Conquistarte
Hoy me he propuesto conquistarte. Anoche soñé contigo y, aunque no tengo un recuerdo claro, sé que me hiciste gemir desesperada y por eso he despertado con esta idea en la cabeza. No sé si hay alguien en tu vida y no me importa, da igual que ames a otra. No te pido amor, sólo que juegues un poco conmigo. No es pedir mucho, ¿no?
Me visto para ti. Ropa interior negra. Minifalda. Blusa con un par de botones desabrochados. Zapatos de tacón. Un ligero toque de perfume. Poco maquillaje, tan solo para resaltar un poco mi mirada. Allá voy.
Estás rodeado de gente, pero he de buscar el momento oportuno para tenerte solo para mí. Cuando menos te lo esperes, me lanzaré por ti. Espero y espero, me impaciento, las ganas van creciendo progresivamente y me estremezco imaginando las mil formas en las que podría disfrutarte. Tras un tiempo interminable te veo por fin sólo, me acerco, pego mi cuerpo lo más posible al tuyo y te beso. “¿Te apetece venir un rato a mi casa? Me gustaría enseñarte mis sábanas nuevas…”
No te muevas, déjame hacer. Quiero recorrer tu cuello con mis labios, subiendo hasta tu oreja, mientras voy desabrochando tu camisa. Lamer tu pecho desnudo, jugueteando con mi lengua en tus pezones. Quitarte toda la ropa y tenerte así, entero para mí. Recorrerte de arriba abajo, con los labios, la lengua, las manos. Morder tus labios. Ponerte a cien. Que cuando ya no aguantes más te arrojes a mi boca y la recorras con tu lengua, tus manos busquen mi piel y se pierdan entre mis muslos. Jugar a volverte loco. Erizar el vello de todo tu cuerpo con mis caricias. Desabrochar tus pantalones, tomar tu miembro con mis manos y recorrerlo con la lengua. Que me penetres y nos perdamos conmigo sentada sobre ti y tus manos aferradas a mis caderas. Quiero oírte jadear, ser por un momento tu dueña, conocer tu lado más animal, verte exhausto de placer.
Luego puedes volver a tu vida, ya sabes donde estoy si quieres repetir.
Me visto para ti. Ropa interior negra. Minifalda. Blusa con un par de botones desabrochados. Zapatos de tacón. Un ligero toque de perfume. Poco maquillaje, tan solo para resaltar un poco mi mirada. Allá voy.
Estás rodeado de gente, pero he de buscar el momento oportuno para tenerte solo para mí. Cuando menos te lo esperes, me lanzaré por ti. Espero y espero, me impaciento, las ganas van creciendo progresivamente y me estremezco imaginando las mil formas en las que podría disfrutarte. Tras un tiempo interminable te veo por fin sólo, me acerco, pego mi cuerpo lo más posible al tuyo y te beso. “¿Te apetece venir un rato a mi casa? Me gustaría enseñarte mis sábanas nuevas…”
No te muevas, déjame hacer. Quiero recorrer tu cuello con mis labios, subiendo hasta tu oreja, mientras voy desabrochando tu camisa. Lamer tu pecho desnudo, jugueteando con mi lengua en tus pezones. Quitarte toda la ropa y tenerte así, entero para mí. Recorrerte de arriba abajo, con los labios, la lengua, las manos. Morder tus labios. Ponerte a cien. Que cuando ya no aguantes más te arrojes a mi boca y la recorras con tu lengua, tus manos busquen mi piel y se pierdan entre mis muslos. Jugar a volverte loco. Erizar el vello de todo tu cuerpo con mis caricias. Desabrochar tus pantalones, tomar tu miembro con mis manos y recorrerlo con la lengua. Que me penetres y nos perdamos conmigo sentada sobre ti y tus manos aferradas a mis caderas. Quiero oírte jadear, ser por un momento tu dueña, conocer tu lado más animal, verte exhausto de placer.
Luego puedes volver a tu vida, ya sabes donde estoy si quieres repetir.
Los Hombres
No me gustan los hombres que te conquistan con velas y palabras bonitas. Me gustan los chicos malos (ojo, con eso no quiero decir que me gusten los cabrones) que saben muy bien lo que quieren en la vida y que luchan por conseguirlo. Así son los hombres que me han conquistado. Ninguno me susurró poemas al oído ni me llevó a pasear bajo la luna. Con eso lo que más probablemente hubiera conseguido es que me riera en su cara.
Me gustan los hombres que saben conquistar con su mirada, que seducen con su forma de comportarse, de moverse, pero que no son dados a dedicar frases bonitas a nadie. “Tipos duros” a los que no les gusta mostrar sus sentimientos y que, por muy locos que se vuelvan por alguien, nunca lo reconocerán en público, sino que siempre dan a entender que no les importas demasiado. Esos que presumen de no depender de ninguna mujer y que luego, a solas, se tornan niños pícaros que se pierden en tu piel en una mezcla de pasión y ternura. Sabes que en el fondo no pueden estar sin ti que, por muy duros que pretendan parecer, se mueren por tus huesos.
Nunca me han atraído los románticos, es más, he tendido a huir de ellos. No me gusta que me intenten conquistar con cenas a la luz de las velas, ni que me escriban cartas de amor, ni la mayoría de esos actos llamados románticos. No, a mí se me conquista de otra manera. No me gustan aquellos que te adoran a cada minuto, que no paran de decirte lo maravillosa que eres para ellos y que se desviven por hacerte feliz, renunciando incluso a lo que les gusta si no coincide con tus preferencias. No me parece una buena manera de demostrar amor, más bien de demostrar dependencia o falta de personalidad. Esos hombres se pueden convertir en peleles en tus manos. Salí con uno así, que siempre hacía lo que me apetecía y que se entregaba a mi voluntad de tal manera que acabé despreciándole. No importaba que hiciera ni como le tratara, todo me era perdonado. No me siento orgullosa de haberle tratado así. Por eso, pronto recapacité y decidí que lo mejor era que cada uno continuara su camino bien lejos del otro.
No me gusta que me digan “te quiero” continuamente, y no me gusta decirlo; sí me gusta que salga por si sólo en mitad de un momento de pasión. No quiero promesas de amor eterno pues nunca he creído en él. El “nunca te voy a dejar de querer” me parece un sin sentido, puede que dentro de un mes me aborrezcas y estés ensalzando a cualquier otra.
La mejor forma de sentirme querida es mirar a los ojos de ese que está a mi lado, pues en ellos se puede ver toda la verdad. Si alguien te quiere lo notas en sus besos, en su forma de acariciarte, en la manera en que te hace el amor, en cada uno de esos pequeños detalles que tiene contigo. Para qué jurar que estarás siempre a mi lado si ni siquiera sabes que va a pasar mañana. Yo tampoco pienso decirte que te venero, ni que me muero sin ti. Podré decirte mil veces lo bueno que estás o lo tremendamente cachonda que me pones, pero nunca que te amaré siempre, me gusta la sinceridad.
Me gustan los hombres que saben conquistar con su mirada, que seducen con su forma de comportarse, de moverse, pero que no son dados a dedicar frases bonitas a nadie. “Tipos duros” a los que no les gusta mostrar sus sentimientos y que, por muy locos que se vuelvan por alguien, nunca lo reconocerán en público, sino que siempre dan a entender que no les importas demasiado. Esos que presumen de no depender de ninguna mujer y que luego, a solas, se tornan niños pícaros que se pierden en tu piel en una mezcla de pasión y ternura. Sabes que en el fondo no pueden estar sin ti que, por muy duros que pretendan parecer, se mueren por tus huesos.Nunca me han atraído los románticos, es más, he tendido a huir de ellos. No me gusta que me intenten conquistar con cenas a la luz de las velas, ni que me escriban cartas de amor, ni la mayoría de esos actos llamados románticos. No, a mí se me conquista de otra manera. No me gustan aquellos que te adoran a cada minuto, que no paran de decirte lo maravillosa que eres para ellos y que se desviven por hacerte feliz, renunciando incluso a lo que les gusta si no coincide con tus preferencias. No me parece una buena manera de demostrar amor, más bien de demostrar dependencia o falta de personalidad. Esos hombres se pueden convertir en peleles en tus manos. Salí con uno así, que siempre hacía lo que me apetecía y que se entregaba a mi voluntad de tal manera que acabé despreciándole. No importaba que hiciera ni como le tratara, todo me era perdonado. No me siento orgullosa de haberle tratado así. Por eso, pronto recapacité y decidí que lo mejor era que cada uno continuara su camino bien lejos del otro.
No me gusta que me digan “te quiero” continuamente, y no me gusta decirlo; sí me gusta que salga por si sólo en mitad de un momento de pasión. No quiero promesas de amor eterno pues nunca he creído en él. El “nunca te voy a dejar de querer” me parece un sin sentido, puede que dentro de un mes me aborrezcas y estés ensalzando a cualquier otra.
La mejor forma de sentirme querida es mirar a los ojos de ese que está a mi lado, pues en ellos se puede ver toda la verdad. Si alguien te quiere lo notas en sus besos, en su forma de acariciarte, en la manera en que te hace el amor, en cada uno de esos pequeños detalles que tiene contigo. Para qué jurar que estarás siempre a mi lado si ni siquiera sabes que va a pasar mañana. Yo tampoco pienso decirte que te venero, ni que me muero sin ti. Podré decirte mil veces lo bueno que estás o lo tremendamente cachonda que me pones, pero nunca que te amaré siempre, me gusta la sinceridad.
Etiquetas: hombres romanticismo
Personajes
Otra vez me han dicho que me parezco a Scarlett Johansson, y ya van seis veces en el último mes, voy a tener que empezar a pensar que es verdad. Dicen que nos parecemos en los labios, en la mirada… en el pelo seguro que no, porque yo soy morena. 
Evidentemente no me siento ofendida sino más bien todo lo contrario, hay que reconocer que la chica es preciosa. La última vez me lo dijeron en un bar de copas, en una de esas conversaciones caóticas que se tienen a altas horas de la madrugada. A raíz de esa conversación, y de otras cuantas más que tuve esa noche, me dio por pensar en la increíble cantidad y variedad de personajes que te puedes encontrar cualquier sábado por la noche. El resto de la semana la deben pasar escondidos, haciéndose pasar por gente corriente para evitar que les descubran, porque no creo que sea muy agradable que, por ejemplo, tu jefe se entere de que todos los sábados bailas semidesnudo en un garito abarrotado, luciendo barrigón y pecho lobo, con seis o siete copas encima.
No entiendo la forma de ligar de algunos. Esos que se acercan, se presentan y acto seguido dicen “bueno, si queréis algo estamos allí”, y vuelven al sitio de origen. ¿Pretenden que las mujeres vayan detrás de ellos? ¿Creen que dejan una huella imborrable o qué?
Es curiosa la capacidad que tienen otros para creer que les estás observando con interés, cuando realmente estás mirando a otra persona o simplemente has posado la mirada en ellos porque en un local lleno de gente es difícil no mirar a alguien. Pero vamos, que interés no has demostrado ninguno. Al rato se presentan y se sorprenden al no encontrarse con lo que pensaban. ¡No seáis tan creídos y no os pasarán esas cosas!
Luego están los que un buen día te hablan y descubres que te han estado observando durante varios fines de semana y se conocen todos tus movimientos, aunque tú en ningún momento te hayas percatado de su presencia. He de decir que descubrir a alguno de estos personajes me da un poco de mal rollo porque no me gusta sentirme vigilada. Aunque visto de otro modo, al menos ahí ves que hay un interés algo más duradero que el del típico yogurín que te dice su nombre y sus siguientes palabras son “¿Quieres rollo?”. Dos cositas majo, la primera, ¿te has pensado que tengo 15 años? y, la segunda, ¿te crees que vas a conseguir algo de esa guisa?
Odio a los hombres que se creen tremendamente irresistibles. Esos que por ser guapos (aunque a veces ni eso tengan) se piensan que pueden tener a la mujer que quieran y se rodean de un aire de superioridad. Pero para mí los peores son esos que no captan que les estás diciendo cortésmente que no (o que no se dan por vencidos). Tengo un problema, no sé mandar a la gente a la mierda. Tengo la manía de ser simpática con todo el mundo y eso me lleva a no ser capaz de quitarme de encima a los pesados. No se si no notan cuando les estoy dando largas o que se hacen los despistados, pero yo creo que esas cosas se notan.
- Si me dices que vas a estar en tal sitio, que me pase si quiero, y no aparezco, quiere decir que no tengo ningún interés. No vuelvas al rato a preguntar por qué no voy, está bastante claro.
- Si te digo que tengo novio y que soy 100% fiel, da igual que exista la posibilidad de que me lo esté inventando, estaré rechazándote igualmente.
- Si me pides mi número de móvil y te digo que no tengo o que se lo ha comido mi perro, quiere decir que paso de ti.
- Si no estoy escuchándote nada de lo que dices, es que eres muy pesado, ¡déjame en paz por Dios, que estoy sufriendo!
- Si dices que te vas a ir y te digo adiós, es que no quiero que te quedes.
- Si te doy la espalda y, cada vez que intentas decirme algo, mi amiga tiene un repentino interés por contarme su vida en verso, es que estamos hasta las narices de ti, te has pasado de cansino.
- Si te digo que no me gustan los rollos de una noche, es una excusa barata para quitarte de encima.
- Si digo que no, quiero decir no. Nunca tal vez o podría ser. ¡¡¡No!!!
- Si te llevo esquivando toda la noche, no es que guste hacerme la dura, es que paso de ti.
Podría seguir poniendo ejemplos, pero creo que me alargaría demasiado. Y entre las mujeres, ¿Qué variedad de personajillos habrá?

Evidentemente no me siento ofendida sino más bien todo lo contrario, hay que reconocer que la chica es preciosa. La última vez me lo dijeron en un bar de copas, en una de esas conversaciones caóticas que se tienen a altas horas de la madrugada. A raíz de esa conversación, y de otras cuantas más que tuve esa noche, me dio por pensar en la increíble cantidad y variedad de personajes que te puedes encontrar cualquier sábado por la noche. El resto de la semana la deben pasar escondidos, haciéndose pasar por gente corriente para evitar que les descubran, porque no creo que sea muy agradable que, por ejemplo, tu jefe se entere de que todos los sábados bailas semidesnudo en un garito abarrotado, luciendo barrigón y pecho lobo, con seis o siete copas encima.
No entiendo la forma de ligar de algunos. Esos que se acercan, se presentan y acto seguido dicen “bueno, si queréis algo estamos allí”, y vuelven al sitio de origen. ¿Pretenden que las mujeres vayan detrás de ellos? ¿Creen que dejan una huella imborrable o qué?
Es curiosa la capacidad que tienen otros para creer que les estás observando con interés, cuando realmente estás mirando a otra persona o simplemente has posado la mirada en ellos porque en un local lleno de gente es difícil no mirar a alguien. Pero vamos, que interés no has demostrado ninguno. Al rato se presentan y se sorprenden al no encontrarse con lo que pensaban. ¡No seáis tan creídos y no os pasarán esas cosas!
Luego están los que un buen día te hablan y descubres que te han estado observando durante varios fines de semana y se conocen todos tus movimientos, aunque tú en ningún momento te hayas percatado de su presencia. He de decir que descubrir a alguno de estos personajes me da un poco de mal rollo porque no me gusta sentirme vigilada. Aunque visto de otro modo, al menos ahí ves que hay un interés algo más duradero que el del típico yogurín que te dice su nombre y sus siguientes palabras son “¿Quieres rollo?”. Dos cositas majo, la primera, ¿te has pensado que tengo 15 años? y, la segunda, ¿te crees que vas a conseguir algo de esa guisa?
Odio a los hombres que se creen tremendamente irresistibles. Esos que por ser guapos (aunque a veces ni eso tengan) se piensan que pueden tener a la mujer que quieran y se rodean de un aire de superioridad. Pero para mí los peores son esos que no captan que les estás diciendo cortésmente que no (o que no se dan por vencidos). Tengo un problema, no sé mandar a la gente a la mierda. Tengo la manía de ser simpática con todo el mundo y eso me lleva a no ser capaz de quitarme de encima a los pesados. No se si no notan cuando les estoy dando largas o que se hacen los despistados, pero yo creo que esas cosas se notan.
- Si me dices que vas a estar en tal sitio, que me pase si quiero, y no aparezco, quiere decir que no tengo ningún interés. No vuelvas al rato a preguntar por qué no voy, está bastante claro.
- Si te digo que tengo novio y que soy 100% fiel, da igual que exista la posibilidad de que me lo esté inventando, estaré rechazándote igualmente.
- Si me pides mi número de móvil y te digo que no tengo o que se lo ha comido mi perro, quiere decir que paso de ti.
- Si no estoy escuchándote nada de lo que dices, es que eres muy pesado, ¡déjame en paz por Dios, que estoy sufriendo!
- Si dices que te vas a ir y te digo adiós, es que no quiero que te quedes.
- Si te doy la espalda y, cada vez que intentas decirme algo, mi amiga tiene un repentino interés por contarme su vida en verso, es que estamos hasta las narices de ti, te has pasado de cansino.
- Si te digo que no me gustan los rollos de una noche, es una excusa barata para quitarte de encima.
- Si digo que no, quiero decir no. Nunca tal vez o podría ser. ¡¡¡No!!!
- Si te llevo esquivando toda la noche, no es que guste hacerme la dura, es que paso de ti.
Podría seguir poniendo ejemplos, pero creo que me alargaría demasiado. Y entre las mujeres, ¿Qué variedad de personajillos habrá?