Un hombre al que desear...
Vas por la vida tan tranquila y de pronto se te cruza alguien que hace que todo de un vuelco. Eso me pasó con él; quizá no la primera vez que le vi pero si la primera vez que le miré con verdadero interés.
Cuesta mirarle a los ojos porque no puedo evitar sonreír como una boba y acabar desviando la mirada a cualquier otro lugar.
Nunca he tenido una gran conversación con él, la verdad es que hemos cruzado pocas palabras y no sé casi nada de su vida, pero tiene algo que me vuelve loca, aunque no sé exactamente que es. Quizá es su mirada o la forma en la que habla, como si cada palabra que pronuncia estuviese pesada y meditada. Es una de esas personas que te produce un largo escalofrío con sólo tocarte. No sé muy bien cual es su opinión sobre mí pero seguro que sería distinta, para bien o para mal, si supiera las vueltas que da en mi cabeza y las veces en que me lo imagino rodeándome con sus brazos o, dejando a un lado romanticismos, retozando desnudo conmigo.
Y casi es mejor prescindir del romanticismo aunque yo siempre doy un halo de él a todos mis asuntos, quizá por vergüenza a reconocer que lo que me une a una persona es sólo pasión animal. Es así, no le veo como el hombre de mi vida, ni fantaseo con pasear cogida de su mano; nada de eso. No es amor lo que me hace sentir ni me cuesta mirarle a los ojos porque sea una loca enamorada. Lo que saca de mí es deseo y pasión y no soy capaz de sostener su mirada porque no puedo evitar imaginármele escaso de ropa y haciéndome gozar.
Siempre me las he dado de mujer liberal, pero en este caso no puedo evitar sentirme algo avergonzada por las visiones que creo en mi cabeza. Sé perfectamente que no hay nada de malo en desear a alguien de esta manera, que es normal que me pase pero, no sé por qué, me empeño en ocultarlo. Puede que sea porque es una persona de la que nadie se imaginaría que yo pudiera sentir algo así, creo que ni el mismo puede imaginarlo. Este carácter “prohibido” de mis sentimientos, oculto a los ojos de todos, lo hace aún más excitante porque puedo estar a su lado alelada pensando en su cuerpo mientras el resto del mundo es totalmente ajeno a ello. Pero es duro saber que esto se queda aquí, que no va a llegar a más. Somos tan diferentes… Nunca le diría lo que siento porque la maraña de relaciones en la que estamos incluidos no cuenta con esto; sería algo demasiado imprevisible y que haría a más de uno volverse en mi contra. Es la típica cosa para la que el mundo no está preparado porque, por mucho de que se las den de liberales sé que esto no lo aguantarían, no se dan cuenta ni ellos de las mentes tan arcaicas que poseen.
En esta vida todavía es difícil ser una mujer libre, que no tiene miedo de expresar sus deseos, sin que se te eche una bandada de cuervos encima. Así que, así seguiré, deseándole cada vez que le recuerdo, cada vez que le veo; evitando sus ojos cuando me siguen, su sonrisa, su voz… muriéndome de ganas de tenerle; mientras él mata el tiempo con otra y yo paso mis días junto a un hombre que no deseo, pues sus manos no son las suyas, sus ojos no son difíciles de mirar y su voz carece de esa sensualidad que en él te envuelve.
Cuesta mirarle a los ojos porque no puedo evitar sonreír como una boba y acabar desviando la mirada a cualquier otro lugar.
Nunca he tenido una gran conversación con él, la verdad es que hemos cruzado pocas palabras y no sé casi nada de su vida, pero tiene algo que me vuelve loca, aunque no sé exactamente que es. Quizá es su mirada o la forma en la que habla, como si cada palabra que pronuncia estuviese pesada y meditada. Es una de esas personas que te produce un largo escalofrío con sólo tocarte. No sé muy bien cual es su opinión sobre mí pero seguro que sería distinta, para bien o para mal, si supiera las vueltas que da en mi cabeza y las veces en que me lo imagino rodeándome con sus brazos o, dejando a un lado romanticismos, retozando desnudo conmigo.
Y casi es mejor prescindir del romanticismo aunque yo siempre doy un halo de él a todos mis asuntos, quizá por vergüenza a reconocer que lo que me une a una persona es sólo pasión animal. Es así, no le veo como el hombre de mi vida, ni fantaseo con pasear cogida de su mano; nada de eso. No es amor lo que me hace sentir ni me cuesta mirarle a los ojos porque sea una loca enamorada. Lo que saca de mí es deseo y pasión y no soy capaz de sostener su mirada porque no puedo evitar imaginármele escaso de ropa y haciéndome gozar.
Siempre me las he dado de mujer liberal, pero en este caso no puedo evitar sentirme algo avergonzada por las visiones que creo en mi cabeza. Sé perfectamente que no hay nada de malo en desear a alguien de esta manera, que es normal que me pase pero, no sé por qué, me empeño en ocultarlo. Puede que sea porque es una persona de la que nadie se imaginaría que yo pudiera sentir algo así, creo que ni el mismo puede imaginarlo. Este carácter “prohibido” de mis sentimientos, oculto a los ojos de todos, lo hace aún más excitante porque puedo estar a su lado alelada pensando en su cuerpo mientras el resto del mundo es totalmente ajeno a ello. Pero es duro saber que esto se queda aquí, que no va a llegar a más. Somos tan diferentes… Nunca le diría lo que siento porque la maraña de relaciones en la que estamos incluidos no cuenta con esto; sería algo demasiado imprevisible y que haría a más de uno volverse en mi contra. Es la típica cosa para la que el mundo no está preparado porque, por mucho de que se las den de liberales sé que esto no lo aguantarían, no se dan cuenta ni ellos de las mentes tan arcaicas que poseen.
En esta vida todavía es difícil ser una mujer libre, que no tiene miedo de expresar sus deseos, sin que se te eche una bandada de cuervos encima. Así que, así seguiré, deseándole cada vez que le recuerdo, cada vez que le veo; evitando sus ojos cuando me siguen, su sonrisa, su voz… muriéndome de ganas de tenerle; mientras él mata el tiempo con otra y yo paso mis días junto a un hombre que no deseo, pues sus manos no son las suyas, sus ojos no son difíciles de mirar y su voz carece de esa sensualidad que en él te envuelve.





