran de la mar.
Durante mucho tiempo había buscado a una mujer que pudiera hacer sentir a su corazón de piedra, tal como una centenaria anciana le dijo una tarde lluviosa. “La búsqueda será dura y amarga, te sentirás sólo y afligido, más no debes desfallecer”.

Y así, recorrió miles de puertos. Cruzó los grandes océanos y se perdió entre los bosques, buscando a su adorada entre las plumas de las aves, pues debía de ser como ellas, de apariencia frágil pero con una gran resistencia. En la sabana la buscó entre los ojos de las fieras, pues parte de su naturaleza habría de ser felina. Y así siguió buscando, en las rayas de las cebras, en los ocelos de los insectos, en el aullido de los lobos, entre las crines de los caballos, en las escamas de los reptiles, en las gotas de lluvia, en las hojas de los arces, en las flores de los prados… Y un día no pudo más y decidió volver a su hogar. Se sentó en la barra del bar y ahogó sus penas en el vaso, llorando su incapacidad para poderla encontrar. Pasaba así sus noches, narrando sus desventuras a todo el que quisiera escuchar, hasta que una noche no tuvo quien le oyera y decidió lanzar su desdicha en el mar. Fue entonces cuando la encontró, nadando en la espuma del océano. Cual sirena la vio salir de las aguas, con la luz de luna iluminado su cuerpo.
Se miraron y no hizo falta hablar, pues sus ojos se lo dijeron todo. Sabía que era ella, la que tanto tiempo anheló.
Se enredaron en un largo beso, fundiendo el tiempo. Le rodeó con sus cabellos de algas marinas, sus dedos de estrellas se colaron bajo su ropa. Durante mucho tiempo jugaron con el loco deseo. Entre las olas del mar conocieron sus cuerpos e hicieron mil veces el amor.
Por la mañana le encontraron muerto en la playa con una sonrisa en la boca. Las algas enredadas en sus piernas, los cangrejos dentro de sus zapatos, los cabellos llenos de sal. Mal destino tienen los que se enamoran de la mar.
Mundo de Locos
Jorge está loco por Laura. Desde el primer día en que la vio, su imagen se grabó en su cabeza y piensa en ella a todas horas. Ha de verla cada día, y la adora desde lejos, pues no se atreve a acercarse; sabe que ella tiene a alguien en su vida; pero no puede evitar pensar que se pone tan preciosa para él, que tras la sonrisa que le suelta cuando se cruzan tiene que haber algo más que simple cortesía.
Laura se enamoró hasta las trancas de Carlos. Su relación es difícil, se quieren mucho, pero son personas completamente diferentes y eso hace, que cada día a su lado sea dulce pero también amargo, nunca saben cuanto va a durar.
Piensa que Jorge es un tipo atractivo, que guarda en su rostro todavía un rastro de inocencia que despierta sus instintos más primarios. No le importaría perderse alguna noche entre sus sábanas, si no fuera porque Carlos la vuelve demasiado loca. Y así anda, pasando las horas de trabajo con uno al que no puede evitar desear, y amando en sus horas libres a otro que no sabe cuanto tiempo va a poder retener a su lado pero que ha despertado en ella lo que nunca habían conseguido los otros.
Clara intenta hacerse un hueco en el corazón de Jorge. Le lanza mensajes una y otra vez, le muestra que con él haría cualquier cosa, pero no consigue más que sentirse cada día más vacía. Él hace como que no se da cuenta y sigue como siempre, perdido en su mundo. Le gustaría poder asomarse alguna vez y ver que es lo que le tiene tan perdido, pero no se deja. Sueña con que algún día se encontraran en el ascensor, pulsará el botón de stop y terminarán haciendo el amor como locos.
Eva está triste, hace tiempo que dejó de llamar a Carlos porque las últimas veces él no descolgó el teléfono. Se encontraron hace tiempo, iba con otra, con aquella por la que la dejó en la estacada.
Salieron un par de meses, era un hombre maravilloso, pero la conoció a ella y de la noche a la mañana todo se derrumbó. Apareció un día por casa para decirle que se había acabado, que había conocido a alguien que le había enamorado. Tuvo la esperanza de que fuese una más, que en otro par de meses se cansara de ella y pudiera volver a tenerle en sus brazos. Se cansó de esperar y decidió atacar, pero la rechazó, parece ser que de verdad está enamorado. Hace mucho que no le ve, pero no puede dejar de pensar en él y en si volverá a disfrutar de su magnífico cuerpo desnudo. Qué narices tendrá esa tía que no tenga ella.
¿Por qué es tan complicado el amor? ¿Por qué nos atormenta tanto el deseo? Unos no alcanzan lo que quieren, o lo pierden, y otros no terminan de sentirse a gusto con lo que tienen. Puede parecer que lo tienes todo pero es un equilibrio tan frágil que en cualquier momento se puede romper.
Puede que Jorge y Laura terminen enredándose algún día.
Puede que Clara consiga su objetivo.
Puede que Carlos termine otra vez en la cama de Eva.
Puede que nada cambie.
O puede que se pierda todo.
Existen mil combinaciones. ¿Dulce o amargo?
Laura se enamoró hasta las trancas de Carlos. Su relación es difícil, se quieren mucho, pero son personas completamente diferentes y eso hace, que cada día a su lado sea dulce pero también amargo, nunca saben cuanto va a durar.
Piensa que Jorge es un tipo atractivo, que guarda en su rostro todavía un rastro de inocencia que despierta sus instintos más primarios. No le importaría perderse alguna noche entre sus sábanas, si no fuera porque Carlos la vuelve demasiado loca. Y así anda, pasando las horas de trabajo con uno al que no puede evitar desear, y amando en sus horas libres a otro que no sabe cuanto tiempo va a poder retener a su lado pero que ha despertado en ella lo que nunca habían conseguido los otros.
Clara intenta hacerse un hueco en el corazón de Jorge. Le lanza mensajes una y otra vez, le muestra que con él haría cualquier cosa, pero no consigue más que sentirse cada día más vacía. Él hace como que no se da cuenta y sigue como siempre, perdido en su mundo. Le gustaría poder asomarse alguna vez y ver que es lo que le tiene tan perdido, pero no se deja. Sueña con que algún día se encontraran en el ascensor, pulsará el botón de stop y terminarán haciendo el amor como locos.
Eva está triste, hace tiempo que dejó de llamar a Carlos porque las últimas veces él no descolgó el teléfono. Se encontraron hace tiempo, iba con otra, con aquella por la que la dejó en la estacada.
Salieron un par de meses, era un hombre maravilloso, pero la conoció a ella y de la noche a la mañana todo se derrumbó. Apareció un día por casa para decirle que se había acabado, que había conocido a alguien que le había enamorado. Tuvo la esperanza de que fuese una más, que en otro par de meses se cansara de ella y pudiera volver a tenerle en sus brazos. Se cansó de esperar y decidió atacar, pero la rechazó, parece ser que de verdad está enamorado. Hace mucho que no le ve, pero no puede dejar de pensar en él y en si volverá a disfrutar de su magnífico cuerpo desnudo. Qué narices tendrá esa tía que no tenga ella.
¿Por qué es tan complicado el amor? ¿Por qué nos atormenta tanto el deseo? Unos no alcanzan lo que quieren, o lo pierden, y otros no terminan de sentirse a gusto con lo que tienen. Puede parecer que lo tienes todo pero es un equilibrio tan frágil que en cualquier momento se puede romper.
Puede que Jorge y Laura terminen enredándose algún día.
Puede que Clara consiga su objetivo.
Puede que Carlos termine otra vez en la cama de Eva.
Puede que nada cambie.
O puede que se pierda todo.
Existen mil combinaciones. ¿Dulce o amargo?