Cerrar los ojos es no tener nada, abrir los ojos es tenerlo todo
- ¿Cómo es que eres tan rico, más rico que todos los millonarios, ya que lo posees todo, todo, todo?
- No es la posesión de la riqueza como se entiende… - explicó aquél.
El Papa interrumpió:
- Me llamo Juan…
- No soy rico, rico porque poseo, rico en el sentido que se da a esa palabra comúnmente, tampoco propietario, dicho con medida de concepto tribal de ser dueño de propiedades medidas por metros o hectáreas; mi riqueza es otra, mi manera de ser propietario también es otra…
- ¿Cuál…? – frunció el ceño el Papa Juan.
- Todo hombre, Santidad, es propietario de todo, todo, todo, pero se cohíbe, se contiene y no lo dice. Mi riqueza, mi poseerlo todo, consiste en eso, en salir en las noches estrelladas, alzar los ojos al cielo, y sentirme dueño de cuanto mis ojos abarcan…
- ¿Es una ficción…?
- Toda riqueza es una ficción…
- Curiosa y sabia manera de pensar… - acotó el Papa.
- A nadie, Santidad, le enseño nada, si digo que el hombre es dueño de todo lo que le rodea, de todo lo que ve, oye, palpa, siente, huele, saborea…
- Mientras no haya otro que venga y le diga: “Esto que dices que es tuyo, es mío, porqué lo heredé, lo compré, me lo regalaron…”.
- Sí, sí, en ese caso aparece el propietario, el cual, sin embargo, muy propietario será, pero no puede privarme de ver lo que dice que es de él, de gozar la visión de sus campos, de sus palacios o mansiones, si las tiene, ni tampoco puede privarme de sentirme dueño ficticio de todo aquello, de todo lo que entra por mis sentidos, y se integra a mi persona como parte mía, como parte del universo en que estoy…
- Un concepto de propiedad divina… poseer el mundo como tú lo posees… - dijo el Papa Juan.
- Verdad, Santidad, que es hermoso poseer así… todo lo tenemos todo, si lo podemos gozar con los sentidos… Quién me quita que ese barco de lujo que ahora parte del puerto, las velas hinchadas de viento, no es mío, si al verlo lo hago mío, lo siento mío, lo proclamo mío…
- Así nada hay del prójimo – sonrió el Papa Juan-, ni la mujer…
- Otra ficción. Las mujeres bellas son de todos las que las miran, les hablan, les dan la mano. Solamente las mujeres feas no pertenecen a nadie…
- Qué crueldad… - rechazó el Pontífice aquella peregrina y falsa conclusión de un mundano cualquiera.
- Disolver la propiedad en la de creer todos que todo nos pertenece, y la riqueza privada en el sentirnos dueños de cuanto nos rodea…
- No es la posesión de la riqueza como se entiende… - explicó aquél.
El Papa interrumpió:
- Me llamo Juan…
- No soy rico, rico porque poseo, rico en el sentido que se da a esa palabra comúnmente, tampoco propietario, dicho con medida de concepto tribal de ser dueño de propiedades medidas por metros o hectáreas; mi riqueza es otra, mi manera de ser propietario también es otra…
- ¿Cuál…? – frunció el ceño el Papa Juan.
- Todo hombre, Santidad, es propietario de todo, todo, todo, pero se cohíbe, se contiene y no lo dice. Mi riqueza, mi poseerlo todo, consiste en eso, en salir en las noches estrelladas, alzar los ojos al cielo, y sentirme dueño de cuanto mis ojos abarcan…
- ¿Es una ficción…?
- Toda riqueza es una ficción…
- Curiosa y sabia manera de pensar… - acotó el Papa.
- A nadie, Santidad, le enseño nada, si digo que el hombre es dueño de todo lo que le rodea, de todo lo que ve, oye, palpa, siente, huele, saborea…
- Mientras no haya otro que venga y le diga: “Esto que dices que es tuyo, es mío, porqué lo heredé, lo compré, me lo regalaron…”.
- Sí, sí, en ese caso aparece el propietario, el cual, sin embargo, muy propietario será, pero no puede privarme de ver lo que dice que es de él, de gozar la visión de sus campos, de sus palacios o mansiones, si las tiene, ni tampoco puede privarme de sentirme dueño ficticio de todo aquello, de todo lo que entra por mis sentidos, y se integra a mi persona como parte mía, como parte del universo en que estoy…
- Un concepto de propiedad divina… poseer el mundo como tú lo posees… - dijo el Papa Juan.
- Verdad, Santidad, que es hermoso poseer así… todo lo tenemos todo, si lo podemos gozar con los sentidos… Quién me quita que ese barco de lujo que ahora parte del puerto, las velas hinchadas de viento, no es mío, si al verlo lo hago mío, lo siento mío, lo proclamo mío…
- Así nada hay del prójimo – sonrió el Papa Juan-, ni la mujer…
- Otra ficción. Las mujeres bellas son de todos las que las miran, les hablan, les dan la mano. Solamente las mujeres feas no pertenecen a nadie…
- Qué crueldad… - rechazó el Pontífice aquella peregrina y falsa conclusión de un mundano cualquiera.
- Disolver la propiedad en la de creer todos que todo nos pertenece, y la riqueza privada en el sentirnos dueños de cuanto nos rodea…
El hombre que lo tenía todo todo todo
Miguel Ángel Asturias
Paula
Claudia me pregunta sobre mis experiencias sexuales. En los inicios de este blog le dediqué un post por lo curioso de su caso que se puede resumir en que, a sus 25 años, continúa virgen y es de las que tiene la estúpida idea de que el sexo no es más que una mera forma de complacer a los hombres. ¿Y qué quiere que diga? No sé como tratar con ella. Si le muestras la realidad tal cual es lo más fácil es herirla, porque hablar con ella sobre estos temas es como hacerlo con una niña de 12 años. Cree que un buen día conocerá a un príncipe azul que será perfecto en todos los sentidos y que la amará por encima de todo, tanto que no necesitará acostarse con ella pues todos sabemos (léase con marcada ironía) que los grandes amantes de la historia no necesitan más que mirarse a los ojos para satisfacerse. El sexo es algo sucio y yo voy a ir al infierno de cabeza.
Pregunta por mi primera vez. Dios, no quiero hablar de eso. Ha habido tantas experiencias mil veces mejores que esa… pero si ni él ni yo teníamos ni puñetera idea de que hacer y la situación fue más cómica que otra cosa. Eso a ella no le vale, la primera vez han de saltar fuegos artificiales y tienes que recordarla con tiernos suspiros cada vez que pienses en ella (¿Aunque terminases odiando al que la compartió contigo?).
Todavía me río cuando recuerdo el día en el que supo que llevaba unos cuantos fines de semana quedándome a dormir en casa de Víctor y me dijo: “Pero… ¿lo has hecho con él?”. Mientras me moría de risa por dentro le dije muy sería “Que va, él me respeta. Sólo dormimos”. Lo peor es que se lo tomó en serio y se lo soltó a otra amiga mientras tomaban una copa. Ella no fue tan sutil como yo y creo que todavía resuena el eco de sus carcajadas en el garito en cuestión.
De nada sirve decirle que el sexo es algo maravilloso con lo que puedes disfrutar como una loca y no algo sucio que haya que ocultar. Que no existe el príncipe azul porque todos los hombres (al igual que todas las mujeres) tienen defectos, pero que cuando amas a alguien te conquistan todas sus caras. Que no puedes pedirle a nadie que lo de todo por ti y que su vida gire en torno a tu sonrisa, porque todos debemos mantener nuestra parcela de independencia y no podemos ver hundidas nuestras vidas por perder a alguien.
Supongo que todas esas cosas tendrá que aprenderlas sobre la marcha como nos ha pasado a todos, pero cuando la miro no me puedo creer que una mujer de su edad y con su nivel de educación pueda pensar de esa manera.
Pregunta por mi primera vez. Dios, no quiero hablar de eso. Ha habido tantas experiencias mil veces mejores que esa… pero si ni él ni yo teníamos ni puñetera idea de que hacer y la situación fue más cómica que otra cosa. Eso a ella no le vale, la primera vez han de saltar fuegos artificiales y tienes que recordarla con tiernos suspiros cada vez que pienses en ella (¿Aunque terminases odiando al que la compartió contigo?).
Todavía me río cuando recuerdo el día en el que supo que llevaba unos cuantos fines de semana quedándome a dormir en casa de Víctor y me dijo: “Pero… ¿lo has hecho con él?”. Mientras me moría de risa por dentro le dije muy sería “Que va, él me respeta. Sólo dormimos”. Lo peor es que se lo tomó en serio y se lo soltó a otra amiga mientras tomaban una copa. Ella no fue tan sutil como yo y creo que todavía resuena el eco de sus carcajadas en el garito en cuestión.
De nada sirve decirle que el sexo es algo maravilloso con lo que puedes disfrutar como una loca y no algo sucio que haya que ocultar. Que no existe el príncipe azul porque todos los hombres (al igual que todas las mujeres) tienen defectos, pero que cuando amas a alguien te conquistan todas sus caras. Que no puedes pedirle a nadie que lo de todo por ti y que su vida gire en torno a tu sonrisa, porque todos debemos mantener nuestra parcela de independencia y no podemos ver hundidas nuestras vidas por perder a alguien.
Supongo que todas esas cosas tendrá que aprenderlas sobre la marcha como nos ha pasado a todos, pero cuando la miro no me puedo creer que una mujer de su edad y con su nivel de educación pueda pensar de esa manera.
Perdiendo
Con el paso de los años salen y entran muchas personas de tu vida, es un proceso normal pero estoy empezando a preocuparme porque en los últimos años han salido de mi vida demasiadas personas y han entrado en ella muy pocas.
Nunca he sido de grandes grupos, siempre he formado parte de pequeños grupos de amigos, algo que en su momento parecía muy positivo, pues todos éramos muy amigos de todos pero, que al pasar el tiempo e ir saliendo personas de él, empieza a dejar traslucir un problema: las pérdidas se notan mucho más que en grupos grandes.
En los últimos años de instituto, formamos un grupo de 5 chicas que siempre salíamos juntas. El resto de amigos se fueron perdiendo al terminar el bachillerato y cada uno seguir caminos separados. Al cabo de un año el grupo empezó a escindirse.
Laura fue la primera en desaparecer. Empezó a salir con un chico que había conocido en internet. Se pasaba el santo día con él. Empezamos a verla cada vez menos, por mucho que la llamaras siempre tenía algo que hacer con él; así que poco a poco se fueron espaciando las llamadas, hasta que no volvimos a saber nada de ella.
Un par de años después le tocó el turno a Clara. Se puso a salir con un chico que había conocido años atrás en el instituto y, bueno, la historia se repite. En este caso no ha desaparecido completamente, aunque sólo nos vemos tres o cuatro veces al año y hemos perdido la confianza que tuvimos tiempo atrás.
De mi larga relación anterior no me ha quedado ningún amigo, puesto que a todos les pareció muy mal que dejase de querer a ese chico tan “maravilloso” que estaba tan loco por mí, y con sus amigos nunca me llevé muy bien. Así que, cuando empecé a salir con Víctor quedábamos tres. Él no tiene muchas amistades en Madrid, puesto que ha pasado poco tiempo aquí; todas están en Argentina, su país de origen. Sólo he conocido a dos amigos suyos, y ambos se han largado a otra ciudad. Él también, así que volvemos a quedarnos en tres.
Ahora le ha tocado el turno a Paula. La diferencia con las veces anteriores es que esta vez no ha sido porque un hombre se haya metido entre nosotras, de hecho, no sé muy bien por qué ha pasado. Con el paso de los meses nos hemos ido alejando, cada vez sale menos, no llama y las dos que quedamos, Marta y yo, cada vez tenemos menos ganas de seguir llamando cuando siempre tiene alguna excusa para no vernos. Así que, así estamos. Cuando Marta tiene algún problema, sabe que sólo yo contestaré a su llamada, sólo yo estaré allí para apoyarla. Cuando estoy triste porque mi amor está lejos, sólo ella estará a mi lado. El resto no son más que números de teléfono en una agenda que sólo sirven para tomar un café de vez en cuando o salir una noche de fiesta. Si no se preocupan en llamar para ver que tal estás, mucho menos van a perder el tiempo en escucharte.
Estoy empezando a pensar que Víctor tiene razón cuando dice que aquí en España cada uno va a su bola y nadie se quiere implicar con nadie. Habrá de todo, pero en Madrid parece que cada vez nos vamos imbuyendo más de ese espíritu de la gran ciudad en que todo son prisas y no hay tiempo para nada. Nos preocupamos por nosotros mismos y no nos molestamos en mantener las relaciones cuando su mantenimiento implica algún pequeño esfuerzo. Es mucho más fácil perder a gente con la que has pasado miles de cosas, que molestarte en buscar un hueco en tu agenda para pasar un día a su lado.
"Todo el mundo quiere tener un amigo, pero nadie se toma la molestia de convertirse en uno".
Nunca he sido de grandes grupos, siempre he formado parte de pequeños grupos de amigos, algo que en su momento parecía muy positivo, pues todos éramos muy amigos de todos pero, que al pasar el tiempo e ir saliendo personas de él, empieza a dejar traslucir un problema: las pérdidas se notan mucho más que en grupos grandes.
En los últimos años de instituto, formamos un grupo de 5 chicas que siempre salíamos juntas. El resto de amigos se fueron perdiendo al terminar el bachillerato y cada uno seguir caminos separados. Al cabo de un año el grupo empezó a escindirse.
Laura fue la primera en desaparecer. Empezó a salir con un chico que había conocido en internet. Se pasaba el santo día con él. Empezamos a verla cada vez menos, por mucho que la llamaras siempre tenía algo que hacer con él; así que poco a poco se fueron espaciando las llamadas, hasta que no volvimos a saber nada de ella.
Un par de años después le tocó el turno a Clara. Se puso a salir con un chico que había conocido años atrás en el instituto y, bueno, la historia se repite. En este caso no ha desaparecido completamente, aunque sólo nos vemos tres o cuatro veces al año y hemos perdido la confianza que tuvimos tiempo atrás.
De mi larga relación anterior no me ha quedado ningún amigo, puesto que a todos les pareció muy mal que dejase de querer a ese chico tan “maravilloso” que estaba tan loco por mí, y con sus amigos nunca me llevé muy bien. Así que, cuando empecé a salir con Víctor quedábamos tres. Él no tiene muchas amistades en Madrid, puesto que ha pasado poco tiempo aquí; todas están en Argentina, su país de origen. Sólo he conocido a dos amigos suyos, y ambos se han largado a otra ciudad. Él también, así que volvemos a quedarnos en tres.
Ahora le ha tocado el turno a Paula. La diferencia con las veces anteriores es que esta vez no ha sido porque un hombre se haya metido entre nosotras, de hecho, no sé muy bien por qué ha pasado. Con el paso de los meses nos hemos ido alejando, cada vez sale menos, no llama y las dos que quedamos, Marta y yo, cada vez tenemos menos ganas de seguir llamando cuando siempre tiene alguna excusa para no vernos. Así que, así estamos. Cuando Marta tiene algún problema, sabe que sólo yo contestaré a su llamada, sólo yo estaré allí para apoyarla. Cuando estoy triste porque mi amor está lejos, sólo ella estará a mi lado. El resto no son más que números de teléfono en una agenda que sólo sirven para tomar un café de vez en cuando o salir una noche de fiesta. Si no se preocupan en llamar para ver que tal estás, mucho menos van a perder el tiempo en escucharte.
Estoy empezando a pensar que Víctor tiene razón cuando dice que aquí en España cada uno va a su bola y nadie se quiere implicar con nadie. Habrá de todo, pero en Madrid parece que cada vez nos vamos imbuyendo más de ese espíritu de la gran ciudad en que todo son prisas y no hay tiempo para nada. Nos preocupamos por nosotros mismos y no nos molestamos en mantener las relaciones cuando su mantenimiento implica algún pequeño esfuerzo. Es mucho más fácil perder a gente con la que has pasado miles de cosas, que molestarte en buscar un hueco en tu agenda para pasar un día a su lado.
"Todo el mundo quiere tener un amigo, pero nadie se toma la molestia de convertirse en uno".





