Dulce vs Picante
MI LADO DULCE
Me gusta…
…cuando duermo acompañada, sentir la piel del otro rozando la mía.
…las caricias al despertar y observar a la otra persona mientras duerme.
…que me sorprendan visitándome cuando menos lo espero.
…hablar durante horas por teléfono, aunque en el fondo no haya nada que contar.
No puedo evitar…
…seguir teniendo peluches en mi habitación.
…volverme loca con los animales. Son mi perdición.
…sentirme protegida cuando estoy entre los brazos de un hombre.
…volverme una niña a la que hay que mimar cuando me pongo malita.
MI LADO PICANTE
Me gusta…
…la ropa sexy: escotes, minifaldas, vestidos con la espalda al aire…; y los zapatos de tacón de aguja. Aunque claro, siempre en el momento adecuado y sin excederse.
…destacar mis ojos con perfiladores y sombras negras. Creo que la mirada es una de las armas más importantes de cualquier mujer.
…que me digan palabras picantes al oído.
…ponerme “cariñosa” en lugares en los que sé que nos pueden descubrir.
…provocar a un hombre cuando me atrae y, si es posible, sacarle los colores.
…pasear mi lengua por todo tu cuerpo.
No puedo evitar…
…atacar con frases cortantes a aquellos que se creen irresistibles.
…tontear con los chicos guapos.
…fantasear con el monitor del gimnasio.
Me temo que me dejo muchas cosas en el tintero. Y tú, ¿qué me quieres confesar?
Me gusta…
…cuando duermo acompañada, sentir la piel del otro rozando la mía.
…las caricias al despertar y observar a la otra persona mientras duerme.
…que me sorprendan visitándome cuando menos lo espero.
…hablar durante horas por teléfono, aunque en el fondo no haya nada que contar.
No puedo evitar…
…seguir teniendo peluches en mi habitación.
…volverme loca con los animales. Son mi perdición.
…sentirme protegida cuando estoy entre los brazos de un hombre.
…volverme una niña a la que hay que mimar cuando me pongo malita.
MI LADO PICANTE
Me gusta…
…la ropa sexy: escotes, minifaldas, vestidos con la espalda al aire…; y los zapatos de tacón de aguja. Aunque claro, siempre en el momento adecuado y sin excederse.
…destacar mis ojos con perfiladores y sombras negras. Creo que la mirada es una de las armas más importantes de cualquier mujer.
…que me digan palabras picantes al oído.
…ponerme “cariñosa” en lugares en los que sé que nos pueden descubrir.
…provocar a un hombre cuando me atrae y, si es posible, sacarle los colores.
…pasear mi lengua por todo tu cuerpo.
No puedo evitar…
…atacar con frases cortantes a aquellos que se creen irresistibles.
…tontear con los chicos guapos.
…fantasear con el monitor del gimnasio.
Me temo que me dejo muchas cosas en el tintero. Y tú, ¿qué me quieres confesar?
Sola
Siempre me han gustado los morenos por encima de todos los hombres pero, de un tiempo a esta parte, los he relegado a un segundo plano y me sorprendo observando a tipos rubios con rasgos nórdicos. ¿Por qué? Pues no tengo ni idea.
Invariablemente, en lo primero que me fijo es en los ojos, la mirada es realmente importante para mí. No tanto el color como su intensidad. Esas miradas que parece que te taladran, que pueden llegar a tus más ocultos pensamientos, me vuelven loca. Más de una vez me han conquistado con la mirada. Unos ojos se clavan en los míos y en un momento ya no se a donde mirar, porque sólo puedo mirarlos a ellos. Un chico normal y corriente puede convertirse en el hombre más atractivo de la tierra si tiene esa mirada que yo busco.
Hacía mucho que mis ojos no se cruzaban con una mirada así, desde que ese maravilloso hombre de ojos azules que tan loca me vuelve se distanció de mí. El otro día encontré una mirada que no puedo quitarme de la cabeza. A él ya le había visto de lejos en otras ocasiones en un bar de copas que suelo frecuentar con mis amigas, pero nunca me había fijado en sus ojos. Azules, como no, pero no como los de mi amor, que son claros, muy claros; estos son de un azul intenso. No se como fue, pero cuando me di cuenta el pasaba junto a mí y los dos nos mirábamos fijamente a los ojos. Pasó de largo y segundos después volvió a presentarse y charlar. Resultó encantador y en un momento conquistó al grupo entero.
No, no os daré el gustazo de deciros que terminé en cualquier rincón comiéndole la boca, hoy no toca hablar de eso. Él se fue con sus amigos y yo con los míos; pero esa mirada se me ha quedado grabada, eso y el escalofrío que sentí mientras hablaba con su cuerpo pegado al mío (es lo que tiene la música tan alta, que incita al roce). Era increíble, uno de esos tipos que se encuentran sólo muy de vez en cuando. Esos que te dejan durante días dándole vueltas a la cabeza con la idea de sí habrás hecho bien en dejarlo escapar (bueno, o con una sonrisa de oreja a oreja si has sucumbido a sus encantos).
Me di cuenta de lo sola que me siento, de las ganas que tengo de que me besen y abracen, y dejar de vivir recordando. Es muy duro estar así.
Invariablemente, en lo primero que me fijo es en los ojos, la mirada es realmente importante para mí. No tanto el color como su intensidad. Esas miradas que parece que te taladran, que pueden llegar a tus más ocultos pensamientos, me vuelven loca. Más de una vez me han conquistado con la mirada. Unos ojos se clavan en los míos y en un momento ya no se a donde mirar, porque sólo puedo mirarlos a ellos. Un chico normal y corriente puede convertirse en el hombre más atractivo de la tierra si tiene esa mirada que yo busco.
Hacía mucho que mis ojos no se cruzaban con una mirada así, desde que ese maravilloso hombre de ojos azules que tan loca me vuelve se distanció de mí. El otro día encontré una mirada que no puedo quitarme de la cabeza. A él ya le había visto de lejos en otras ocasiones en un bar de copas que suelo frecuentar con mis amigas, pero nunca me había fijado en sus ojos. Azules, como no, pero no como los de mi amor, que son claros, muy claros; estos son de un azul intenso. No se como fue, pero cuando me di cuenta el pasaba junto a mí y los dos nos mirábamos fijamente a los ojos. Pasó de largo y segundos después volvió a presentarse y charlar. Resultó encantador y en un momento conquistó al grupo entero.
No, no os daré el gustazo de deciros que terminé en cualquier rincón comiéndole la boca, hoy no toca hablar de eso. Él se fue con sus amigos y yo con los míos; pero esa mirada se me ha quedado grabada, eso y el escalofrío que sentí mientras hablaba con su cuerpo pegado al mío (es lo que tiene la música tan alta, que incita al roce). Era increíble, uno de esos tipos que se encuentran sólo muy de vez en cuando. Esos que te dejan durante días dándole vueltas a la cabeza con la idea de sí habrás hecho bien en dejarlo escapar (bueno, o con una sonrisa de oreja a oreja si has sucumbido a sus encantos).
Me di cuenta de lo sola que me siento, de las ganas que tengo de que me besen y abracen, y dejar de vivir recordando. Es muy duro estar así.
Rememorando
Suena el timbre. Es él. Me trae los libros que le pedí. Abro la puerta y me quedo unos instantes observándole. Tiene unos ojos tan preciosos que te atrapan cada vez que te mira, aunque reconozco que paso más tiempo mirando su trasero porque es increíble lo bien que le sientan los vaqueros. Sonríe y levanta la mano enseñando los libros.
- Hola ¿Cómo estás? Aquí te traigo esto.
- Muchas gracias por molestarte. Pasa.
- Deberías salir a dar un paseo, hace muy buen día. El quedarte encerrada en casa no te va a ayudar.
- No me apetece, prefiero quedarme aquí. ¿Quieres un café?
- Sí, claro.
Voy a la cocina a poner la cafetera. Se queda en la puerta observándome de arriba abajo. Mientras saco las tazas y las cucharillas, se acerca hasta quedarse quieto tras de mí. Acerca su cabeza a mi oreja y me dice suavemente:
- Se me acaba de ocurrir una manera de subirte el ánimo.
Sus brazos rodean mi cintura. Mi cuerpo se tensa, no puede ser bueno desearle tanto.
- No sé que tienes que me pone tan cachonda.
No dice nada. Acaricia mis mejillas con sus labios. Sus manos suben buscando mis pechos. No puedo resistirme, sabe que es lo que me vuelve loca.
Me da la vuelta, me sienta sobre la encimera y me besa apasionadamente. Sus manos se cuelan por debajo de mi falda y me hacer arder. Desabrocho los botones de su pantalón, no puedo esperar, no quiero esperar más.
Hacemos el amor así, sin molestarnos en quitarnos la ropa, no hay tiempo para eso. Al terminar me dice jadeando:
- ¿Seguimos en la cama?
Ay madre... ¡cómo nos pone la primavera! Por cierto, muchas gracias a todos los que me habéis comentado ultimamente, me ha encantado leer vuestros comentarios. Pensaba explayarme un poquito más y deciros algo a cada uno pero tendré que dejarlo para otro momento porque en estos días tengo demasiado poco tiempo libre. De todos modos, gracias a todos.
- Hola ¿Cómo estás? Aquí te traigo esto.
- Muchas gracias por molestarte. Pasa.
- Deberías salir a dar un paseo, hace muy buen día. El quedarte encerrada en casa no te va a ayudar.
- No me apetece, prefiero quedarme aquí. ¿Quieres un café?
- Sí, claro.
Voy a la cocina a poner la cafetera. Se queda en la puerta observándome de arriba abajo. Mientras saco las tazas y las cucharillas, se acerca hasta quedarse quieto tras de mí. Acerca su cabeza a mi oreja y me dice suavemente:
- Se me acaba de ocurrir una manera de subirte el ánimo.
Sus brazos rodean mi cintura. Mi cuerpo se tensa, no puede ser bueno desearle tanto.
- No sé que tienes que me pone tan cachonda.
No dice nada. Acaricia mis mejillas con sus labios. Sus manos suben buscando mis pechos. No puedo resistirme, sabe que es lo que me vuelve loca.
Me da la vuelta, me sienta sobre la encimera y me besa apasionadamente. Sus manos se cuelan por debajo de mi falda y me hacer arder. Desabrocho los botones de su pantalón, no puedo esperar, no quiero esperar más.
Hacemos el amor así, sin molestarnos en quitarnos la ropa, no hay tiempo para eso. Al terminar me dice jadeando:
- ¿Seguimos en la cama?
Ay madre... ¡cómo nos pone la primavera! Por cierto, muchas gracias a todos los que me habéis comentado ultimamente, me ha encantado leer vuestros comentarios. Pensaba explayarme un poquito más y deciros algo a cada uno pero tendré que dejarlo para otro momento porque en estos días tengo demasiado poco tiempo libre. De todos modos, gracias a todos.