"/>
Blogs.ya.com Quitar publicidad
Gata Salvaje
Maullando sobre los tejados

Acerca de

Así soy yo, dulce como un gatito pero también sé sacar las uñas si la ocasión lo requiere. gatasalvaje_massassi@hotmail.com Contadores Web
contador de visitas

Sindicación

 
Salidas
Sales de mi vida igual que entraste, casi sin darme cuenta de lo que está pasando. La distancia podrá no ser un impedimento para otros, pero sí lo es para nosotros, más cuando ninguno tiene demasiadas oportunidades para ir a ver al otro. Tú no quieres dejar tu nueva ciudad, allí donde podrás alcanzar tus sueños; yo no pienso dejar Madrid, puesto que toda mi vida está aquí. Parece ser que a ninguno nos compensa lo suficiente esta relación, será que no nos queremos tanto como pensábamos.

Hubo un momento en que pensé dejarlo todo y correr detrás de ti, pero luego me dije que si tú has decidido irte, sabiendo que podría separarnos para siempre, ya habías tomado la decisión por mí. Tu futuro profesional vale para ti más que yo, así que voy a pensar de la misma manera. Aquí tengo mi carrera, mi familia, mis amigos y mis planes de futuro. Podría cambiar algunas de estas cosas por amor, pero no por el amor de alguien que no está dispuesto a hacer lo mismo por mí.

No sé si esto es lo correcto, sólo que estoy cansada de darlo todo por la gente y que ellos no den nada por mí. Ahora he decido pensar un poco más en mí misma, aunque no pienso dejar de quererte tan fácilmente. Tendré que aprender a vivir con eso, quererte pero no tenerte.

 
Pudo ser y no fue

“Días que no volverán,
flotando en el aire se van.
Pero hay ciertas que no cambiarán,
estarás en mí para siempre

Días que no volverán,
que ya no puedo olvidar.
El tiempo nos dejará una verdad:
estarás en mí para siempre.”


Hoy me he encontrado con Carlos en el messenger y no he sido capaz de dirigirle la palabra. Le conozco desde hace casi 8 años y el destino en este tiempo nos ha juntado y separado varias veces.
Verle ahí me ha hecho recordar aquellos días en los que jugábamos a no sé que juego. Ambos sentíamos algo el uno por el otro pero nunca pasó nada entre nosotros. Todos lo sabían, estaba claro que nuestro acercamiento no era simple amistad y daban por hecho que tarde o temprano acabaríamos juntos. Nunca pasó. Más de una vez he pensado en qué hubiera pasado si algún día nuestros labios se hubieran juntado. ¿Hubiese sido algo más que unos breves momentos de pasión?

Dicen que las únicas cosas de las que podemos arrepentirnos son las que no hemos hecho, y yo tantas veces me he arrepentido de no haberle besado cuando tuve la oportunidad… Le tuve tan cerca y tan lejos al mismo tiempo y tantas veces…

He cometido grandes errores en mi vida y él siempre ha estado ahí como espectador, observando, pero nunca ha dejado de estar a mi lado, nunca ha dejado de admirarme por muy mal que haya hecho las cosas. Eso me encanta de él, nunca juzgará negativamente a una persona por sus errores; en cambio, hay tantos que te crucifican por el simple hecho de equivocarte…; y me adora y me admira de tal manera que no importa nada de lo que diga o lo que haga, todo está bien. Es un cielo, tanto que ha conseguido llevarse estupendamente con mis parejas aunque estas conocieran nuestra historia y supieran que si un día se lo propusiera, podría haberme arrancado de sus brazos fácilmente.

En su momento, no supe si estaba enamorada de él o si era tan sólo una simple atracción. Alguien me dijo una vez, que sin duda era amor, que mi felicidad a su lado era tremenda y que siempre, cada x tiempo, acababa volviendo a preguntar por él, aunque existieran otros hombres a mi lado.
Sé que le amé, en ciertos momentos hubiera dejado todo por él, aunque fuéramos de mundos tan diferentes. Hoy por hoy, sé que sería algo imposible, que él nunca se adaptaría a mi ritmo de vida y que yo nunca podría estar mucho tiempo con alguien como él; pero siempre te queda la amargura de que en otra época pudo ser y no fue. Quien sabe, quizá si volviese a pasar cada día a su lado, la chispa saltaría de nuevo y él sería el único hombre de mi vida, o puede que ya todo esté muerto porque el tiempo lo cura todo y la última vez que hablamos no fue tan mágica como las anteriores. Quizá si hubiese estado junto a él, nunca hubiera aparecido en mi camino ese otro que no fue más que un espinita en mi vida. Quizá todo hubiese sido distinto.

Pero no, esto no es más que un momento de nostalgia, de recordar a ese ser tan especial, no pretendo que las cosas cambien pues soy feliz con lo que tengo. Nuestro tiempo pasó. Ya no hay nada entre nosotros y casi ni nos vemos. De vez en cuando quedamos para tomar algo y ponernos al día con nuestras vidas, pero ahora siempre estamos un poco distantes, la cercanía de antes se fue y parece que ambos luchamos por no dejar ni un resquicio abierto a que vuelvan los sentimientos, ya hemos perdido tiempo suficiente en juegos que no nos llevan a ningún lado.

Este es mi pequeño homenaje a alguien que me amó, aunque nunca me lo dijo; alguien a quien amé, aunque nunca lo reconociera.

Pudo ser y no fue.


 
Apetitos
He aquí una gata encerrada entre cuatro paredes, que anhela la libertad. Poder volver a las calles, a saltar entre los tejados y maullarle a la luna. ¿Me ayudáis a encontrar la llave de mi prisión?



Hay veces en que la pasión nos quema, en que no podemos dejar de desear a una persona, que nuestro pensamiento no pasa cinco minutos sin recordar su silueta. Su presencia nos hace arder, desear mil veces poseerla. Nos pasamos el día entre delirios febriles, más no tenemos ninguna enfermedad, es la lujuria que invade nuestro cuerpo.

Que dulce verla aparecer y acercarse a nosotros entre tanta gente, sentir su piel a escasos centímetros de la nuestra, que su exquisito aroma invada nuestros pulmones, apreciar el calor que despide su ser. Clavar nuestros ojos en los suyos, disfrutar de las sonrisas cómplices; reír, bromear, dejándonos arder un poco más con la agonía de la espera.

Esa dulce agonía… tenerla tan cerca pero no poder comerla aún…

Pero el mayor éxtasis se alcanza cuando por fin llega el momento de poseerla. De explorar todo su cuerpo con nuestras manos y nuestra boca. Cuando ya nada nos ata y sabemos que su deseo es igual de intenso que el nuestro. Entonces explotamos en un mar de deseo, nos amamos hasta no poder más, hasta eliminar de nuestro cuerpo todo recuerdo de la agonía vivida. Entonces viene la calma, esos momentos en que el mundo es un remanso de paz y nosotros no podemos ser más felices. Nos atrapa la ternura y gozamos de la sensación del apetito saciado.

Dulce locura la de la pasión.

Etiquetas: