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Gata Salvaje
Maullando sobre los tejados

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Así soy yo, dulce como un gatito pero también sé sacar las uñas si la ocasión lo requiere. gatasalvaje_massassi@hotmail.com Contadores Web
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Atrévete
No sé por qué las mujeres se traen tantos problemas a la hora de comprender a los hombres. Como dice un amigo mío, son tan sencillos como una línea recta.
Te fijas en las parejas y ves discusiones que no tienen fundamento ninguno. Los hombres son como son y eso repatea a las mujeres. Bueno, más bien no comprenden su simpleza y le intentan buscar las vueltas a algo que no las tiene. Nosotras somos retorcidas, así que ellos también deben serlo.

Hace tiempo una compañera me contaba que estaba muy contrariada con un amigo suyo porque le había dado por tirarle cada día los trastos a una chica distinta del grupo y se preguntaban quien sería realmente la que le gustaba. Yo dije que la cosa era muy sencilla, simplemente querría echar un polvo y como una le daba calabazas probaba con la siguiente. Pues nada, que no podía ser así de simple la cosa.

No entiendo la cantidad de veces que alguna amiga o conocida se come la cabeza porque fulano no le contesta las llamadas o le da largas para quedar. Creo que queda bastante claro que no hay un interés por su parte. Si le interesas te llamará y encontrará un hueco para verte. Si ves dejadez por su parte, por algo será, no hace falta hacer un mundo de eso y pasarse horas comiéndose la cabeza.


Dicen que en muchos aspectos tengo la misma forma de pensar que los hombres. Quizá por eso siempre me he llevado mejor con ellos que con las mujeres y ha sido a estos a los que confesado mi verdadera forma de pensar y de sentir. Incluso mis amigas más íntimas, hay parcelas de mí que no conocen y que en cambio mis amigos si han llegado a conocer.

Todo esto me resulta positivo a la hora de tener una relación porque creo que soy una mujer con la que es fácil sentirse a gusto. Nunca haré las típicas preguntas como: ¿me quieres?, ¿piensas en mí? o ¿qué tal estoy? Pienso que denotan bastante inseguridad; además, las palabras bonitas como “te quiero” o “eres preciosa”, dejan de ser bonitas si no se dicen de forma espontánea.

Algo que me repatea es el que todavía haya tantísimas mujeres que consideren que son los hombres los que tienen que tomar la iniciativa. Si te interesa alguno, ¿por qué no ir a por él? Si te quedas en un rincón lanzándole miraditas a la espera de que se de por aludido y decida venir a por ti, igual terminas como llegaste: sola.

Esto me recuerda a una amiga que estaba deseando meterse en la cama con cierto individuo pero que decía que él no se daba por aludido. Quedaban, se daban cuatro besos, y se volvía a casa con un calentón mayor que el que tenía al principio. No hacía ni le decía nada porque tenía miedo de que pensase que era una guarra porque ¡tiene que ser él quien diga que quiere echar un polvo! Pues nada, así le fue…

Hace tiempo que dejó de importarme lo que la gente pensase de mí. Actúo como siento que debo hacerlo en cada momento, sin pararme a pensar demasiado las cosas. Como se suele decir, prefiero arrepentirme de algo que he hecho que no de algo que dejé por hacer.
En el pasado hubo muchas cosas que no hice y llevo la espinita de no haberlas llevado a cabo. Nunca más. La vida es demasiado corta como para ir perdiendo oportunidades.

 
Mírame y tócame
Hace unos días escuché una voz como la tuya y mi mundo se vio trastocado de nuevo con tu recuerdo (debo de tener algún tipo de imán que atrae a los argentinos…).

Hoy he soñado que estaba de nuevo junto a ti. Volvíamos a despertar juntos, volvían esos días que comenzaban con una sonrisa y estaban plagados de caricias. Que dulce sueño. Volver a tenerte sólo para mí, pasar las horas muertas entre tus brazos y saber que no importa lo mal que haya ido el día, porque tú vas a estar ahí para transformarlo.

La realidad es muy distinta pues nuestras obligaciones nos alejan cada día más, pero es bonito saber que a pesar de todo sigues pensando en mí y que te mueres de celos ante la idea de que cualquier otro pueda tocarme. Que te hierve la sangre al pensar que cuando tardo en coger el teléfono puede ser porque haya otro a mi lado. Alguien a quien dedicaría todas esas caricias y palabras susurradas al oído que tanto te excitaban, que conocería mi forma de besar y de hacer el amor.

Sé que no tengo por qué seguir aguardándote. Ya nada me impide perderme en otro cuerpo.
Mentiría si dijera que no deseo a otros hombres. Es más, últimamente se están cruzando demasiados tipos interesantes en mi camino. Puedo dejar que me abracen o que me besen, pero no soy capaz de meterme en la cama con alguien que no seas tú, todavía te quiero demasiado.


Y mírame, no dejes de mirarme, mírame
no dejes de tocarme, tócame
no me dejes que despierte de este sueño,
aunque todo sea mentira.

Antonio Orozco



 
De vuelta
Me gustaría decir que este largo mes de ausencia lo he pasado en alguna playa paradisíaca bebiendo daiquiris y rodeada de morenazos de cuerpos esculturales, pero no, en realidad sólo he estado una semana de viaje y en un destino mucho más cercano. El resto del tiempo lo he pasado en Madrid, descansando mucho, estudiando bastante menos y con mi grado de holgazanería demasiado alto como para escribir algo.

¿Qué hay de nuevo? Poca cosa, casi todo ha quedado aplazado hasta septiembre. Víctor sigue ahí, tan lejos y a la vez tan cerca, convirtiéndose en eso que quiero y no puedo tener.

Alguien nuevo ha aparecido en mi vida, Roberto, un pobre muchacho que lleva todo el verano intentando hacerse un hueco en mi corazón y al que le está costando demasiado. En un momento dado se ilusiona porque pasamos un día estupendo juntos, pero al poco cae en la cuenta de que hay alguien que hace tiempo robó mi corazón y que no me lo quiere devolver. Entonces le embarga la tristeza y yo me siento mal al ver que poco a poco se va enamorando de mí y no soy capaz de corresponderle. Es un hombre maravilloso, lo paso estupendamente a su lado, pero no puedo olvidarme de Víctor.
He intentado hacerle entender que no puedo darle más de lo que le estoy dando, al menos de momento, pero el no quiere resignarse a eso. Se esfuerza por hacer que cada rato juntos sea perfecto. Dice que intenta enamorarme y hacerme olvidar todo y yo me dejo querer. La verdad es que sería estupendo amarle y dejar que me cuide un poco, echo tanto de menos que alguien me de su cariño… pero el corazón es quien decide.